Neutralidad política y la batalla por el relato

El tuit del Athletic apoyando la iniciativa de Gure Esku Dago ha hecho tanta pupa que la fachenda ha saltado inmediatamente a pontificar sobre una quimérica neutralidad y apoliticismo (“haga como yo, no se meta en política”, aconsejó Franco), como si esto fuera siquiera posible. Almas de cántaro, si una situación es tachada de política, como lo es el derecho a decidir (¡anatema!), lo contrario, guardar silencio, también es una opción igualmente política. Alzar la voz en cualquier situación es hacer política, tanto como dar la callada por respuesta o hacer el avestruz. A ver si con un ejemplo extremo: los ferroviarios de Auschwitz eran, bien por adhesión o bien por sumisión, cómplices del genocidio.

Entre todos los creadores de opinión, el último en hablar ha sido nuestro amigo Agiriano, el mismo que escribe en ese periódico que miente hasta en la edad (ay, aquellas portadas loando a Patascortas) y sigue mintiendo cuando informa sobre el Athletic. Ya lo dijo Bielsa: las cosas ocurren al revés de lo que cuenta El Correo. Aunque no hay que irse muy lejos para desacreditarles. Cuando el club, hará un mes, les descalificó públicamente por mentir a sabiendas sobre reuniones con Berizzo, el mismo gacetillero se hizo el indignado y reclamó para sí el derecho a poder meter la pata para luego echar bilis sobre Ibaigane. Enternecedor, si no fuera porque la resaca postelectoral les está durando demasiado.

Ciertamente, con Macua vivían mejor. Filtraciones a go-go, Rajoy posando en el palco y minuto de silencio para Isaías Carrasco. Esa era su normalidad “no política”, algo que les parecía estupendamente bien como se encarga de recalcar en su última columna. De hecho, se extraña porque Macua fuera acusado de politizar con el minuto de marrras. Ergo, aquel minuto de silencio no tenía nada de político, mientras que lo de Gure Esku sí. Sólo es político si no le gusta a Agiriano. 

Previamente en el mismo texto, nuestro plumilla favorito demuestra desconocer parte de la historia del Athletic o, simple y llanamente, deliberada maldad al omitir ciertos actos de notable importancia simbólica. Afirma Agiriano que:

El club, que curiosamente vivió sus últimos días de alegría deportiva a principios de los ochenta, cuando el terrorismo dejaba cien muertos al año, nunca se manifestaba. Empezó a hacerlo tímidamente, como quien comienza a dar pasos en un territorio oscuro e inexplorado, hace muy pocos años.

Ignora, pues, el papel del Athletic en la normalización de la ikurriña. Los minutos de silencio por Argala o la ikurriña con crespón negro por el asesinato de Santi Brouard. El hecho de que trabajadores en huelga, incluso con Periko Solabarria a la cabeza, se manifestaran en San Mamés. Que los jugadores se adhirieran a la huelga general por el asesinato de Josu Muguruza en 1989. (enlace a El País). Incluso su firme postura cuando ETA secuestró a Guzmán. Por no hablar de posteriores gestos. Todo esto no ocurrió para Agiriano. O amnesia o ganas de imponer su relato.

 no al cierre de euskalduna. 84

Será más bien lo último, el ansía de articular un relato ideológico y político, no se nos olvide, afín a quien le paga. De ahí que en la misma columna se ponga en plan místico y nos hable de la “unidad irrevocable” de la afición zurigorri. Para empezar, es difícil creer en algo así, y para seguir, si hay un punto de unión entre la afición, una idea que mayoritariamente nos une, es el hecho de jugar con jugadores nacidos o formados en las siete provincias de Euskal Herria (comprendemos que el término produzca desasosiego a más de un Agiriano de la vida, pero es lo que hay), al margen de las trampas al solitario de esta y precedentes juntas directivas.

Pues bien, es el mismo Agiriano, el mismo El Correo, quien trata de socavar dicha unidad defendiendo ampliar fronteras o, directamente, fichar extranjeros. Lo hacen de modo oportunista, en épocas de flaqueza como el bienio negro, o en función de la coyuntura informativa. El bombero pirómano: te incendia el club y luego acude cual salvador. No cuela, chavales.

Dicho lo cual, reiteramos que Ibaigane es un batzoki a las órdenes del PNV. Si se adhieren a Gure Esku Dago es por necesidad coyuntural tras el papelón jeltzale en Madrid bailando con el PP del 155. Su objetivo es vivir cómodos en España (Imaz dixit) y Gure Esku le vale para lavar la imagen de vez en cuando. Urkullu ya minimiza su efecto hablando de “gesto”. En medio, el Athletic, desde 1977 en manos de los mismos.

 

 

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