Desarraigo

Hace unas semanas estuve comiendo en casa de ama. Después del banquete, buscando una vieja prenda de vestir que esperaba no hubiera acabado en ese gulag de ropa del que presume mi ama, me topé con mi humilde colección de camisetas de fútbol. Entre ellas asomaban 4 elásticas rojiblancas, de distintas épocas. Kappa, Adidas y por supuesto Athletic Club, marca propia. Todas sin manchar, pero escondidas y olvidadas en un rincón de aquel armario esperando su momento, que hacía años que no llegaba. Los mismos que llevo sin ir a San Mamés con camiseta del Athletic, por diversas razones, entre ellas, el profundo desarraigo que siento. En una crónica para la revista Panenka, Iñigo Basaguren-Duarte, seguidor zurigorri, nos dejaba estas palabras que conectaron con lo que estaba reflexionando en ese momento: “Pienso en mi club, en el Athletic. Llevamos años de una deriva de identidad que no comparto. Que no me gusta. Que hace que sienta una sensación de desarraigo hacia el club de mi vida. Pero jamás podría dejar de ser del Athletic. Supongo que tu pasado y tu club te pertenecen a ti.” Ahí delante, en la mesa del comedor, estaban mi pasado y mi club. No pude evitar una sensación de pertenencia, de grandeza, de orgullo. Los cánticos de la grada empezaron a resonar en mi cabeza. Pero inmediatamente, como un resorte, chocaron con esos otros sentimientos, de traición, de rencor, de vergüenza.

Desarraigo, escribe Iñigo. Qué palabra tan precisa. Esa sensación amarga de haber perdido algo por el camino, de habernos despojado de algo importante, sentimental, que nos conectaba con nuestro yo, uno añejo, gran reserva, de antes, de una vida previa. Esa pertenencia a algo que de alguna manera se ha diluido, como se diluyen los recuerdos de una antigua novia, o una pisada en la arena al paso de una ola. Se ha ido algo que no volverá. Y es una certeza rara y contradictoria. No sabemos bien cuándo comenzó a ocurrirnos y si fue algo paulatino, fruto quizá de la madurez (no creo), o bien una sucesión de acontecimientos que, como puntos de inflexión, nos han llevado a estar donde estamos.

iribar-prin-kNID-U501106217501pBF-984x608@El Correo

Muchos hinchas recordamos nuestra primera vez en San Mamés. La mano de aitite, o de ama, la cuadrilla, quizá un primo o hermano mayor que nos abría camino. Nos acordamos del rival, del olor del estadio, del camino a La Catedral. El sirimiri bajo un paraguas negro. Las historias sobre Zarra, Gainza, Iribar o la vieja General. Los viajes a finales de Copa, los títulos, la gabarra surcando la ría. El orgullo y el nexo de una ciudad industrial, sucia, dura, pero con casta y carácter. Con Bilbao no se jugaba.

Me pregunto qué contaré yo a mis hijos. Si les mencionaré lo limpio que está todo. O los comercios que hay en la Milla de Oro. ¿Quizá algo sobre la cantidad de turistas que hay, los megaeventos? ¿Y de “mi club”? ¿Algo sobre su estadio? ¿Su camiseta? ¿Su filosofía? ¿Y si me preguntan por qué un hincha nuestro murió asesinado después de uno de nuestros partidos soñados? No sabría qué contestarles sin vomitarles la cantidad de peros que habitan en esta parte de mi yo desde hace años. No, he desistido, he dicho basta. La transmisión familiar acaba en mí. Mis hijos tendrán que hacer ese camino solos si quieren, con sus propias circunstancias, en su tiempo. Yo ya estoy infectado de desarraigo. No les contaré mi camino a la grada de pie, mis viajes, mis jugadores favoritos, o los cromos que pegaba en la carpeta y que alegraban la sección de matemáticas.

Sin embargo, hay una parte de mí que se resiste. No sé qué le empuja, qué mecanismo interno se desata como una galerna. Me lo pregunto cada vez que veo a alguien con su bufanda ir a San Mamés. Soy uno de ellos. O cuando alguien me pide que cante el himno. Efectivamente, uno di noi, que dicen en Italia. Qué decir cuando vas fuera y loan al Athletic con admiración. Gutariko bat, bai, ostiputie.

Al fin y al cabo, como sostiene Iñigo acertadamente, todos tenemos ese duende con gabardina y txapela en el hombro que nos recuerda, mientras se fuma un puro, que somos más del Athletic que Rompecascos. Mi pasado y mi club me pertenecen. Porque no nos engañemos, a todos se nos pone la piel de gallina viendo vídeos del himno a pleno pulmón contra el Sporting de Portugal, el gol de Toquero contra el Sevilla o en la final, el gol de Endika, el de Cuco contra el Newcastle o los resúmenes del glorioso 2012 que nos brindaron los chicos de Bielsa. Lo llevamos en la sangre. Y nuestro impulso más primario es coger la bufanda y gritar a los 4 vientos que somos uno de ellos, joder, que no nos han vencido y que estamos aquí para alentar a los nuestros.

Pero en el otro hombro habita el otro duende. El racional, el análitico, el frío. El que no nos permite comprar ninguna camiseta desde que la mancharon con publicidad, el que no se deja engatusar por los cantos de sirena de ninguna directiva, el que detesta todo en lo que se ha convertido el fútbol y nuestro Athletic, el que sabe, a la postre, que bajo toda la mística (vacía de contenido) que nos vendan sobre él, poco queda de un sentimiento que, la verdad, no podemos explicar racionalmente y se ha quedado anclado en 1997.

No obstante, no es la primera vez que cogemos a ese duende del cuello y le decimos, al estilo de Iñigo: nuestra sangre todavía es rojiblanca.

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Bochorno en Sevilla

A las cosas por su nombre. El partido del Pizjuán fue lamentable y lo que es peor, ya pasada la resaca, inquietante de cara a futuro. Pero por partes:

El Sevilla, plagado de bajas y con Caparrós en su banquillo, resultaba casi un rival amigo. Apenas hicieron nada en 43 minutos salvo un cabezazo en un córner y las arrancadas de Navas. El Athletic, por su parte, tocaba y tocaba sin llegar a nada. Sin profundidad, Williams missing y, eso sí, Raúl García en su línea. El biscotto parecía en el horno, pero al filo del descanso el Athletic se metió un tiro en el pie dejando centrar por un costado defendido por dos laterales (Balenziaga y Yuri), rematando a gol en propia (Dani Garcia) y, en fin, dejándosela como a Felipe II a Ben Yedder.

Caraja total y especulación absoluta con el empate. Tocaba remontar, pero ni por esas. No vale la pena extenderse más: decepción, amargor y la sensación de haberla cagado dependiendo de uno mismo. Es decir, deméritos propios.

Habrá quien quiera aferrarse a no descender, como Elizegi o el CM del Athletic, que ayer escribía “nos hemos quedado a unos milímetros de entrar en Europa cuando en diciembre estábamos en descenso”. Diciembre, en la inmediatez en que se mueve el fútbol actual, quedaba ya muy lejos. Y el conformismo, el conservadurismo y, a la postre, la autocomplacencia que destila apelar al descenso no son buenos compañeros de viaje.

Si bien la labor de Garitano ha sido encomiable, sacando al equipo del pozo rápidamente, su proyecto de cara a futuro genera incógnitas, básicamente, porque el equipo no juega a nada. El verano se presenta en apariencia tranquilo: no hay previas europeas, esperamos que no nos cuelen a ningún non-grato con agosticidad y el míster podrá trabajar en base a cierto bloque cimentado estos meses. Es más, si se hacen bien las cosas, físicamente estarán a tope y ya no habrá excusas. Recientemente, Yuri se ha despachado a gusto con la preparación a la que les sometió Berizzo. ¿Quizás por ello tantos goles en contra en los minutos finales?

Decía Asier Garitano hace unas semanas en el Berria, que los equipos que han luchado por Europa estaban construídos de atrás hacia delante, es decir, cimentados sobre una buena defensa y fiando el resto a la calidad e individualidades de arriba. El Athletic tiene una solvente línea de cuatro (Capa-Yeray-Iñigo-Yuri) y la única duda atrás reside en la portería. Herrerín, dicho finamente, podría hacerlo mejor. Atreverse a apostar por Simón o en su defecto cederle para no estar en blanco por segundo año consecutivo, quedándonos con Ezkieta, una incógnita, en el banquillo, he ahí la cuestión.

La medular presenta más problemas. Destructores ya hay, Dani García y San José, pero el Athletic arrastra desde la última época de Valverde un problema en la creación de juego. Y no es sólo problema de Beñat. Que sí: apenas pone un córner bien, apenas crea y reparte juego, ni qué decir si tiene a un marcador encima, y ya para el minuto 60-70 acusa el desgaste físico. Pero, ¿tenemos algún recurso interiorizado; alguna combinación en la memoria; algún automatismo; que diría Bielsa; algún plan b más allá del balonazo y la apertura a banda? Porque, claro, si lo fiamos todo al jugador, salta a la vista que Beñat no es ni Beckenbauer, ni Pogba, ni Javi Martínez.

Es ahí, en la sala de máquinas, donde se dilucidan buena parte de las ambiciones del equipo y cuerpo técnico. Garitano vale para mantener en mitad de la tabla a un equipo aguerrido, pero deberá demostrar si su libreta tiene mayor profundidad y recursos. Puede ocurrir, ojalá, que algún canterano irrumpa con fuerza y nos dé ese plus. En ese sentido, la pasada pretemporada de Sancet resultó esperanzadora. ¿Pero y si no?

Una mayor eficiencia en la dirección deportiva, una mejor planificación, quizás podrían habernos ahorrado dilatar en el tiempo este escaso rendimiento en el centro del campo. Los golpes en la mesa no tienen por qué ser exclusivamente para mandar a Remiros a la grada. Un club como el Athletic, que depende de Lezama, no debe ser cortoplacista y sí paciente (virtud que en la afición se va perdiendo a pasos agigantados), y eso pasa en buena parte por apostar estratégicamente. Si se hizo con Llorente, dándole muchos más minutos de los que por entonces merecía y poniendo a Toquero a hacerle el trabajo sucio, ¿por qué no se ha hecho lo propio con Unai López, Galarreta o cualquier otro que apuntara maneras, cuando Iturraspe o Beñat se han cascado temporadas infumables?

En las bandas, Larrazabal deberá demostrar si vale para primera, De Marcos si enfila la cuesta abajo o si lo de este año era un espejismo, e Ibai Gómez (gris, sin apenas participación) y Córdoba ya pueden espabilar o les comerán la tostada más pronto que tarde. Arriba, veremos si sigue Aduriz, al menos para las segundas partes. Y demos gracias a la providencia porque parece que a Williams se le ve más suelto como 9.

Ya, ya sabemos que al ganar somos los mejores y que al perder cambiaríamos a todo el equipo; aunque sepamos, como sabía Toshack, que el domingo siguiente jugarán “los 11 cabrones de siempre”. Pero ojo, ojo con el conformismo. A Caparrós lo sentenció su conservadurismo. Que no le ocurra lo mismo a Garitano y que Elizegi, Alkorta y Ayarza se apliquen el cuento. Dependen de que la pelotita entre, pues cuando no entra todo se torna discutible, especialmente decisiones como el esperpento Susaeta, pagar 4 kilos por un Ibai Gómez que no era indispensable y hubiera venido libre en junio, u ofrecerle 3 años de contrato a Kodro, suplente en Copenhage. Ni cesión con opción de compra, ni siquiera año y medio, no: ¡hasta 2022! Si todo esto es ejemplo de gestión y saber negociar, cualquiera puede ocupar su puesto. Claro que quizás sea eso.

No son formas, joder

Rafa Alkorta fue un soberbio central. Tan bueno que el Madrid se lo llevó, previo pago de una cantidad hoy irrisoria. No hay dinero, las cuotas de los socios son “ridículas”, se excusaba el entonces presidente Lertxundi. Sin embargo, no juzgó ridículo destinar buena parte de lo ingresado por Alkorta para fichar a Larrainzar. El debate se zanjó con una tomatada en su contra durante la presentación del equipo. Una acción que hoy alguno calificaría casi como terrorismo. Y es que, joder, no son formas.

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Tras dar lo mejor de sí en la capital del reino que nos toca sufrir, Alkorta volvió a Bilbo, donde se retiraría, un tanto lastrado por las lesiones, a poco de cumplir 34 años. Sin embargo, el bravo central no encajó bien su retirada y se despachó a gusto ante la prensa, acusando a Heynckes de haberle echado del Athletic en dos ocasiones; primero en 1993 y después en 2002, forzando su retirada. Resumiendo: el míster alemán le dijo que ni el club ni él contaban con sus servicios para la siguiente temporada, por lo que entre lesiones y decisiones técnicas no jugó los 15 partidos que le hubieran dado la renovación automática. Tras hablar con su amigo Zubizarreta, director deportivo a la sazón, Alkorta juzgó que el alemán le mintió y no así un Zubi por quien “pondría la mano en el fuego”. Claro que, en su relato, quedan incógnitas o hipótesis por despejar: quizás fueron Zubi y el club quienes no fueron de cara; quizás su ficha era excesiva para su rendimiento; por qué no siguió jugando si tan fuerte estaba; etc. Poco importa todo esto ya salvo el amargor con que Alkorta se lamentaba del trato recibido y de cómo le hubiera gustado tener una llamada del club. Muy feo todo. No son formas.

Hoy es otro jugador de la casa, Susaeta, quien se ve obligado a salir por la puerta de atrás. Según Elizegi, son Alkorta y Garitano los encargados de planificar la plantilla. Habida cuenta de que el míster se ha pronunciado públicamente a favor de la continuidad del eibarrés, la responsabilidad de dilatar el proceso y generar un problema donde no lo había con un capitán de números históricos recae directamente sobre Alkorta. Independientemente de su actual aportación, su ficha, su peso en la caseta o, haciendo de abogado del diablo, de sus hipotéticas ambiciones fuera del botxo, el trato dispensado a Susaeta no es de recibo, máxime en un club que debe fidelizar a sus cachorros y ser coherente con galardones como el One Club Man. No ya solo por valores, sino por mera supervivencia. Y esto incluye tener que pagar de más hoy por el simple hecho de que no se fueran en el apogeo de su carrera deportiva. De lo contrario, criticar la desbandada de los innombrables tampoco sería de recibo.

Subrayar ciertos valores es triste, pero más preocupante resulta tener que repasar el abc de la gestión a señores que, amén de figurar, deberían ser capaces de ponerse en contacto con un chaval de la casa, que da la casualidad que es capitán y acaba contrato en breve. Todo esto cuando aún no han transcurrido seis meses desde una campaña electoral en la que tildaban a su oponente de “iluminado” (bueno, quizás tampoco le faltara razón en eso) mientras sacaban pecho con sus supuestas habilidades empresariales (que incluían el despido de un sindicalista de LAB, recuerden).

Como en este blog también somos un tanto iluminados, aunque nada amigos de Urrutia, volvemos a plantearnos las mismas dudas que en diciembre; a saber, cuál es el aval real, no el electoral, de la dupla Alkorta y Ayarza para dirigir Lezama. Sería interesante conocer a) cuánto les pagamos los socios por gestiones tan brillantes como estas y, habida cuenta de cómo funcionan las cosas en los txokos de Bilbo, como Mario Fernández Jr. dejó bien claro en campaña a cuenta del baile de nombres y planchas, b) por cuánto se ofrecieron a Elizegi.

Sin embargo, aquellos que nos vendieron un presidente cercano al socio y el fin del hermetismo glacial de la junta de Urrutia como si de la caída del Telón de Acero se tratase, no nos cuentan nada al respecto. Mas no solo eso: la pifia manifiesta que se han marcado con Susaeta ha desvelado que, tras tanta foto y sobreexposición mediática, también saben guardar silencio cuando les conviene. Una lección de coherencia y de formas, salta a la vista.

Mientras, Roma no paga traidores, la prensa amiga se dedica a exculparlos. El Correo, con Agiriano al frente, no ha escatimado tinta en poner el foco sobre Susaeta y de paso atizar a Urrutia por no haberle renovado en su día. Leyéndole, Markel parecía un tiquismiquis por no renovar y, en el fondo, obligar a Agiriano al ejercicio de malabares circenses a fin de blanquear a Elizegi y Alkorta. Capaz de retorcer una pregunta lícita (¿por qué no renovó antes Susa?) en dos columnas de “periodismo” cheerleader, quedó patente que nuestro sofista predilecto no duraría medio asalto ante Sócrates (el futbolista; del “otro” ni qué decir tiene). En medio de tal desaguisado, Latxaga ejercía de contrapeso y ponía un poco de cordura en las páginas del ABC vascongado.

Tamañas groserías suceden cuando confluyen intereses personales, cierto grado de poder e influencia, politiqueo y negocietes varios. Libertad de prensa suele llamarse. Así vamos, funcionando a golpe de chisme y filtraciones interesadas. Entonces ocurren cosas chirenes que uniéndolas nos ayudan a completar el puzzle. Un par de pinceladas recientes:

Alkorta se muestra sorprendido de la animadversión que produce Llorente entre los athleticzales; los athleticzales, incluso algunos votantes de Elizegi, se preguntan si lo de Alkorta es ceguera, ignorancia supina o cínica prevaricación e impostura barata. Mientras, periodistas amiguetes como Monje tratan de allanar el camino para la vuelta de Fernando de manera burda y oportunista.

Otro día los hinchas amanecemos con la noticia de que Etxebe será entrenador del filial el próximo año; Alkorta se muestra ofendidito en prensa porque la filtración no es de recibo y ha tenido que pedir disculpas a Solabarrieta. No son formas, claro.

Así que a setas o Rolex. Si el periodismo deviene en servir al poderoso o intereses bastardos, ajenos al oficio, uno acaba convertido en un correveydile, por no decir cortesano. Y tres cuartos de lo mismo sobre los empleados del club que anteponen su extraña agenda personal a los intereses de una entidad y su verdadera razón de ser, sus hinchas. Pero claro, cuando la grada entona aquello de “sin vividores, Athletic sin vividores” algunos, no sólo los once del verde, no se dan por aludidos. El fútbol profesional un negocio, y el Athletic el sustento de muchos, no solo los tabernaris de Poza.

Las formas, nos dicen, hay que mantener las formas. Seguro que Vinnie Jones opinaba igual.

CE Júpiter – Clapton CFC: Més que un partido

*Colaboración de “Uno que pasaba por allí”

Lunes, 6 de la tarde, primavera en Barcelona, soleada, aunque con temperaturas a la sombra mas cantábricas que mediterráneas. Conseguimos aparcar a una manzana del actual estadio y sede del CE Jupiter, en el barrio de La Verneda, un barrio sin OTA pero con una densidad de población que pelearía con Santutxu a pesar de la amplitud que tienen las avenidas que vertebran el barrio.

En menos de dos horas jugará contra el Clapton CFC, dando pistoletazo de salida a la “primavera republicana” que el ayuntamiento organiza por cuarto año consecutivo con el propósito de difundir los valores del republicanismo a través de diversas actividades.
Porque , desde luego que es posible, positivo y hasta necesario mezclar política y deporte siempre que los valores que se inmiscuyen entre ambos sean positivos para la sociedad.

Doy por sentado que los pocos fieles de este blog o los que lo leáis de pascuas a ramos estáis al tanto de los vaivenes de los distintos clubs que arrastran y promueven unos valores antifas, antirracistas, inclusivos, etc…así que, resumiendo, el nacimiento del Clapton CFC viene precedido por los planes del gerente del otro equipo que se hace llamar Clapton y que quiso desmantelar el club para poder vender el suelo de Old Spotted Dog, el campo más antiguo de Londres.

La historia del hoy anfitrión tiene mas miga y seguramente sea menos conocida. Nacido en una taberna, como toda buena historia, fue fundado por dos hermanos emigrantes escoceses trabajadores fabriles que vieron apropiado nombrar al club como el ganador del certamen de globos aerostáticos que habían presenciado en la playa: JÚPITER.

El club siempre estuvo ligado a los movimientos obreros de la ciudad. El hecho de ser el equipo del barrio del Poblenou, la punta de lanza industrial no sólo de Barcelona, sino de toda Catalunya, hizo inevitable que club y seguidores adquirieran esos valores obreristas y anarquistas del barrio donde vivió Durruti y que seria el centro neurálgico de la CNT.

El escudo, cuatribarrada y una estrella azul de cinco puntas, una declaración de intenciones. La época de la fundación, jodida, y más jodida que se pondría sobre todo para los que se posicionaran políticamente. El pistolerismo estaba a la orden del día, patronos y empresarios contrataban los servicios de matones para acabar con referentes sindicalistas, como ocurrió con el noi del sucre, y las fabricas y los sindicatos respondían con la misma moneda.vHasta el levantamiento de Primo de Rivera, o del primo del Rivera, existía una guerra sin cuartel en las calles de Barcelona entre requetés chivatos, pistolerismo, sindicatos carlistas y los distintos movimientos obreristas que poblaban las fábricas.

El Júpiter no ha podido disfrutar de un estadio propio por muchos años seguidos, empezando por donde debutaron, Campo de la Bota. Un descampado donde ahora se encuentra el engendro del Fórum y que en la Guerra Civil se utilizaría para fusilar a enemigos de la patria.

Pero ni los cambios obligados de campo, escudo y nombre amedrentaron a sus seguidores, tanto que, aprovechando los desplazamientos para los partidos durante la dictadura de Rivera, transportaban armamento desmontado dentro de los balones que llevaban. Incluso existe la leyenda de que las gradas de su estadio -hasta 1948- Lope de Vega, albergaban un un arsenal clandestino, y que desde los bajos de esas tribunas salieron dos camiones con combatientes de la Federación Anarquista Ibérica para hacer frente al golpe del 36. A pesar de no estar documentada esta historia, no sería una locura darla por buena, ya que es vox pópuli el hecho que prácticamente cada fábrica que haya mantenido su emplazamiento originario, dispone de un búnker subterráneo.

Datos que el ayuntamiento intenta verificar, documentar y conservar cada vez que un nuevo búnker es descubierto. En estos casos el ayuntamiento trata el descubrimiento cual yacimiento romano y obliga al propietario a realizar una serie de obras de conservación que puede propiciarle problemas para el funcionamiento de su empresa. Esto hace que quien sabe que la tiene, se lo calle o solo lo comparta con conocidos… ni os imagináis en qué lugares de Barcelona se puede tomar una IPA artesana de premio internacional, entre vespas despiezadas, rollos de cable de detonación y pintadas anarquistas…

Sea como fuere, tras el último traslado a su actual sede en el barrio de La Verneda, entonces un páramo deshabitado y con incipiente inmigración, el apoyo popular nunca llegó a los niveles pre-golpes de estado, no sólo por el traslado, sino porque los movimientos obreristas también perdieron fuelle.

El estadio, ahora de propiedad municipal, se amplió hace pocos años con un nuevo edificio con nuevas instalaciones polideportivas, vestuarios, campo de fútbol-7, piscina… Las nuevas instalaciones, entre la trasera de la tribuna principal y la calle, albergan, además de la sede del club, un espacio donde están el ambigú, el campito de futbol-7 para alquilar a los que les apetezca y una pequeña oficina con merchandising del club. Entramos por ese acceso, tras esquivar un grupo de papi-mamis esperando a que los críos salgan de natación, y vemos que el bar dispone también de unas 8 mesas. Haciendo de ese pasillo hasta el estadio propiamente dicho había una terracita muy disfrutable. Vamos dentro del bar, decoración al uso, barra en L, vitrina mostrando algún aperitivo con pinta un poco rancia y una pizarra con bocadillos a los que han puesto nombres de clubs de fútbol.

Preguntamos si tienen vino -ojo, que no sería de extrañar que no tuvieran- y, ante la respuesta afirmativa del camarero, nos pedimos copa y una Coca Cola para después mezclar. El camarero se presenta diciendo que es de Logroño, así que para el próximo kalimotxo no habrá pegas. Salimos a la terraza y ocupamos una mesa. Desde allí vemos que la cristalera esta decorada con pegatinas, muchas, del talde que parte la pana en el Jupiter. Reducte Gris Grana, RGG a partir de aquí.

Como hemos dicho, es pronto, y queda un buen rato hasta el comienzo del partido, pero ya se ve algún aficionado del Clapton, y alguno del Júpiter. A nuestro lado alguien habla por teléfono sobre carpas y recogida de firmas. Tras colgar, enseguida nos hace saber que están recogiendo firmas para algo llamado algo así como “fuera políticos”, para presentarse a la alcaldía de Barcelona. Sin parar a pensar demasiado en la incongruencia, y tras contestarle afirmativamente nuestros orígenes bilbaínos y del Athletic, llega la ristra de preguntas y afirmaciones típicas a soportar en estos momentos, desde lo bonito de Bilbao ahora, lo gris de antes, el “yo tengo un amigo que hizo la mili en… y vio que…”, y lo de LA ETA cómo va, así, tal lo escribo… echando balones fuera como el Txopo, nos deshacemos del amic.

Casi seguido hacen acto de presencia varias personas con ese aire de pulpo en un garaje, pero de su garaje. Efectivamente, gente del ayunta de Barcelona, Jorge Pisarello, nº2 de Colau para mas señas, al cual nuestro reciente amigo espeta por lo bajini un amigable “a ver si te largas a tu puto país, y no le digo mas porque me contengo”, en fin. En la comitiva, panel-photocall, fotógrafos, miembros de la directiva del Júpiter…

Está organizado por el ayuntamiento, y es el primero de la “primavera republicana”, pero no dejo de pensar en lo alejado que está ese institucionalismo local, esa pose para sacar réditos políticos, de un amistoso que bien podría haberse hecho en mejor día, por cuenta de los dos clubs; y como, en este hipotético caso, ante la pregunta al ayuntamiento de propiciar difusión al evento, nos llevaríamos la negativa por respuesta.

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Es un buen evento, incluso para una ciudad con tanta oferta como Barcelona, así que no tardan en aparecer viejas glorias de la escena barcelonesa. Parkas, harringtons, patillas, calvas, canas, boinas de tweed, Doc Martens, aitas con sus críos de 7-10 años, mods y modettes, camisetas skatalitikas, polos Fred Perry, elegancia y arrogancia, dandismo barriero, cervezas en vasos de plástico, sellos de plata y expresiones en desuso….y la gente de RGG que ya se empieza a agrupar y a sacar los trapos para el partido portándolos hacia unos de los córners.

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Apuramos el trago y nos acercamos al puesto de merchandising. Poco que rascar, las mainstream-eadas camisetas del Clapton que tanto foco mediático ha puesto sobre el club, con los colores de la República y el lema “no pasarán”, han volado. No les quedan existencias prácticamente de nada. Según lo leído, facturan más de 100.000 € en ventas de camisetas, que teniendo en cuenta el gasto irrisorio como club de menos de 5000, se les queda un balance híper positivo para realizar acciones, entre otras, como ésta de viajar a otro país a reivindicar los valores que llevan toda una vida pregonando.

Tras breve charla con una noia, nos dice que algún tons seguro tiene a bien cambiarnos o darnos algo de merchandising. Paso por el bar, kalimotxo fresquito y hacia el córner donde se ubican RGG. Nos colocamos cerca, pero no pegados, es SU partido, y el espacio que ocupan se lo tienen ganado. Colocamos nuestro trapo y esperamos al comienzo del partido. La cosa esta calentita y los cánticos empiezan a sonar cada vez con más ganas. Los claptonianos están con los de RGG y a ojo de buen cubero serán unos 30, más los locales. Muy muy bien.

Empieza el partido. Ah, ¿que había partido? ¿En serio?

Uno de los londinenses, tras pasar por nuestra espalda, me tira el trago “mecago-en-la-cona-de-la-mare-de-deu-kabensotz” –cosas que pasan-. Tras breve intercambio de opiniones, acordamos que, a cambio del vaso volcado, me debe un pin y pegatas. Deal! Intercambio de pegatas, leve explicación de quiénes somos y que hacemos por aquí asi que nice to meet you 😉 Buena gente.

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En el descanso se nos acercaron dos chavales valencianos, del Levante y Valencia respectivamente. Foto, y otra extraña sensación de casi vergüenza ajena, por algunos comentarios politiqueros respecto a Euskal Herria. A ver, son chavalitos y están on fire, pero es una sensación que me invade más veces de lo que me gustaría cuando algún desconocido expresa una retahíla de comentarios entre alabanzas y frotes en la chepa excesivos. ¿Sabes cuando uno del Barça te dice eso de “en caso de perder la copa me gustaría que fuera contra vosotros” tras cascarte 5-0? Pues parecido. Ojo, no les culpo, soy yo el mohíno, no ellos. Pero es así. Reparto de pegatas mutuas y, por supuesto, fotos, y la mejor de las suertes en el nasty-monday que les espera, que se lo han ganado tras hacerse la kilometrada para el evento.

Deportivamente nada destacable, pero tampoco hemos venido a esto. Tras breve inicio de intercambio de golpes y tras el fallo de un penalti por parte del Clapton, el marcador se acabaría declinando finalmente hacia el bando local, por un contundente 5-0. Tras el pitido final, éxtasis colectivo entre grada y los dos equipos. Cánticos que iniciaban jugadores del Clapton y que toda la algarabía entremezclada del Júpiter y el Clapton seguían con apasionante devoción.

MA RA VI LLO SO.

Un par de fotos, acabar el trago y para casa. Una bonita experiencia, única hasta el momento, que deseamos pueda repetirse con otros clubs próximamente.

 

Ya no quedan Atotxas

*colaboración de Txinbo Ibiltaria

Fue un domingo de abril de 1990 a las 17:30. Aita aparcó el R-12 familiar en una esquina al otro lado del Puente de Maria Cristina para dirigirnos a Atotxa a ver un Athletic Club – Real Valladolid que jugábamos en el exilio tras los incidentes contra el Real Madrid de Buyo y Hugo Sánchez dos semanas antes en San Mamés. Los colores grises y marrones inundan mis recuerdos, probablemente influenciados por las imágenes que se ven de la televisión de la época, y contrastan con los cientos de camisetas y banderas rojiblancas que poblaban la capital donostiarra ese día.

No me acuerdo si ya íbamos con entrada o si pasamos por taquillas, ya que por aquellas no era socio. Sé que accedimos de la mano al estadio por una puerta metálica azul del fondo contrario a la Mujika y que parecía la entrada a la lonja de un edificio industrial. Aita, muy prudentemente, vista la jauría que entraba en la grada de pie, sacó la entrada en un lateral cerca del córner, en la fila de abajo, que estaba a menos altura que el césped, con lo que yo, con mis 9 añazos, fui invitado por dos hinchas del Athletic de avanzada edad y ataviados con el uniforme tribunero de la época, gabardina y txapela, a sentarme con ellos una fila más arriba. También quisieron invitarnos a puros y al vino que llevaban en una bota más vieja que ellos y que declinamos amablemente mientras olíamos de cerca el aroma del fútbol de esa época. Puros y césped.

Mientras los goles subían al marcador, un borrachín de nuestra hinchada nos deleitaba siguiendo al linier arriba y abajo. Después del pitido final, en el pasillo de salida, una pelea entre diferentes facciones de hinchas del Athletic terminaba por dibujar un cuadro bastante típico de la época. Hostias, fútbol y cerveza, caña y descontrol, que cantarían mucho más tarde los Suspenders. Curiosamente, años después, un compañero de trabajo que había ido a ese mismo partido en el autobús de una peña ya disuelta de la grada, me contaba su experiencia, con destrozos de mobiliario urbano y tal descontrol que a la vuelta decidió colarse en otro autobús. No obstante, esa época y en ese entorno social, político y económico, en cuanto a experiencia en el fútbol, es la más dulce que recuerdo. Atotxa olía a fútbol, vibraba, era la mejor lata de sardinas que se podía saborear. Un estadio digno de una época y de un equipo serio, un rival y una ciudad dura.

Hace unas semanas estuve en Donosti. Suelo ir, ya que guardo muchas y muy buenas amistades por aquellos lares. Sin mirar mucho en el mapa y quizá por un capricho del destino, acabé durmiendo en un lugar adyacente al antiguo estadio a cuyo barrio no había vuelto desde entonces y en cuyo solar reposa una promoción de viviendas, un parking subterráneo con un supermercado y una plazoleta interior húmeda y decadente. O a mí me lo pareció, vaya. No sé si sería la nostalgia. Yo quería ver algo de aquel Atotxa, imaginaba que un lugar tan mítico tenía que haber sido honrado en la memoria de los donostiarras y los hinchas de la Real, ya que hasta Canal Plus hizo una réplica para El Día Después. Qué menos.

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Mientras tomaba un café en uno de los locales de la plaza, reflexionaba sobre lo triste que era que la especulación inmobiliaria lo hubiera borrado del mapa y hubiera mancillado la memoria de tantos realistas. No pongo en duda que una ciudad necesite espacios para albergar a sus residentes o sus vehículos y que una instalación deportiva no es la mayor prioridad, pero el único recuerdo de lo que había sido aquel lugar lo encontré en las placas que indican que la plaza se llama Atotxa. Y ya. El chiste de la otra imagen se cuenta solo.

 

Donostia ha cambiado. Mucho. Lo más caro de aquel viaje del año 90 fue la gasolina del coche. En 2019 pagué mucho más por el alojamiento y la comida, y menos mal que no me dio por ir a Anoeta. En un lugar lleno de turistas, con su viejo templo eliminado, y todo tan caro y reluciente, no sabía muy bien si estaba allí o en el mismo Bilbao. O quizá en París.

 

Goles, humo, filtraciones y cambio de cromos

Elizegi cumple 100 días al frente de Ibaigane. Ya saben, el margen habitual que suele darse a cualquier recién llegado antes de ponerlo a caldo o auparlo a los altares. Como en esta casa somos de repartir a diestro y siniestro, y sobre todo a diestro, algo habremos de decir de la actual dirigencia de este nuestro rojiblanco club. Porque, por si hubiera despistados, que echáramos pestes de Urrutia no nos hace amigos de Elizegi. “Es que no os gusta nada, cabrones”, nos reprochan. Ya, es que jodidos iríamos si sucumbiéramos a la (escasa) oratoria y (pésimos) cantos de sirena de unos y otros.

Todo balance está condicionado por el devenir del primer equipo, por lo que Elizegi respira tranquilo. Garitano, a quien curiosamente aupó Urrutia, es el gran artífice del vuelco en juego y resultados. Elizegi, acertadamente, le ha renovado por un único año. Y menos mal, pues parecía dispuesto a darle el oro y el moro cuando el fútbol es pura coyuntura o, por decirlo en términos caparrosianos, te transforma de monja a puta en lo que duran 90 minutos. Garitano, en todo caso, deberá demostrar si nos puede meter en Europa y si, una vez cimentada una idea y un bloque sólido, es capaz de sacarle chispas a la plantilla, más allá del “kick and rush”.

Hablando de la plantilla, habrán de tomarse decisiones delicadas. Opiniones hay para todos los gustos, y aquí pensamos que Susaeta merece la renovación, bien por trayectoria bien por aportación, pero también porque en tiempos de transición alguien debe tener ascendencia en el vestuario y ejercer de correa de transmisión de ciertos valores. Podríamos seguir teorizando sobre la conveniencia de renovar a Larrazabal hijo o la de fichar a los Llorente, Martínez y cía (desde aquí la más absoluta de las negativas a la vuelta con alevosía y agosticidad de aquellos que se largaron), pero nosotros no decidimos. A todo esto, ¿quién toma las decisiones de calado en este club?

Hombres fuertes de Lezama son, en teoría, Alkorta y Ayarza. Sus méritos para estar ahí son entre pocos o ninguno, sobre todo el segundo. Realmente, hablar de lo extraordinario o catastrófico que es Lezama, como hicieron las dos planchas en campaña, sea por autocomplacencia o demagogia, es el mejor modo de joder Lezama y de infantilizar al socio. Lezama es tan vital que en vez de estar sujeta a burdos cambios de cromos sin aval ninguno debería contar con un plan a medio-largo plazo y una política de contratación basada en méritos y no en amistades o filias y fobias personales. Y a pesar de todo, como que por ejemplo alguno no se empane de cómo actuar con clubs convenidos y chavales tentados desde fuera de la provincia, siguen saliendo jugadores.

Mientras, no sabremos a cuánto asciende el jornal de Alkorta (aunque sí sabemos por cuánto se ofreció a la otra candidatura) ni el de Ayarza, y eso que El Correo nos habla del fin del hermetismo glacial de la junta anterior. Claro que hay cosas que es mejor no hablar, no filtrar.

Ciertamente, Urrutia era hermético: sólo hablaba de lo que le interesaba y lo que no lo despachaba de manera rudimentaria. Tampoco hay que olvidar que la mayoría de periodistas se empecinaban en cuestionar sinsorgadas o posibles fichajes. Así hasta el hastío. Elizegi, en cambio, sufre de sobreexposición. Cualquier salsa mediática le vale, aunque haya tratado al Athletic como a la peor de las mierdas. Así, en ABC nos contó que San Mamés es ideal para la Eurocopa 2020. Nosotros, en cambio, creemos que la Eurocopa es ideal para 1) la burguesía local, que se lo lleva crudito mientras los trabajadores sufren condiciones laborales mierdosas, 2) la UEFA, que está eximida de pagar impuestos, y 3) el nacionalismo español, ultra orgulloso de poner una pica en Flandes. Políticamente, medallita para el PNV, que nos hablará de riqueza, empleo e impacto económico. Lluvia dorada, amigos, pero en forma de orina.

Más recientemente, Elizegi ha abierto las puertas a la diáspora, pues él con su mirada es capaz de detectar los sentimientos del interlocutor. Sonaría a coña de no ser grave. Un juego convertido en negocio, los futbolistas en mercancía ávida de dinero y él nos viene con esta milonga. Lástima que Elizegi no asesorara en su día a la junta precedente; gracias a sus privilegiados ojos nos habríamos ahorrado muchos sinsabores con Kepa, Llorente y compañía. Pero tranquilos, con Elizegi en Lezama podremos librarnos de desafectos y fichar sólo a quien nos quiera de verdad, no porque le pongamos un nuevo Jaguar en el garaje. En fin, esperemos que Agiriano y JOL estudien las similitudes entre este discurso y las arengas esencialistas de Urrutia, pues ambas van sobradas de humo… Oh, wait: Elizegi era su candidato. Oh, wait: cambiar una política de contratación objetiva, a pesar de las trampas al solitario, por una absolutamente subjetiva y sujeta a vaivenes de mercado supone el caballo de Troya perfecto para colarnos el sueño húmedo de El Correo (muy y mucho) Español, a saber, cargarse lo que queda de filosofía.

Claro que Elizegi, o el conglomerado reunido en torno a su figura visible, es preso de los apoyos recibidos. De ahí que tenga que contentar a ciertos periodistas y filtrar información convenientemente. La situación resulta tan surrealista que, más allá de la polémica sobre el (des)conocimiento o el (des)uso del euskera por parte de Nika Cuenca, el socio se entera vía filtración de que tenemos nuevo director de comunicación. Ni pies ni cabeza: ¿para qué queremos flamante director de comunicación si funcionamos a base de filtración y conversación de pasillo y amiguismo (todos juntos al boxeo) y, además, el presi está hasta en la sopa? ¿Para poner orden en el camarote de los Hermanos Marx?

Joder, alguien debería hacernos un croquis de amistades, enemistades, favores en diferido, politiqueo y negocietes varios que circunvala a tanta farándula local. Lo publicamos, fijo.

Porque llueve sobre mojado, y como hiciera Urrutia con Asier o Mendiguren, enchufándoles en la Fundación, ahora Elizegi hace lo propio con Erkoreka. Pagar favores, contentar amistades. Cambio de cromos. Quítate tú que me pongo yo. Poco o nada importa la valía o la inutilidad del saliente. Como siempre, si las cosas chutan será por los curritos que sacan el tajo adelante. Mucho jefe, mucha foto, poco indio.

En cuanto a la grada, Elizegi prometió un The KOP. Aquí dijimos que era humo, y así es de momento. Lamentablemente, parece que no hay valentía, sea con aval asambleario o no, para liberar un único fondo o, cuando menos, sus sectores centrales. De hecho, parece que apuesta por mantener la división de dos sectores esquinados, el mismo error (¿premeditado o no?) de Urrutia. El refranero dice que “divide y vencerás”, y a nosotros nos gustaría saber qué es lo que ganan los agentes implicados en mantener o reforzar esta división en dos gradas. Porque el equipo, a priori, pierde. De la ikastola de animación, por otra parte, nada más se supo, y aquí nos alegramos porque huele a grada vertical y teledirigida. Desconfiados que somos, qué le vamos a hacer.

Por lo demás, Elizegi ha tenido bonitos gestos como invitar al palco al hincha apaleado por ultras valencianos o a los padres de Iñigo Cabacas. También invitó, por otra parte, a la familia del ertzaina que murió de un infarto el día del Spartak, proyectando un video a modo de homenaje en el marcador durante el descanso; el mismo descanso en el que hicieron acto de presencia ertzainas en la grada de la ICHH, so excusa del tabaco. Al respecto podríamos extendernos muchas líneas, pero mejor parar.

Los gestos, gestos son. Pero sin una apuesta y una orientación clara, los gestos “se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Alguno quizás recuerde qué palabras seguían a esta conocida cita de Blade Runner.

El fanzine como expresión popular

Los hay sobre subculturas, sobre música, sobre deporte, sobre una hinchada o sobre política. Los hay de todo tipo de tendencia ideológica, a color o en blanco y negro, incluso blogzines como el propio Alabinbonban. Y todos tienen en común lo mismo: la pasión de sus escritores y dibujantes hacia eso sobre lo que escriben o pintan. Y cuanto más artesanal y original sea el proceso, más placer le da al autor el resultado final, sobre todo si es del gusto del lector. Esto no va de conseguir likes, retuits o matches, sino de vaciarse y expresarse sobre una líneas o, en palabras de Berri Txarrak, gure arimak hustu, ta zuenak bete.

En esta era de internet donde todo está digitalizado y cualquier retromonguer (que diría el Reno Renardo) tiene la opción de soltar lastre a sus miles de seguidores desde una red social y convertirse en influencer, la gente de la ICHH ha decidido apostar por el Old Style y currarse un fanzine a todo color, en papel, a la antigua usanza, en una oportunidad de unir lo antiguo y lo moderno donde nos podemos expresar sin ataduras de ningún tipo, algo excepcional e inaudito dentro del universo zurigorri, que dice un buen amigo de este blogzine. ¿Por qué lo queremos subrayar? Porque a veces no apreciamos lo que tenemos y conviene ponerlo en valor. Los tiempos de los fanzines futboleros tan comunes en los 90 pasaron a mejor vida hace años, cuando prácticamente cada grupo tenía el suyo. De ahí se pasó a webs y blogs cuyo valor es a menudo difuso, con notables excepciones.

Quizás la abundancia y calidad de fanzines sea un indicativo de (sana) cultura futbolera. En Inglaterra, cuna de toda esta movida, muchísimos clubs cuentan con hinchas dispuestos a expresarse mediante fanzines. Menos medios quizás, pero más pasión que toda una legión de escribanos a sueldo. Y, sobre todo, más horizontal. Por los hinchas y para los hinchas.

En Bilbao hubo varios fanzines, principalmente ligados a las peñas más bulliciosas. El más famoso fue el Antiultra que editaba HNT, pero también Tripustelak tenía el suyo, incluso el Comando Rojiblanco. Y como en todos lados, también hubo un parón que vino de la mano de las gradas con asientos. El aburguesamiento afecta a la creatividad y también a la cantidad, y toda una generación de hinchas del Athletic no tuvo la opción de acceder al estadio y enriquecer esta parte fundamental de la escena. Y así hasta hace unos meses.

Las referencias generales que existían en Bilbao, aparte de los citados fanzines, eran las revistas oficiales del club, el programa de cada partido, la prensa profesional, y sobre todo y ante todo, la prensa amarillista. Un solar en el que sólo faltaban las barrillas rodantes y el viento silbando. Escena que contrastaba con lo que muchos veíamos en otros lugares, no demasiado lejanos. La Banda Izquierda en Vallecas o el Bómbialu en Ceares, por destacar dos de ellos. Vamos, que había que ser un auténtico apasionado del mundillo de las gradas para encontrar el material.

Por otro lado, la parte más cultural alrededor del Athletic Club giraba en torno a la Fundación, con su Thinking y su Letras y fútbol. No estamos aquí para quitar méritos ni poner medallas, pero todo lo que surge desde arriba corre el riesgo de taponar y censurar lo de abajo, máxime cuando desde el club, y desde tiempos inmemoriales, se desprecia profundamente todo lo que huele a grada, a izquierda, a expresión popular y a participación desinteresada. Ejemplos hay a patadas, aunque luego los éxitos sí que quieren capitalizarlos, desde lemas a ideas. Porque con ideas ajenas uno se pone medallas a las que podrá sacar rédito y un lema encapsulado en una camiseta se convierte en mercancía, en cash.

Es por ello que queremos aprovechar estas líneas para dirigirnos a los más jóvenes de nuestra hinchada. Participad, comprad el fanzine o haced el vuestro; escribid, abrid un blog, pintad o haced una bandera artesanal. Expresaos. Y que nadie os diga dónde, cuándo o cómo. Les molestará, y eso llena más que un millón de likes. Frente a su modelo cultural vertical, hazlo tú mismo.

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