Apuesta, apuesta, apuesta, y prepárate a perder

Imagínese el lector las calles de cualquier barrio inglés en esta alargada época post-Thatcher que nos ha tocado vivir. Quizás le ayuden las pelis de Ken Loach, Leigh y compañía en la tarea. Con todo, y por mucho que los hinchas del Liverpool cantaran aquello de, traducción un tanto libre, “nos iremos de farra cuando muera Maggie Thatcher“, los barrios obreros no están de fiesta; y si lo están, es puro escapismo.

Saquearon la industria, precarizaron el trabajo, arraigaron el desempleo, las drogas camparon a sus anchas (primero la heroína, luego las pastillas, hoy…), destrozaron los lazos que unían comunidades y, consecuentemente, arrojaron al currela a las fauces del individualismo más feroz. La salvación será individual o no será, olvídate de utopías sociales. He ahí el mensaje de ultratumba de Maggie Thatcher, su vivo legado.

Las calles de esos barrios, pues, cuentan con su pub, la ocasional lavandería, el Tesco y la licorería y, cómo no, su casa de apuestas. Sabido es que a la lotería y juegos de azar juegan, por lo general, peña como Carlos Fabra y, sobre todo, los pobres, para ver si así salen de su “suerte social”. Peor situación económica, mayor nicho de mercado, pensaría algún vivales. La aprobación de sus colegas en el gobierno fue cuestión de tiempo.

O en palabras de Gaizka Suarez, del colectivo Eragin, en declaraciones al diario Berria: “Hay una profunda desafección y desesperanza en los barrios obreros, situación que han aprovechado para hacer negocio. No es un caso aislado, sino un fenómeno social generalizado”.

Saltando de las islas a nuestras calles, es precisamente durante la enésima crisis del capitalismo cuando con mayor fuerza se implantan las casas de apuestas entre nosotros. Ya se sabe, el vasco siempre ha sido de apostar. Apenas hay contestación, salvo, por ejemplo, un artefacto casero que no llega a explotar en un local del casco viejo bilbaíno (2008) o, más recientemente, la respuesta vecinal de Azpeitia, por lo que poco a poco hemos ido acostumbrándonos a un paisanaje donde proliferan las casas de apuestas. La izquierda, como viene siendo lamentablemente habitual, se ve sobrepasada y su respuesta es asimismo tibia.

 

 

La oportunidad para apostar está por todos lados: en la calle, en el bar, en el móvil, online. La televisión y la radio, incluso las públicas como EITB, azuzan el fervor de las apuestas durante cualquier retransmisión deportiva. Escuchar a Eduardo Velasco hablando de su “querida casa de apuestas” en plena noche electoral resultó, cuando menos, de poco gusto. Otro tanto ver a futbolistas y famosetes varios prestarse para publicitar buitres.

Los clubs, el Athletic en el caso que nos ocupa, se dejan patrocinar gustosamente por casas de apuestas. Ambos, clubs y casas de apuestas, se dejan guiar por el mismo criterio utilitarista, el poder del vil metal. Cuando el dinero está por medio hacemos las cosas como el resto, cabe recordarle al presidente saliente Josu Urrutia, tan dado a subrayar nuestra cada vez más diluida singularidad. La Real, por su parte, organizó una votación no vinculante al respecto. El resultado: negativa al patrocinio. No se dejan manchar, al menos de momento.

El peligro está ahí y afecta sobremanera a adolescentes. La ludopatía está a la vuelta de la esquina y viste los colores de tu equipo. Paradójicamente, en una época de corrección política en la que la publicidad de bebidas alcohólicas está restringida en los estadios, donde aparte de no poder fumar impera la ley seca salvo en los palcos VIP y presidenciales, nos encontramos con vía libre para el bombardeo de las apuestas deportivas.

Se nos achacará que “no es para tanto”, “por echar un eurillo no pasa nada”, etc… y quizás estén en lo cierto, que el juego responsable no es pernicioso si controlas. En esta casa tenemos serias dudas al respecto del juego y de la capacidad del personal de autocontrolarse, no en vano basta una pequeña recompensa para que el ser humano siga apostando y perdiendo dinero. El futuro es preocupante: no podemos fiarnos ni de nuestra propia condición, los buitres intentan cual mecanismo conductista made in La Naranja Mecánica que los más jóvenes identifiquen deporte con apuestas y el capitalismo es perfectamente capaz de generar, alentar y alimentar una enfermedad mientras te procura una exigua cura.

En todo caso, las consecuencias de este fenómeno las veremos con mayor precisión a medio-largo plazo. Ojalá no, pero quizás para entonces la Fundación del Athletic deba incluir la ludopatía dentro de sus tareas de labor social. ¿Alguien en este santo club es capaz de poner el debate encima de la mesa y de librar al club de esta lacra publicitaria? ¿Hay alguien ahí?

¿Exageramos? Sea el lector quien recabe testimonios y busque datos de la implantación de casas de apuestas en barrios obreros, del ingente volumen de negocio. Busque y asústese. Aunque, como dirían en Trainspotting, ¿quién necesita datos cuando tiene una golosa apuesta combinada pendiente?

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Democracia a la bilbaína [Contracrónica electoral]

Contra todo pronóstico, incluido el de este blog, Elizegi es nuevo presidente del Athletic. De chiripa, con una abrumadora abstención y el respaldo de un 25% de la masa social, pero presidente. Ha sabido aunar el voto joven, el de castigo a Urrutia, el de jeltzales, peperos (el mismo Iturgaiz le ha felicitado), exfutbolistas con querencia por el “quéhaydelomío”, Piratak Athletic, descontentos varios, Vocento, TeleBilbao (Velasco hablando de “mi querida casa de apuestas Reta” en noche electoral. WTF?) y los que querían cambio, fuese cual fuese el contenido.

La carrerilla electoral, por llamar de algún modo a esta contienda inane, obedecía al deseo de la junta saliente, o lo que es lo mismo, al aparato del PNV. Si hace cuatro años Urrutia cogía a la oposición a contrapié en una hábil jugada, más bien jugarreta, ahora tenía menos margen y más enemigos. En todo caso, el PNV no quería elecciones, pero siendo conveniente cambiar algo para que todo siga igual, como en el Gatopardo, tuvo a bien permitirle al socio un simulacro electoral; con la esperanza añadida de que nadie se atreviera a presentarse y la cosa quedara en nada. Todo atado y bien atado, como siempre (más info: PNV desde 1977).

Hubo miedo a saltar a la arena electoral por uno y otro lado. Elizegi dijo un día sí, luego no, finalmente sí. El verdadero juego ocurre fuera de escena, ahí el hincha no entra. Athletic geuria, pero lo crucial se dirime en un par de txokos de acceso restringido. Bastaba leer una entrevista al hijo del banquero, Mario Fernández Jr, finalmente en la plancha perdedora (más info), para hacerse a la idea de cómo funcionan realmente quienes aspiran a manejar el club y de qué (y cuánta) pasta están hechos sus protagonistas. Secretismo, pactos de confidencialidad, cambios de chaqueta…Hay sectas con menor hermetismo.

Uribe-Ecehevarría se creyó ganador antes de competir, un poco como el Athletic contra el Formentera en Copa. Su rival era de Segunda B, hecho a última hora con retazos y descartes poco atractivos, así que decidió hacer el Don Tancredo. Más que continuista, su postura fue inmovilista: no hacer nada, no decir nada, ni siquiera dar un nombre. He ahí la clave de la victoria, pensaría, como Urkullu o Rajoy en política. Y a su plancha le pudo la soberbia, como tantas veces a Urrutia. Basten las palabras de Silvia Muriel: “De la comunicación cambiaría poca cosa o nada”. El perfil bajo convertido en perfil nulo. ¡Anda que no tenía luces el mandato de Urrutia (de las sombras luego hablaremos) como para poder sacar pecho! Ni por esas.

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El aparato del Partido se posicionó, Itxaso Atutxa al frente, con Uribe-Echevarría, mientras de fondo silbaba el viejo clasismo de “¿¡cómo va a ser un cocinero presidente?!”. Paradójicamente, Elizegi es militante de carnet del PNV, no como su hasta ahora contrincante. El propio Elizegi se encargaba de contrarrestar la influencia de Sabin Etxea con guiños tales como haber abierto “27 batzokis en 4 años” (ergo “tranquilos, que yo también soy de los vuestros”), mientras ampliaba las redes de su potencial electorado dando imagen de hombre hecho a sí mismo. Habrá a quien le encante la historia del “humilde chico de Santutxu” que se cuela en San Mamés y si no compra la entrada a los reventas y que a base de esfuerzo y tesón coge el ascensor social y abraza las mieles del capitalismo, pero en este blog tenemos muy oída esa desagradable melodía en la que nos quieren hacer creer que la confianza es más importante que el capital para prosperar (risas, por favor). Por cierto, se le olvidó recordarnos cómo echó a la calle a un currela por ir con LAB ( info clickando aquí & allá).

Por lo demás, escaso programa el del cocinero: mucho humo, brindis al sol, alfombra a la selección española (sus adversarios son quienes han hecho todo lo posible por traerla, así que…), la Filosofía no se cambia pero mirando a los ojos de un uruguayo Elizegi sabe si puede jugar o no en el Athletic, y un montón de nombres, muchos mediocres, como el de Ayarza, y otros mera incógnita, como Alkorta, sin más aval que haber sido un notable jugador y segundo de Michel (sí, Michel). Lezama es tan vital que debería estar por encima de electoralismos, pero tenemos nuevo baile de nombres, un quítate tú que me pongo yo de manual. Por habitual no debería parecernos normal ni deseable, pero esto es lo que hay. Eso y planes bajo llave, como el de Mario Fernández Jr y compañía. Además, conviene recordar que las cosechas de Lezama dependen, en primer lugar, de la materia prima. Pero es taaan fácil ser populista y demagogo con Lezama.

Punto y aparte para la animación. Un término distorsionado hasta la saciedad y que debería ser sustituido por grada popular, amplia y con precios baratos, asequible a jóvenes y clase obrera en general, para que la humilde chavalada de Santutxu (Aitor, ¿te sientes identificado o ya no?) y otros barrios pueda entrar a San Mamés. Como a los posmos y estirados el término clase obrera les chirría pueden sustituirlo por “inclusividad”, la que la junta de Urrutia no ha demostrado durante todos estos años, dicho sea de paso.

Elizegi nos habló de The Kop, léase humo, y de una escuela de animadores, es decir, esperpento de poco gusto. Sobre lo primero, se le olvidó una minucia: precisar cómo habilitaría un espacio para 4.000 personas y a qué socios trasladaría de lugar. Uribe-Echevarría, por su parte, sí incluyó en su programa varios puntos de la ICHH, que la asamblea de compromisarios habría de ratificar. Pudo ser un gesto vacío, o de círculo vicioso, habida cuenta de quién controla la asamblea. En todo caso, ojalá una grada popular de 4.000 personas, con Elizegi o el sunsuncorda, pero somos muy escépticos. Respecto a lo segundo, la dichosa escuela, nos tememos un intento de controlar, con o sin prebendas, la grada. Suena a grada vertical, como Florentino en el Real Madrid. No somos cheerleaders, ni marionetas, ni queremos tal trato. Nada más que añadir.

Vistos los apoyos de Elizegi, se multiplicaron las voces que pedían votar al menos malo, léase Uribe-Echevarría. Algunas provenían desde la izquierda, apelando a la responsabilidad y a la situación del club, supuestamente entre la espada y la pared. Como si frenar a Elizegi hubiera supuesto parar de una vez por todas a Vocento y los nostálgicos del tipo de gestión macuista. No es la primera vez que escuchamos la misma cantinela, por lo que he aquí dos pinceladas para entender mejor la legitimidad de tanta abstención, voto en blanco y nulo.

El establishment, PNV y acólitos, siempre gana, máxime si las reglas del juego le benefician (avales) y además juega con los tiempos. Ellos han diseñado el marco, no se puede ganar en ese juego. Como mucho podemos votar al menos malo, así por los tiempos de los tiempos, perpetuando este sistema. La izquierda en torno al Athletic, o las mentalidades de izquierdas en el socio-electorado, son minoría. La clase obrera ha sido progresivamente expulsada de San Mamés y es con Josu Urrutia cuando las cuotas para ser socios ascienden hasta casi 2.000 euros a fondo perdido. El acceso es censitario y el perfil socioeconómico del nuevo socio se ve necesariamente afectado. El ambiente de ayer en Ibaigane, con tanta gomina y el postureo típico de García Rivero, da una buena fotografía del sendero que transitamos.

En vez de estar articuladas o contar con un proyecto de incidencia a medio-largo plazo, aspirar incluso a ser una especie de bisagra, a modificar programas, ejercer de Pepito Grillo, a tener voz sin ser residual, las personas de izquierda no tenemos nada o muy poco aparte de molonas camisetas del St. Pauli. ¿Qué es, por ejemplo, Athletic Indartu? ¿Quiénes son? ¿Dónde han estado estos 8 años? ¿Qué hacemos el resto? Y es fútbol, tampoco se nos olvide, no hablamos de paro, pensiones, educación o sanidad.

La responsabilidad consistiría en armar un grupo de trabajo en las antípodas de lo que se cuece hoy en torno al Athletic, no en votar al menos malo y quedarnos para hacerle los recados a la cara amable del establishment. Porque el menos malo, los continuistas, eran los mismos que desacreditaron a Bielsa frente a Balzola, poniendo los intereses de una empresa por encima del club; los mismos que beneficiaron a empresas afines del Partido en la construcción del nuevo campo; los que contrataron trabajadores portugueses sin cumplir el convenio de Bizkaia; los del ninguneo y el toreo constante a la ICHH; los de los gestos con cuentagotas; los que pasaron de Cabacas; los de los palcos VIP; los que nos dicen haber acabado con enchufismos pero no explican por qué era necesario colocar a dedazo a Mendiguren o Asier, colegas de Urrutia, en la Fundación; los que gestionan las entradas de las finales impecablemente pero siguen sin desgranar públicamente en qué consisten los compromisos del club; los de la nula autocrítica.

El Athletic es un juguete de las élites, gobiernen unos u otros. Si por un casual (que a este blog le tocara el euromillón, pongamos) tuviéramos una mínima posibilidad de aposentar nuestros orondos culos en Ibaigane, estos dos bandos, supuestamente tan contrapuestos, nos harían la pinza sin miramientos. No nos pidáis responsabilidad a quienes votamos nulo, en blanco o nos abstuvimos. Pedirla en Sabin Etxea. O pedírsela a Uribe-Echevarría y Urrutia. Quizás para la próxima vez espabilen.

El futuro inmediato pinta entre oscuro y mal. Los llamamientos a la unidad son más falsos y efímeros que el amor que nos profesaba Ander Herrera. Elizegi será esclavo de los apoyos recibidos, qué duda cabe, pero el PNV le dará margen en tanto no desmadre su juguete preferido, ya que en tal caso se lo haría pagar más pronto que tarde. A su vez, el socio juzgará a Elizegi en función también de esa parte de buen legado que deja Urrutia. No sólo en cuanto a logros deportivos, también en términos de “cláusula o nada” o de cuentas saneadas. En cualquier caso, buena parte dependerá de que la pelotita entre.

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Alavés – Athletic Club: contracrónica polar

*Colaboración de Txinbo ibiltaria

“Abrígate, que en Vitoria hace un frío que pela”. Nunca debimos desafiar los consejos de una amatxu, pensamos tras salir de Mendi de ver un auténtico atentado al fútbol como el pingüino que se sube a un glaciar desde el Océano Ártico escapando de un hambriento leopardo marino. No sabemos todavía si lo que nos heló los huesos fue ese frío que, ciertamente, no fue para tanto, los innumerables fallos en los pases, los exasperantes desajustes, los saques de córner de parvulario o la nula capacidad ofensiva de nuestro equipo.

Tifo-Iraultza

Y no será porque la afición del Alavés no calentó el ambiente, porque la espectacular irrupción en el minuto 5 de Iraultza 1921 (aurrera!) tras su tifo encendió una mecha que casi no se apagó en todo el partido. Personalmente, y sin ser fan de la animación dirigida, los tambores y las melodías argentinas, he de reconocer que a ellos les funciona a las mil maravillas y que Mendi parece una caja de ritmos que por momentos atrona contagiando a las tribunas y al fondo opuesto. Recordando, tal vez, a ese San Mamés que una vez tuvimos y nos arrebataron. La destacable y nutrida presencia bilbaína también lo intentó, aunque en notable inferioridad numérica. Y menos mal que las dos aficiones cantaron y animaron, a veces con reivindicaciones compartidas (Tebas vete ya, Iñigo Cabacas gogoan zaitugu, justizia Iñigorentzat), que si no el intercambio de melonazos entre los dos equipos habría sido del todo insufrible.

En lo futbolístico, un punto que sirve para no encajar goles, para encadenar partidos sin perder, para tener la sensación de tener un defensa más estable y la portería a cero, y para cerciorarnos de que el fútbol los lunes son una puta mierda, que el fascista que dirige todo esto quiere a los hinchas de verdad fuera de los estadios. Pero mira, no hay mal que por bien uno venga, y si en algo estuvimos de acuerdo ayer los hinchas de los dos equipos es en que queremos a Iraultza dentro, a Tebas fuera, justicia para Iñigo Cabacas y ver algo de fútbol, ya si eso.

Así que, como conclusión, lo que une un asqueroso fascista, que no lo separe el provincianismo. Vitoria – Gasteiz nos recibió con los brazos abiertos, los guantes puestos y sin ningún atisbo de agresividad, mala educación, inquina o revanchismo más allá de lo meramente deportivo. Lo queremos subrayar de manera especial para todos aquellos queridos compañeros de masa social zurigorri que, sin haberse sentado en otro asiento que el de su tribuna o su casa, cuentan ciertas fantasías.

Eso sí, la próxima visita esperamos que caiga en primavera y fin de semana. Nos vemos en las gradas.

LEHENIK ZALETUOK

LOS HINCHAS PRIMERO

Amargo agur a Josu I “el Gradicida”

Un día de 2011 cruzábamos la puerta de Ibaigane con la firme decisión de votar nulo en aquellas elecciones entre Macua y Urrutia, y salíamos con la misma sensación de timo, bochorno y vergüenza ajena ante el espectáculo que daban las candidaturas una vez más. La verticalidad, los avales, las azafatas repartiendo Flyers de Macua, todo en general destilaba un hedor propio de otros lares, como si estuvieran en liza Rita Barberá y Esperanza Aguirre y no Urrutia y Macua.

UrrutiaI

Las falsas promesas y cierto aire abertzale confundieron a más de uno, y Urrutia se aseguró una paz social a medio plazo y un buen puñado de votos en un momento clave, el fin de las obras del nuevo estadio y el posterior traslado de los socios.

8 años después y con un balance deportivo y económico donde, a pesar de los resultados de estas dos últimas campañas, puede sacar algo de músculo, para los socios de la grada y gran parte de la masa social de clase obrera del Athletic Club, Jose Urrutia dejará un poso muy amargo. A decir verdad, tan amargo que tapa su gestión en otros ámbitos. Y es que sus dos grandes debes han sido la gestión de algo tan sensible como el Caso Cabacas, y la guerra sin cuartel a la grada popular a la par que apuntalaba la irrupción del modelo VIP en San Mamés. Nunca nadie hizo tanto contra la grada, y tenemos en cuenta aquí figurones como Macua Vocentoman, su supuesto archienemigo. Quién nos lo iba a decir en 2011.

A Josu también le ha tocado comandar la nave a favor de la corriente del fútbol moderno, y lo ha hecho de buen grado, cómodo, por mucho que dé la sensación contraria. Las obras del estadio, los contratos millonarios, los diferentes patrocinadores, casas de apuestas mediante, las cada vez más draconianas medidas contra los hinchas… todo ha sido aplicado con sumo gusto y sin ponerlo en tela de juicio, como corresponde al presidente de una afición que si en algo destaca es en su conservadurismo. El presidente ha sido, pues, fiel reflejo de la masa social a la que representa. Sin tener en cuenta, eso sí, la ingente cantidad de hinchas que quedan fuera del estadio por las políticas de precios y que bien podrían constituir una resistencia sociopolítica a las élites que dominan Ibaigane. Quizá así se entienda de una vez la guerra contra la grada. Poco tiene que ver el hooliganismo; es la excusa, el casus belli superficial de algo que es, con matices, una extensión futbolística de conflictos más hondos.

Urrutia ha sido el menos malo, simplemente, por no negociar las claúsulas y, siendo generosos, reducir, que no erradicar, algunos mamoneos, pues cabe recordar cómo ha enchufado a más de un colega suyo en el club. El listón presidencial estaba antes a un nivel tan bajo que el populacho ha acabado aceptando a un tipo mediocre y peor orador; un títere amable con el poder y despótico con el de abajo. Sin embargo, no es de extrañar que las pirañas que habitualmente merodean Ibaigane teman dar el salto a la arena electoral, pues ellos mismos son conscientes de que son, lisa y llanamente, peores gestores. Eso, y que presumiblemente el PNV ha tocado la corneta y puesto orden. Porque, ironías de la vida, todos sabemos que no hay que mezclar política con deporte.

Por último, y visto lo visto durante este doble mandato, no se entiende cierto colaboracionismo desde algunos sectores de izquierda, que en la coyuntura actual parecen querer tropezar con la misma piedra. Si no se entendería en Sankt Pauli, del que tanto se farda, ¿por qué se ha de entender aquí?

Urrutia pasará a nuestra historia como lo que pudo ser y nunca fue. Será el Gradicida, el amigo de los VIP, y uno más que se he plegado servilmente a los designios de Sabin Etxea, otra marioneta del poder. Nuestro recuerdo más dulce será su enemistad con el Correo, quizá simplemente porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Agur pues, y por favor, con orden de alejamiento, que no queremos ni verte a menos de 100 metros de la grada.

LOS HINCHAS PRIMERO
LEHENIK ZALETUOK

 

NO ES JUSTICIA, ES IGNOMINIA

Lamentablemente, y tal y como se temía, el juicio por la muerte de Cabacas (no vayamos a decir asesinato, homicidio o cualquier otro término que nos pueda traer problemas con la justicia) ha acabado siendo una mezcla de paripé, esperpento y bochorno público.

Para empezar, si hubiera sido por la Fiscalía, ni siquiera hubiéramos tenido juicio. No veían delito; claro que el muerto no era su hijo, eso quizás hubiera alterado la perspectiva. Pero como el marronazo no podía esconderse por más tiempo, la siguiente jugada fue descafeinar el caso y juzgar a peones. Responsables, sí, pero peones al fin y  al cabo, que siempre ha habido clases y Roma no paga traidores. Ugarteko, quien dio la fatídica orden de cargar, y Ares, quien aseveró iba a “llegar hasta el final” y “las últimas consecuencias”, se libraron del banquillo de los acusados. Lo ético y coherente hubiera sido autoinculparse (el lector nos perdonará si nuestra candidez bielsista le ha producido risa floja), pero corren malos tiempos para la ética si tu carrera profesional va asociada a un partido históricamente salpicado por corrupción y cloacas o un cuerpo con tropecientos casos de tortura en su haber. Suelo ético, ese lodazal.

Así que más de uno se borró de escena, no sin que antes Ares, emulando a Acebes, nos tomara el pelo con una porra extensible encontrada en Poza y que Ugarteko denunciara a Gara y a la abogada de la familia Cabacas por supuestos “daños a su honor e intimidad”. Hasta al juez le debió parecer excesiva la demanda por parte de un policía que ni siquiera estaba imputado en el caso, pese a ordenar “entren con todo al callejón”, un mandato que, nos quieren hacer creer, bien podía significar que calmaran la zona usando silbatos.

La calle, al menos en Euskal Herria, sabe a qué y contra qué disparaban aquella noche. “Sé que hemos sido vigilados por la Ertzaintza. Los amigos de Iñigo también. Nos han investigado uno por uno para ver quiénes somos”, denunciaba recientemente Manu Cabacas en el diario Público. El establishment se quedó sin su tan manida excusa ideológica, Iñigo Cabacas estaba limpio de antecedentes y no podían embarrar más el terreno con el historial del finado, como si una hipotética militancia justificara que la policía tuviera mayor legitimidad para matarte. Aún así, como tienen el rostro de hormigón armado, más de uno tendría que aguantar la acusación de estar politizando el caso, como si justicia y policía no tuvieran responsables políticos directos y los actos un contexto sociopolítico concreto. Amigos, hay cosas que no ocurren a la puerta del Batzoki o de la Casa del Pueblo.

Y vendrían más mentiras, como las de Beltrán de Heredia prometiendo y no cumpliendo (¿hasta dónde llegan los pactos PNV-PSE?), y desplantes institucionales. Gogora, el instituto dirigido por Ezenarro, cerró el cómputo de víctimas en 2010. Tal decisión apenas le dejaría dignidad para poder mirar a la cara a los padres de Pitu. Su compinche Jonan Fernández, en cambio, tuvo la desfachatez de, ante Manu y Fina, sacar a colación ertzainas muertos, alegando que tampoco sus familiares sabían quién los había matado. Como si una cosa justificara la otra. Más barro al suelo ético.

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El juicio ha valido al menos para seguir desmontando algunas caretas, por si a alguien le quedaban dudas. Por ejemplo: algunos sindicatos de la Ertzaintza ponían en duda, ¡en 2018!, que la muerte se debiera a un pelotazo. Competían en catadura moral con el PNV de Indautxu, que publicó dos tuits tan deleznables y corporativistas que tuvo que borrar rápidamente, y los ertzainas que limpiaron escopetas borrando así pruebas. Mientras, los ertzainas que pasaron ante el juez hablaron de adoquines y jardineras volando a su llegada al callejón. Que al día siguiente no hubiera desperfectos y las jardineras no pudieran arrancarse no podía en modo alguno estropear tamaño “testimonio”. Es la diferencia entre estar acusado y ser testigo. Los primeros pueden contar la mayor trola del mundo, los testigos no. Éstos se reafirmaron en que la actuación policial fue una salvajada mayúscula. Incluso un ertzaina insinuó que aquello era un error o, en su defecto, tenía por objetivo provocar una “sarracina“. Curiosamente, los amigos de El Correo, ese diario tan propenso a buscar el morbo y el amarillismo en cualquier caso, obviaron la “minucia” en una gran muestra de ética periodística. Y, no tan curiosamente, el único ertzaina que ha sido irrisoriamente condenado (está jubilado y no cumplirá los 2 años de prisión por carecer de antecedentes) fue el único que se salió del guión oficial, no en vano hubo reuniones entre los abogados de la defensa y los de Lakua (¡!). ¿Cierre de filas? No: más suelo ético.

¿Huele a conchabeo policial-político-judicial? Pero no puede ser: vivimos en Democracia, en un Estado de Derecho, con separación de poderes e independencia judicial. Además, el juicio ha probado el “corporativismo” (sic) que los ertzainas demostraron en el juicio, sus mentiras, cómo borraron pruebas, lo injustificado de las cargas y la soberbia que destilan unos audios que hielan la sangre. Mas, ¡oh, sorpresa!, la conclusión que extrae la justicia se resume en una pena sin efectos prácticos. Voladura controlada, chivo expiatorio.

En todo caso, estaría bien que mostraran el caso de Cabacas en Arkaute, o en la propaganda que invita a la juventud a ingresar en la Ertzaintza. Para que vean que un superior puede ordenarte machacar a la ciudadanía y después inhibirse para salvar su culo. Tampoco estaría de más recordarlo en los colegios, tan preocupado que está el Gobierno Vasco con deslegitimar la violencia. ¿Tan difícil es decir que matar estuvo mal, obrar en consecuencia y asumir responsabilidades, señor Urkullu, en vez de poner abogados públicos defendiendo a los ertzainas imputados? Porque, como ya rula por whatsapp, una cosa está clara: la Ertzaintza mató a Cabacas y quien lo mató está en la calle. Puede ser cualquier uniformado.

Elecciones: el tapado es el jeque

Continúa el tradicional baile de nombres y aspirantes al sillón presidencial de Ibaigane, si bien de manera algo tibia y levemente mediática. Las elecciones están a la vuelta de la esquina pero aún no hay planchas claramente definidas; tan sólo esbozos con cierto sesgo ideológico, como viene siendo habitual desde las elecciones de finales de los 70 (PNV, controlando el palco desde 1977). Vivimos, pues, una fase que cabe definir como una guerra de posición, por usar un manido símil bélico.

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¿Por qué tanto secretismo? La buena gestión deportivo-empresarial de la actual junta directiva, sólo empañada por minucias como la exigua grada de animación, les hace partir en clara ventaja. Aunque es seguro que Urrutia no optará a la reelección, una línea continuista, aún a falta de una cabeza visible, tiene mucho terreno ganado. Asumen que una hipotética plancha rival, avalada por el grupo Vocento, tiene poco que hacer. Además, ambas corrientes comparten visión tecnócrata, apoyos empresariales y políticos, por lo que la promesa de hipotéticos fichajes o retornos de jugadores que salieron por la puerta de atrás, como Herrera o Llorente, no desequilibrarían la balanza.

Las reticencias a dar un paso al frente vienen marcadas por un tercer actor. Fuentes de toda solvencia consultadas por este medio aseguran que un jeque saudí, del que sólo se sabe el nombre, Waleed, tiene la firme disposición de presentarse a las elecciones del Athletic.

La relación entre Waleed y Bilbao se remonta ya unos años, cuando un pequeño y selecto grupo de empresarios vizcaínos aterrizaron en Dubai. Los negocios llegaron a vincular a dicho grupo con el círculo íntimo del jeque, al punto de llegar a trabajar juntos asiduamente. Fruto de la mutua colaboración, el jeque visitaría Bilbao, siempre de incógnito, en más de una ocasión, llegando a acudir a San Mamés. El flamante estadio dejó “obnubilado” al jeque, que en cuanto supo de la particular filosofía zurigorri quedó prendado de ella. Tanto que ordenó a sus colaboradores recabar exhaustiva información sobre el club, Lezama y la Liga Santander.

La coyuntura electoral le ha servido, finalmente, una oportunidad en bandeja. Si bien no es aún socio del club (está en trámites), su idea es usar a un círculo de confianza local para presentarse a las elecciones y dirigir el club desde la sombra, sin gran notoriedad pero con marcado perfil ganador. Se valdría, por tanto, del mismo testaferro que recientemente ha alquilado un palco VIP en su nombre.

Mientras tanto, el PNV, la fuerza política cuyo apoyo tradicionalmente ha inclinado la pugna electoral, se encuentra dividido ante la inminente aparición pública del jeque. Un sector, que cabría calificar de romántico, se muestra reacio a que un grupo extranjero dirija un club de tan marcado poso identitario y sentimental. Otro sector, en cambio, es más pragmático. Posibilitar la llegada de capital extranjero abriría un próspero y nuevo campo de negocios con Arabia Saudí y Emiratos Árabes, un terreno muy goloso para las empresas vascas, que contarían con el aval personal del jeque, buen conocedor del buen hacer de nuestras empresas.

Una opción intermedia podría resultar en una entrada progresiva del jeque y su equipo, en aras de una transición no traumática. Nada que ver con la llegada de Ronaldo a Valladolid o el bochornoso paso de Piterman por el Alavés.

El jeque, quien se ha familiarizado con la historia y filosofía zurigorri en tiempo récord según sus allegados, es además un firme defensor de la filosofía y Lezama. Se opone tajantemente a abrir escuelas en La Rioja o Cantabria, pues cree que eso desnaturaliza la idiosincrasia del club, y aboga por tener a los mejores profesionales en Lezama. Al venir de fuera no ha de casarse con nadie, ni tiene necesidad de enchufar a exjugadores ni a su camarilla personal.

En el plano deportivo, una pequeña inyección de su capital personal sería suficiente, en su opinión, para evitar la fuga de jugadores y posibilitar que los mejores jugadores vascos puedan llegar a Bilbao. Su objetivo es armar un proyecto ganador para conquistar la Champions a medio plazo, en torno a 5-6 años.  Este escenario, por otra parte, debilitaría a la Real Sociedad, que vería cómo más de un jugador cruza la A8. No es descartable, por tanto, que Aperribay quisiera maniobrar en la sombra, tirando de contactos derivados del negocio armamentístico.

Asimismo, otro de los retos de Waleed sería explotar internacionalmente la marca Athletic, un claro déficit de la actual y precedentes juntas directivas. La misma proyección, fama, status y reconocimiento que busca para sí el jeque, los quiere también para el Athletic, su Athletic.

El reclamo internacional abriría nuevas fuentes de ingresos al Athletic, pues no es comparable el escaso rédito en caja que proporcionan sponsors como Petronor o Kutxabank frente a los fondos saudíes. Los cambios, pues, serían meramente secundarios. Tales como prohibir el consumo de alcohol en los palcos VIP, algo que le ha desagradado sobremanera. En cualquier caso, Waleed negociaría con el PNV, Urkullu a la cabeza, para encontrar una salida al problema. Otro de los cambios cosméticos, si su hipotética llegada se consuma finalmente, sería abolir la tradicional ofrenda floral a la virgen de Begoña, si bien no la permutaría por rito musulmán alguno. El jeque es un hombre de educación y práctica muslim, pero de mentalidad abierta y algo occidental debido a su paso por prestigiosas universidades británicas. Es plenamente consciente de la realidad del país, y si bien no aprueba costumbres como el txikiteo, sus allegados confirman que los pintxos lo tienen extasiado.

La relación con el país no acaba ahí, pues Waleed es un descendiente lejano de los Banu Qasi, el clan muladí que gobernó Tutera hace más de diez siglos.

En síntesis, el fútbol cambia a pasos agigantados dejando escaso margen a consideraciones románticas o éticas, como los vínculos saudíes con el ISIS y la situación de las mujeres en el mundo musulmán. Es la vieja política de siempre: los negocios. Y quién sabe si en medio de este maremágnum veremos en breve la inauguración de una nueva peña rojiblanca, la Dubai Al-thletic.

Guerra contra la grada: control total

Es lo que quieren. Todos los pasos desde el 2013 a día de hoy han ido única y exclusivamente en esa dirección, el control total de la grada y la expulsión por decretazo de cualquiera que se atreva a levantar la voz. El ambiente que se respira en el sector 110 y en los alrededores de San Mamés y los rumores que vienen de la asamblea de compromisarios así lo confirman.

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No es algo nuevo. Una directiva tras otra ha tenido encontronazos con los sectores más movidos de la grada. Las aguas siempre habían vuelto a su cauce de alguna manera, con un equilibrio mayor o menor, aunque siempre con la sensación de que la grada salía perdiendo. Pero todo cambió en 2012, fecha en la que decidieron cargar en un callejón plagado de gente y mataron a Iñigo Cabacas.

Una grada volcada con la demanda de justicia para Iñigo es algo que nunca perdonarán los corporativistas que dirigen la Ertzaintza. El cambio de gobierno en Lakua no ha traído ninguna novedad al respecto, empeorando la situación más si cabe. Desde entonces hemos visto amenazas, sanciones e incluso burlas (incluidos amigos de Iñigo) a cualquiera que portara material reivindicativo, amagos de carga en el interior de San Mamés, controles de alcoholemia en los accesos de la puerta 13, infiltrados en la grada que actúan como policía del cántico y un sinfín de prohibiciones y límites para la animación.

Más allá de todo lo anterior, que nos afecta a todos los miembros de la ICHH por igual, los últimos meses se han centrado en sancionar y criminalizar a la peña más numerosa, Herri Norte Taldea, centrando en ella gran parte de las acciones represivas. ¿Por qué? Evidente. Es más fácil centrar y justificar cualquier acción contra un grupo que despierta antipatías por motivos políticos y por su posible relación con algunos incidentes. Y decimos posible porque en algunos de ellos, principalmente el que se ha convertido en casus belli para la Consejería de Interior (Spartak), está certificado y demostrado con material gráfico la no participación de HNT. Pero eso les da igual.

No toleran lo que no controlan, lo temen y lo odian a partes iguales. Quienes no pasan por el aro y son incómodos para sus intereses políticos. ¿Quién politiza aquí, entonces? Les incomodan las reivindicaciones en San Mamés, por eso aplauden cualquier razzia, se base ésta en pruebas o no. La única política aceptable es la que el establishment, léase PNV, aprueba. Como el pensamiento único que quieren imponer desde Lakua, vía decretazo enmascarado en código ético (El Confidencial). No quieren voces discordantes. Quieren su grada. De ahí la insistencia de Ucha en llenar el 124 de gente que no quería animar. De ahí sus movimientos en la sombra para intentar dividir a la grada. De ahí la concesión de dar a la grada 200 localidades del 109 en nuestro momento más fuerte para acallarnos por un tiempo. Todo calculado, atado y bien atado.

Lo triste es que todo esto no surge de una reflexión global sobre la violencia en el fútbol y la voluntad real de hacerla de manera constructiva y horizontal, sin tapujos. Y no surge de ahí por una sencilla razón. Si se acepta hablar sobre la violencia, toca meter en la ecuación a uno de los factores que más la ha generado por participación u omisión de deber, la Ertzaintza. Y eso es algo que los lobbies que la manejan no van a aceptar. Son intocables, nuestros supuestos pretorianos. Hasta que llegan los fachas rusos, claro. Todo Bilbao sabe que prácticamente todos los dispositivos que han montado para frenar cualquier atisbo de violencia hooligan, han fracasado, algunos ridículamente y otros con las consecuencias más graves con casos de explotación laboral t resultado de fallecimiento.

También sabe Bilbao que la gran mayoría de violencia en el fútbol la desatan los grupos nazis. Sin ellos la violencia sería residual. ¿Alguien se imagina a los ultras del Sankt Pauli liando la Tercera Guerra Mundial en Indautxu? ¿O a la Green Brigade del Celtic? No. Son antifascistas, como Bukaneros, Brigadas Amarillas y tantos otros grupos que han pisado Bilbao sin ningún tipo de incidente, más bien han sido bien recibidos e incluso aplaudidos por las tribunas. Ultra no quiere decir necesariamente violento. Pero nazi sí. Incluso los temidos ultras del Napoli (sin adscripción ideológica), pisaron Bilbao sin problema alguno.

Asimismo, la proximidad de una EURO 2020 que traerá, supuestamente y según la patronal, miles de aficionados (consumidores en potencia), y también centenares de ultras y fascistas (especialmente si juega La Coja), hace pensar que todo esto está planificado y diseñado para dejar Bilbao como una patena que allane el camino al negocio.

En definitiva. Con estos precedentes se ha desatado la caza de brujas en el 110. Un Maccarthismo a la bilbaína que busca eliminar grupos (y no violencia) y apoyado por parte de la tribuna más reaccionaria. De manera arbitraria, injusta y vertical. Hoy más que nunca necesitamos estar unidos, aparcar las diferencias, y emplazar una vez más al club o “a quien corresponda” a que sea valiente, que se libere de ataduras partidistas y defienda a sus socios y de una vez por todas ponga sobre la mesa un proyecto real de grada popular. Levantemos la vista del ombligo y miremos hacia Donostia, Gasteiz o Glasgow. Ése es el camino.

Ooh ooh ooh someone’s really smart
Ooh ooh ooh complete control, that’s a laugh