Elecciones a Ibaigane, política y periodistas

Twitter anda últimamente muy movidito alrededor de los posibles fichajes del Athletic. El verano se hace largo y tedioso, excepto para los periodistas vizcaínos que siguen las andanzas de su selección y que, soliviantados por un tuit de Beñat Zarrabeitia acerca de las elecciones, entraron al ruedo como buenos miuras que son. La cosa va de política, cómo no. El bueno de Beñat, que será de los pocos, o quizá el único periodista que no esconde sus ideas, tuvo a bien mezclar en un tuit la palabra Athletic y la izquierda abertzale. ¡Mec! Saltó el detector. Aquí el hilo en cuestión (enlace)

Resulta que vivimos en un territorio que, para bien o para mal, cuando uno asoma la patita, se le ve a kilómetros. Sea de la IA, del BizkaiTea Party o más cercanos a Génova o la Casa del Pueblo. Da igual, aquí casi todos sabemos de qué pie cojea cada uno con cruzar dos miradas y un par de frases casi sin margen de error. O leyendo sus artículos. Por eso sorprende la profunda hipocresía de algunos y sus cuñadeces derivadas. Zarrabeitia pretendía tener en cuenta, como puro ejercicio sociológico de cara a las elecciones, parte del electorado rojiblanco identificado en mayor o menor medida con las posiciones políticas de la IA, asumiendo que un papel decisivo de esta tendencia podría inclinar de un lado u otro la balanza electoral. Sin mucho más, era un tuit. Y aprovechando el guante lanzado y la polémica que suscitó, no estaría de más darle una vuelta desde nuestro punto de vista extendiéndonos un poco más.

El papel de la masa social abertzale y de izquierdas ha sido muy difuso tradicionalmente ante la abrumadora presencia del PNV y sus tentáculos o del poder negurítico. De caras conocidas dando apoyo explícito a algunas candidaturas a una oposición frontal pero minoritaria en la grada. Sea como sea, poca incidencia y nada organizado de manera vertical. Que no es malo, ya que nosotros entendemos que no hay necesidad de una tutela externa y partidista de cualquier sigla, por mucha capacidad de organización y canalización que pudiera ofrecer. Nosotros entendemos esa oposición como suma de gente con ideas comunes, de manera transversal, creando una corriente opositora independiente que no se convierta justamente en lo que detestamos. Todo ello agrupado en una idea fuerza que sería una especie de “sanktpaulinización” del club, democratización total, con el objetivo de tener un equipo profesional en la élite, como ahora, con líneas programáticas y éticas muy marcadas, teniendo en cuenta, evidentemente, que el terreno es totalmente diferente al de Hamburgo y las sensibilidades también.

Justo en contraposición al régimen actual, identificado claramente en dos vertientes: derecha nacionalista vasca (Urrutia y cía, con apoyos más o menos visibles de personas identificadas con la izquierda independentista por ser el mal menor), y derecha nacionalista española (con apoyo de ciertos sectores regionalistas peneuveros). En torno a esas dos corrientes burguesas, conservadoras y al servicio del poder se decanta la balanza, con el apoyo de los periodistas deportivos del club, según su adscripción ideológica o según los intereses que le marquen los grupos editoriales que les pagan el salario. Son mercenarios del poder, y escriben al cobijo del árbol que más sombra les ofrece. Así que, queridos Jon Rivas, Agiriano, JOL, Nika Cuenca y demás acólitos, un supuesto apoliticismo como contrapeso a una hipotética movilización de la IA, no cuela. Aquí todo el mundo toma partido, y el que no lo hace, de facto, cae del lado del poder, es decir, del capitalismo y de la derecha, dueños de la provincia, el partido, los medios y el club. Con ello no pretendemos poner etiquetas ni acusar, todo el mundo es libre de tomar la posición que desee, pero claro, cuando uno acusa de politizar a Zarrabeitia desde una posición política, como poco, sorprende. No hace falta esperar a 2020 para que caigan caretas, en Bilbao éstas son transparentes, aunque llamar a las cosas por su nombre algunos os lo toméis como un insulto.

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En fin, que teniendo en cuenta la situación, la imposibilidad de presentar avales (acceso censitario, el cúlmen de la democracia), de montar una alternativa factible para gobernar el club, lo que se puede hacer es montar un grupo de presión, una corriente organizada de oposición e influencia con unas ideas claras que van a venir marcadas por una ideología, más o menos ortodoxa pero que pueden confluir desde diferentes posiciones. Ya existe en torno a la ICHH, por ejemplo. Es lógico. Como se entenderá y citando lo obvio, un hincha de clase obrera de la grada popular seguro que no está de acuerdo con mercantilizar todo el club, y probablemente un hincha burgués de  tribuna principal sí o, simplemente, le es indiferente. Generalizando. Habría espacios de confluencia, como la filosofía, o espacios de confrontación. Pero casi todos ellos estarán marcados por la ideología. Lo mismo que por la identidad o la cultura. Macua no hizo lo mismo por el euskera que Urrutia, por ejemplo. Por eso unos votan ciegamente a la plancha electoral oficialista del PNV, y otros optan por dejarse comprar a las puertas de Ibaigane cuando van a depositar su voto como si fuera un zoco.

Además, otras corrientes existen también con algunos grupos verticales organizados de otras tendencias, como los títeres Sabin Etxea y batzokis del centro de Bilbao o desde grupos editoriales como Vocento. Y movilizan a grupos importantes de compromisarios para decantar las asambleas a su antojo. Ergo, cortan la democracia en el club. Eso es pura ideología, bastante reaccionaria, por cierto. Así que lecciones de apoliticismo, transversalidad y neutralidad, cero patatero por parte de los creadores de opinión habituales. Dime quién es tu jefe y te diré de qué lado estás. Desgraciadamente, el lema facilón y el tópico rastrero son armas siempre útiles con quienes van de frente, y Zarrabeitia lo comprobó con unos pocos caracteres.

En ese contexto, la Izquierda Abertzale o cualquier partido, movimiento o persona que se ubique en la izquierda en general deberá reflexionar primero si entra en un juego con las cartas marcadas o apuesta por tratar de romper un tablero viciado y claramente deficitario en términos democráticos. ¿Quién dijo reforma o ruptura?

Nos enfrentamos, pues, a otro proceso electoral con los ingredientes de siempre. Grandes nombres de la industria vizcaína, movimientos desde el “Partido que todo lo guía”, algo de caspa, entertainment en forma de “política-espectáculo” y todo ello aliñado con ex-jugadores o ex-entrenadores entonandosu sempiterno qué hay de lo mío. Todo el mundo pondrá su huevo en la cesta que más le convenga y el debate se antoja farragoso, embarrado, desvirtuado y, lo peor, estéril. Los nombres propios, los fichajes y la situación deportiva del momento marcarán el resultado, a la par que el dictado de las dos eternas vertientes.

En fin: los más interesados en “despolitizar” el club son los más políticos de todos. ¿En qué posición quedamos pues, esos hinchas que no queremos tutelas partidistas pero que tenemos claros nuestros principios? Por cierto, ¿a alguien le sobran unos millones por ahí para sufragar el aval de Alabinbonban?

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