El tercer tiempo

Simon Kuper, autor de los recomendables “Fútbol contra el enemigo” y “Soccernomics” y, dicho sea de paso, nada sospechoso de filias bolcheviques, cuenta en este último libro cómo un estudio realizado en Estados Unidos desmontó el mito de que las grandes infraestructuras, como modernos estadios de fútbol por ejemplo, generan riqueza para la ciudadanía.

Básicamente, y si la memoria no nos falla, compararon ciudades con relucientes y espectaculares y megalómanas edificaciones modernas con aquellas que no habían optado por ese medio de “crecimiento”. El resultado es que no había diferencia entre el nivel de vida e ingresos del ciudadano de una urbe y el de la otra. Vamos, que el currela de Villarriba (o Bilbo) vive igual de puteado (o ingenuamente feliz, quién sabe) que el de Villabajo (Iruñea o Baiona). Moraleja: alguien se lo está llevando crudo.

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Sin embargo, el mantra neoliberal nos vende todo lo contrario. El turismo, el BBK Live, el BEC, competiciones de basket, la Eurocopa o la final de la copa del rey que vendrán, o esta última semana las finales de rugby, generan empleo, riqueza y una lluvia dorada de euros. Supuestamente, pues la realidad es que sigue habiendo mucho paro, precariedad y mileurismo. Y, nosotros, bella gente con mundo y don de gentes, aún no conocemos a ningún vecino, familiar, amigo o colega que se haya enriquecido con este modelo de negocio. Será que no emprendemos, claro.

Por tanto, el supuesto impacto económico, ese que se cuenta por millones, va a parar básicamente a bolsillos privados: constructores, grandes cadenas hoteleras, touroperadores, etc..  Las cifras, como los 100.000 visitantes que iban a visitar Bilbo este finde a cuenta del rugby, se construyen con la misma fiabilidad científica con la que uno airea sus fobias futbolísticas en la barra del bar. Después, los medios amigos, sean públicos como ETB o subvencionados bajo diversas formulas como El Correo (delirante que reciban más pasta que Argia o Berria por apoyar el euskera) o Deia, airean convenientemente números y jalean este tipo de saraos. Así se construye ideología, entendida en su sentido marxista peyorativo: se crea una falsa conciencia de la realidad. Sustentada, además, en el fetichismo de la mercancía (maldito barbudo jodenegocios). El turista o el local, da igual, contempla San Mamés o la competición de turno sin pararse a pensar qué ocurre detrás del decorado, quién mueve los hilos y quién organiza tamaños tinglados (perdón, pone a Bilbao en el mapa) para enriquecerse. El deporte se la suda; eso al menos debería estar claro a estas alturas.

No parece que fueran 100.000 los visitantes, ni de lejos, y en parte porque, gracias al glorioso libre mercado, muchos hoteles incrementaron escandalosamente sus tarifas, al punto de que más de un aficionado se haya quejado públicamente al respecto. “Santander is cheaper!”, clamaba un hincha en ETB. El impacto y el recorrido del turista, por tanto, el mismo de siempre: avión, hospedaje para un día o dos, entrada (San Mamés medio vacío el viernes), potes y compras en Casco Viejo, Gran Vía e Indautxu.

Esta es la Euskal Herria de hoy, la nación foral del siglo XXI con cohabitación blablablá, la Euskadi del capital y del autodenominado “the one and only” lehendakari. Donde, por ceñirnos a esta última semana, pedir pensiones de 1.080 euros es una quimera, una utopía delirante más propia de extemporáneos tipo no ya Marx sino Olaf Palme (pronto nos recordarán cómo acabó, como hiciera el pepero aquél sacando a colación a Companys), pero hay cientos de millones para hacer tuneles que unan Getxo con Portu. Mejorar la calidad de vida de pensionistas, no. Engordar los bolsillos de constructores que a lo mejor hacen donaciones opacas al Partido, so excusa de aliviar atascos, sí. Y ya se verá si los currelas son portugueses con convenio de acullá, como en San Mamés, o apretamos más al obrero local y quedamos guay, eso es lo de menos. Porque la política es cuestión de prioridades. Mientras, la Supersur, nuestro aeropuerto de Castellón, muerto de risa. Y la industria, menguando más y más. Pero de eso ETB tiene a bien no hablarnos: ensuciarían el decorado y el relato que nos han cocinado.Están ocupadísimos hablando del tiempo (nieve en enero, ¡notición!, cobertura de 15 minutos), del turismo bilbodonostiarra y del mal olor que dejan las basuras (ups, esto ya no es problema).

Euskadi. Ven y cuéntalo.

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