Guerra contra la grada: control total

Es lo que quieren. Todos los pasos desde el 2013 a día de hoy han ido única y exclusivamente en esa dirección, el control total de la grada y la expulsión por decretazo de cualquiera que se atreva a levantar la voz. El ambiente que se respira en el sector 110 y en los alrededores de San Mamés y los rumores que vienen de la asamblea de compromisarios así lo confirman.

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No es algo nuevo. Una directiva tras otra ha tenido encontronazos con los sectores más movidos de la grada. Las aguas siempre habían vuelto a su cauce de alguna manera, con un equilibrio mayor o menor, aunque siempre con la sensación de que la grada salía perdiendo. Pero todo cambió en 2012, fecha en la que decidieron cargar en un callejón plagado de gente y mataron a Iñigo Cabacas.

Una grada volcada con la demanda de justicia para Iñigo es algo que nunca perdonarán los corporativistas que dirigen la Ertzaintza. El cambio de gobierno en Lakua no ha traído ninguna novedad al respecto, empeorando la situación más si cabe. Desde entonces hemos visto amenazas, sanciones e incluso burlas (incluidos amigos de Iñigo) a cualquiera que portara material reivindicativo, amagos de carga en el interior de San Mamés, controles de alcoholemia en los accesos de la puerta 13, infiltrados en la grada que actúan como policía del cántico y un sinfín de prohibiciones y límites para la animación.

Más allá de todo lo anterior, que nos afecta a todos los miembros de la ICHH por igual, los últimos meses se han centrado en sancionar y criminalizar a la peña más numerosa, Herri Norte Taldea, centrando en ella gran parte de las acciones represivas. ¿Por qué? Evidente. Es más fácil centrar y justificar cualquier acción contra un grupo que despierta antipatías por motivos políticos y por su posible relación con algunos incidentes. Y decimos posible porque en algunos de ellos, principalmente el que se ha convertido en casus belli para la Consejería de Interior (Spartak), está certificado y demostrado con material gráfico la no participación de HNT. Pero eso les da igual.

No toleran lo que no controlan, lo temen y lo odian a partes iguales. Quienes no pasan por el aro y son incómodos para sus intereses políticos. ¿Quién politiza aquí, entonces? Les incomodan las reivindicaciones en San Mamés, por eso aplauden cualquier razzia, se base ésta en pruebas o no. La única política aceptable es la que el establishment, léase PNV, aprueba. Como el pensamiento único que quieren imponer desde Lakua, vía decretazo enmascarado en código ético (El Confidencial). No quieren voces discordantes. Quieren su grada. De ahí la insistencia de Ucha en llenar el 124 de gente que no quería animar. De ahí sus movimientos en la sombra para intentar dividir a la grada. De ahí la concesión de dar a la grada 200 localidades del 109 en nuestro momento más fuerte para acallarnos por un tiempo. Todo calculado, atado y bien atado.

Lo triste es que todo esto no surge de una reflexión global sobre la violencia en el fútbol y la voluntad real de hacerla de manera constructiva y horizontal, sin tapujos. Y no surge de ahí por una sencilla razón. Si se acepta hablar sobre la violencia, toca meter en la ecuación a uno de los factores que más la ha generado por participación u omisión de deber, la Ertzaintza. Y eso es algo que los lobbies que la manejan no van a aceptar. Son intocables, nuestros supuestos pretorianos. Hasta que llegan los fachas rusos, claro. Todo Bilbao sabe que prácticamente todos los dispositivos que han montado para frenar cualquier atisbo de violencia hooligan, han fracasado, algunos ridículamente y otros con las consecuencias más graves con casos de explotación laboral t resultado de fallecimiento.

También sabe Bilbao que la gran mayoría de violencia en el fútbol la desatan los grupos nazis. Sin ellos la violencia sería residual. ¿Alguien se imagina a los ultras del Sankt Pauli liando la Tercera Guerra Mundial en Indautxu? ¿O a la Green Brigade del Celtic? No. Son antifascistas, como Bukaneros, Brigadas Amarillas y tantos otros grupos que han pisado Bilbao sin ningún tipo de incidente, más bien han sido bien recibidos e incluso aplaudidos por las tribunas. Ultra no quiere decir necesariamente violento. Pero nazi sí. Incluso los temidos ultras del Napoli (sin adscripción ideológica), pisaron Bilbao sin problema alguno.

Asimismo, la proximidad de una EURO 2020 que traerá, supuestamente y según la patronal, miles de aficionados (consumidores en potencia), y también centenares de ultras y fascistas (especialmente si juega La Coja), hace pensar que todo esto está planificado y diseñado para dejar Bilbao como una patena que allane el camino al negocio.

En definitiva. Con estos precedentes se ha desatado la caza de brujas en el 110. Un Maccarthismo a la bilbaína que busca eliminar grupos (y no violencia) y apoyado por parte de la tribuna más reaccionaria. De manera arbitraria, injusta y vertical. Hoy más que nunca necesitamos estar unidos, aparcar las diferencias, y emplazar una vez más al club o “a quien corresponda” a que sea valiente, que se libere de ataduras partidistas y defienda a sus socios y de una vez por todas ponga sobre la mesa un proyecto real de grada popular. Levantemos la vista del ombligo y miremos hacia Donostia, Gasteiz o Glasgow. Ése es el camino.

Ooh ooh ooh someone’s really smart
Ooh ooh ooh complete control, that’s a laugh

 

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