Tres para septiembre

Lunes, un bar del botxo, dos del mediodía pasadas, la tele repasando la jornada dominical futbolera y más concretamente el enésimo bochorno del Athletic. Declaraciones de los futbolistas: “Esperemos que el próximo entrenador sea de nuestro agrado”, dice Yeray. Alguien se queja desde la barra: “estos no han trabajado en su puta vida”. La pantalla muestra a Kepa a continuación: “tendremos que adaptarnos a lo que el nuevo entrenador quiera”. Bueno, esto parece otra cosa. Claro que es el portero, el que menos corre y menos adaptación necesita.

Entre sorbo y sorbo uno recuerda las palabras que, convenientemente ampliadas por los medios, recientemente cruzaron Mikel Rico y Cuco Ziganda en rueda de prensa, cuando el divorcio era irresoluble y los últimos partidos una agonía. Y cómo olvidar la bravata de Aduriz en la previa de Marsella, “quién no crea en la remontada, que no venga a San Mamés”, algo que preferimos interpretar como arenga desesperada. O, ya puestos, las palabras de San José hablando del grupo de Europa League, como si el Zorya fuera el Milán de Van Basten y el Ostersunds el Dream Team de Cruyff. Será eso, que no tenemos ni puta idea.

Así que con la osadía que nos da la ignorancia, he aquí un par de apuntes sobre una temporada de suspenso a todos los niveles.

Suspenso a Cuco por no haber estado a la altura de lo que su cargo exigía. ¿Ha habido alguna idea de juego definido? ¿Algo a lo que asirse en momentos de zozobra?

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Suspenso a los jugadores que, independientemente del míster y salvo honrosas excepciones (Iago Herrerín salvó la Europa League, Nuñez ha demostrado su valía y poquito más que destacar), han estado por debajo de su nivel o, cuando menos, de su salario. Segunda peor clasificación histórica. Y si eso no lo dice todo, siempre tendremos los rumores de vestuario, la falta de feeling y demás paños calientes de los millonarios prematuros (y mingafrías, añadiría Clemente).

Suspenso a una directiva pusilánime, sin plan B y sin arrestos para cesar, fuera en diciembre o en febrero, a un entrenador incapaz de reconducir la nave. No llegar a Europa o quedar un mísero puesto más atrás suponen pérdida de ingresos. Curioso que los economicistas del club no repararan en ello, cuando encima hay que leer que Cuco cobrará los dos años íntegros.

¿Y a quién se le ocurre firmar por dos años a un entrenador muy lejos de ser top? A Josu Urrutia, amigo del míster. Pero no contento con eso, ha renovado este mismo año a jugadores con un rendimiento muy pobre. Las cifras las desconocemos. Habrá que esperar a que El Correo suelte la enésima mentira del mes para variar y así enterarnos vía comunicado de por dónde van los tiros.

Bendito verano. Por cierto, suena Mendieta.

 

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Media entrada

El horario, el rival, el cansancio, la desidia y las obligaciones se juntaron ayer para alejarnos, una vez más, de un nuevo tropiezo en La Catedral, algo a lo que nos hemos acostumbrado como si fuera aquella aciaga temporada de Stepanovic. Y la verdad, no nos arrepentimos en absoluto, algo que también se está convirtiendo en costumbre, a la vista del resultado y la apatía mostrada por los jugadores y el gélido ambiente que se respira en nuestro nuevo templo.

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Quizá lo más llamativo sea eso, el sudapollismo total que nos gastamos y que, dicho sea de paso, compartimos con la mayoría de athleticzales con los que hablamos de la situación del club. De hecho fue imposible colocar el carnet, como lo ha sido en numerosos partidos de esta temporada. El atractivo de ir a San Mamés es hoy ínfimo, y los 25000 sufridores de ayer lo pudieron comprobar in situ. Ni siquiera media entrada.

Ya ni pitamos. Para qué, pensará la mayoría, si después de desastres como contra el Formentera la cosa sigue igual. Para qué, si el club sigue en manos de los mismos, la alternativa es casi peor, y lo único que cambia es la cara del entrenador y la nómina de unos jugadores mediocres y chantajistas, que tienen un IPC propio. Para qué, si puedo piratear la señal de la TV y verlo en casa, o en el bar del barrio con una birra en la mano y no llevarme otro cabreo por tener que volver a casa a medianoche con cara de circunstancias.

Desgraciadamente, todas las reflexiones sobre cómo hemos llegado a este punto en el fútbol y en Bilbao se quedarán en tercer plano cuando se hable de fichajes millonarios, entrenadores de primera fila, elecciones y demás parafernalia. Es lo único que interesa al hincha medio rojiblanco. Son capaces de robarnos el alma y ni nos enteramos. La perfecta cortina de humo.

Tristemente, no nos quedan ya ganas de remar a contracorriente, de empujar a pesar de las circunstancias, de hacer propuestas de animación, y tantas otras cosas más que antes nos motivaban. Tenemos lo que merecemos, porque los que gestionan arriba son el reflejo de los que les votan y toleran abajo. Somos la afición más dócil de la Liga, quién lo iba a decir en los 90.

Nos alegramos enormemente de que esta campaña toque a su fin. Y no somos los únicos. Quién sabe qué pasará en agosto. Pero ningún fichaje de renombre, ningún gasto excepcional va a ocultar lo que sentimos. Y poco tiene que ver con los resultados, que hace no mucho fueron bastante peores…

Pero sabemos que en cuanto la pelota entre la gente volverá aunque juguemos un puto lunes invernal con pingüinos por las aceras. Resultadistas somos y en el camino nos encontraremos. Clasificación, amigo.

Resumen: M.A.R.S.E.L.L.A.

Mentalitá: dícese de un batiburrillo flexible a interpretable o pseudocódigo deontológico propio de una particular manera vivir el fútbol y el mundo “ultra”, con normas de actuación que a priori ensalzan la dignidad, la pasión y ciertos aspectos más, propios y exclusivos de las gradas de los estadios.

Antifascistá: se supone que lo eran. Pero no podemos entender cómo todavía, en la Europa más fascista desde el año 45, los grupos ultras con mentalidad antifascista no han hecho una reflexión sobre la violencia en el fútbol y a qué nos conduce. Sigamos jugando a la ruleta rusa (no va con segundas).

Realitá: banda de macarras viaja armada a tu ciudad y tira bengalas a hinchas de la grada inferior que nada tienen que ver con el mundillo, actuación que, para más inri, recuerda bastante a enemigos acérrimos suyos de la capital francesa a quienes tanto odian. Sí, ayer los macarras del Olympique de Marsella pensaron que Bilbao no era Donosti y aquí no había buenos pintxos, y trajeron los suyos de casa. No para cortar queso y hacerse un bocata o cortar la txina y hacerse un porro, se entiende. En redes sociales ya habían avisado de que venían con intenciones, y lo demostraron. Pero olvidaron de que las duras calles de Marsella no lo son tanto en Bilbao y han quedado retratados.

Securitá: por una vez, el dispositivo diseñado por la Ertzaintza parecía que iba a funcionar. Fueron conducidos al Gulag de Zorrotzaurre y allí pasaron un buen rato con las gaviotas, a quienes no agredieron. Pero fue ser conducidos a La Catedral al grito de “Puta Bilbao, puta Bilbao” (pura poesía provocativa en un barrio con la densidad poblacional de Siberia), y se desataron las hostilidades. Por el camino ETB cubrió en directo su corteo, explotando el morbo y dándoles notoriedad. Una vez dentro del estadio, el cacheo falló, otra vez. No sabemos si los ultras llevaban las bengalas en el recto o si son magos, pero las metieron. Nada que objetar si hubieran sido responsables y simplemente las hubieran encendido y apagado en el lugar. Pero hicieron lo que se esperaba de ellos teniendo en cuenta los precedentes. Tiraron una encendida a la grada inferior. Y San Mamés estalló. Luego algunos ultras se quejan de las prohibiciones pirotécnicas  con el  trillado “no pyro no party“. ¿Quizá debería cambiar a “no brain no party“?

Eurocopá: no estamos preparados ni como ciudad, ni como provincia ni como sociedad para afrontar a los que nos puede venir en el 2020. Es más que evidente, y no nos cansamos de repetirlo.

Liberté: …pour les ultras? Así rezaba una pancarta en Marsella uno de sus últimos partidos en casa. Hay tres detenidos, y buscan a un cuarto, por las agresiones a los trabajadores de la seguridad privada de San Mamés. A uno de hicieron un corte en el cuello con la hebilla de un cinturón después de la gran hazaña de la bengala.

LegalitéSinceramente, en un contexto de recortes de libertades en todos los ámbitos, incluidos los estadios, actuaciones estúpidas como las de ayer no hacen más que justificar las medidas excepcionales e injustas que sufrimos los hinchas, lo que nos conduce otra vez a la reflexión en las gradas antifascistas. Estando las cosas como están en Bilbao, todo apunta a que se comerán un buen marrón.

Au Revoir: podemos decir agur a la Europa League durante un par de años. No damos la talla y hemos vuelto a ver otro esperpento futbolístico como hacía tiempo que no recordábamos. Sin estrategia, a trompicones, hemos sido inferiores a todos los equipos que nos hemos cruzado. La buena noticia es que dejarán de visitarnos algunos indeseables como los de ayer. Au revoir pues, o hasta nunca.

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Athletic VS Hertha: modelo PNV VS modelo alemán

Ayer fuimos testigos directos, en primera persona y en nuestra casa, de la antítesis al modelo de fútbol imperante en nuestro entorno y en el que la dirección del Athletic ha profundizado más que nadie. No solo se daban cita dos equipos necesitados de puntos para superar la liguilla. También dos aficiones, dos gradas y dos modelos. Y si en el césped el conjunto bilbaíno salió vencedor, en el estadio el resultado fue opuesto y demoledor. Para la dirección, entiéndase, nosotros ya lo teníamos claro y de hecho, la grada local mantuvo un buen nivel ante un rival aplastantemente superior.

Nada más entrar en San Mamés, la visión de la grada visitante era espectacular. 3000 alemanes, 1800 de ellos de su grada popular, contemplaban el calentamiento de su equipo de pie, animando de manera ensordecedora a ratos, formando ese compacto muro tan común en Alemania, sea Berlín, Munich o el archiconocido de Dortmund. Enfrente, una todavía semivacía Herri Harmaila empezaba a tomar consciencia de que la labor de animar sería, de nuevo, hercúlea.

Sobre lo que ocurrió en el césped, poco que añadir. Simplemente que cuando el equipo aprieta la afición responde y la grada empuja más. La segunda parte dio buena muestra de ello y durante unos minutos San Mamés se hizo dueña del ambiente con la ICHH pisando el acelerador. Pero fue un espejismo. Era ponerse a animar los alemanes, y la balanza de decibelios caía claramente de su lado. Lógico, nos triplicaban en número y contagiar a las tribunas es complicado. Y eso que el 111 suele responder y parte del 109 también. Del 124 qué decir…

*comparativa de las dos gradas en sus respectivos estadios

Alguno seguirá repitiendo el mantra de que de viaje se anima más, que viajan siempre los aficionados más dispuestos a alentar, que el horario no acompaña, que el partido es de pago y que el juego es insulso. Mantras de una afición acostumbrada a mirarse el ombligo y no ver más allá del la cima del Gorbea. Alemania cuenta con las gradas más potentes y numerosas de Europa, con precios populares, con unos horarios conocidos desde principio de temporada, unos estadios modernos y adaptados a un modelo que permite que miles de hinchas jóvenes sigan acudiendo a ver a su equipo cada fin de semana. Y no estamos hablando de un fútbol que combate lo que se ha venido a llamar fútbol moderno. Están metidos hasta el tuétano. Pero han sabido combinarlo.

Ahora pensemos en San Mamés, “nuestro” San Mamés y el modelo que ha puesto en marcha el PNV. Porque esto viene de arriba, no lo ha diseñado Josu Urrutia. Asientos Premium casi completamente vacíos en una zona que corta en dos la grada y la tribuna. Palcos VIP a rebosar de gente guapa mientras la ICHH se ahoga en una esquina que resulta insultantemente ridícula. Sí, los Gazte Eguna son una buena iniciativa (idea de la ICHH, por cierto), pero debería ser en la grada y su sitio histórico y lógico, el centro de la tribuna baja de San Mamés. Se pueden poner los parches que se quieran, pero la realidad es que la gentrificación de La Catedral no se soluciona como lo han hecho con la cubierta. Se afronta de raíz. Ayer se evidenció. Y para muestra, os dejamos unos cuantos vídeos de la curva local del Hertha.</p>

 

Héroes y villanos

*Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban para Russia World Punch 2018

Ya el mismo título deja a las claras por dónde irán los tiros en esta última crónica de la fase de clasificación para el Mundial de Rusia del año que viene. Y al ser la última, vamos a hacer una especie de carrusel con los dos últimos partidos de fenianos y caledonios, con final feliz para los primeros y triste, muy triste, para los segundos.

Como decía aquel viejo chiste, primero os contamos las malas noticias y luego, las buenas.

ESCOCIA

Escocia 1 – Eslovaquia 0 (5/10/17): Las dos últimas victorias habían devuelto la esperanza a la tropa de Gordon Strachan. Pero esa esperanza debía venir acompañada de victorias en los dos partidos restantes, siendo el primero la visita de Eslovaquia a Hampden Park, el principal rival y el que a la postre se llevaría el gato al agua acabando en segundo puesto.

Y parece que Caledonia salió mentalizada desde el principio, ya que se cascaron el que probablemente haya sido su mejor partido de esta fase de grupos. Cierto es que la expulsión del eslovaco Mak en el minuto 23 (hay que ser membrillo para simular un penalty cuando ya tienes una amarilla) ayudó lo suyo, pero sería injusto reducir a esto la superioridad local: Escocia fue mejor jugando contra once y contra diez. Sin embargo, a pesar del dominio y las ocasiones, se llegó sin goles al descanso.

En la segunda mitad este dominio se acentuó aún más, pero la pelotita seguía sin querer entrar: Martin disparó al larguero, poco después Griffiths hizo lo propio, entre estas ocasiones el portero visitante se lució ante otros dos o tres goles cantados, la Tartan Army que se desesperaba y el tiempo apremiaba. Y como a este equipo le van las emociones fuertes y le pasan más cosas que a Rompetechos en una ferretería, hubo que esperar al minuto 89 para, por fin, ver el ansiado y vital gol, aunque tuviera que ser en propia puerta a cargo de Skrtel -viejo conocido en Anfield- tras galopada y posterior centro de Anya, que había salido de refresco en la segunda parte, como suele ser habitual. Visto lo negados que estuvieron los locales de cara al gol, parece que fue la única manera de que el balón entrara… y casi lo vuelve a parar Dubravka, el mejor de los eslovacos sin duda alguna.

Escocia conseguía así una victoria in extremis, una victoria que nunca debió haber costado tanto ya que hizo méritos más que suficientes para ganar holgadamente, pero es que quizás radiquen aquí todos o algunos de sus males: Que pierdas cuando juegas mal o regular y que para ganar tengas que sufrir como un perro, incluso jugando bien al fútbol. En fin, el caso es que la crucial victoria, unida a la derrota de Eslovenia en Wem-be-ley (¿la primera vez que se celebraría una victoria inglesa en Hampden?) dejaba a Escocia en segunda posición, dependiendo sólo de ellos el pase a la repesca. Siguiente y última parada, Eslovenia.

Eslovenia 2 – Escocia 2 (8/10/17): Cuando más se necesitaba la respuesta del equipo, llegó el petardazo final, un partido absolutamente infumable, indigno de un equipo que se jugaba el pase a una repesca que les podría llevar a la primera cita internacional en veinte años. Y para más inri, ante un rival que no se jugaba nada, ya que sólo un milagro -que, por supuesto, no se dio- podría darles el segundo puesto del grupo. Así que, ¿cómo es posible que un equipo que venía de menos a más y que se jugaba lo que se jugaba fuera muy inferior a un equipo cuyos jugadores pensarían más en la playa adonde ir el verano que viene? Pues eso es exactamente lo que pasó. Eslovenia fue siempre superior, en todo menos en el resultado, con un empate a dos final a todas luces injusto viendo los méritos de unos y otros. Cierto es que durante varios minutos Caledonia estuvo clasificada, gracias al gol de Griffiths (de los pocos que se salvan de la quema) mediada la primera parte, pero esto sólo fue un espejismo pues la segunda mitad fue directamente para meter en una caja fuerte y tirar la llave y la propia caja fuerte al más profundo de los océanos, donde el hombre no haya llegado jamás. Ya incluso antes del empate a uno, Gordon había tenido que emplearse a fondo para evitar los goles locales. Si contra Inglaterra en Hampden fue uno de los máximos culpables de que volaran dos puntos sobre la bocina, el domingo se erigió en salvador… pero claro, cuando tu defensa te deja vendido, pues ni con Arconada bajo palos. Así sucedió en los dos goles eslovenos en veinte minutos, los dos a balón parado y los dos pésimamente defendidos, el primero en una falta que al rematador sólo faltó que le hicieran un aurresku de honor, y el segundo, tras un corner en el que Bezjak marcaba por segunda vez en la noche con un hábil disparo sin oposición a la altura casi del área pequeña. Ignominioso.

¿Y qué pasó con Escocia? Lo más triste: Ni un atisbo de reacción, un equipo sin rumbo, ni dirección, ni sentido alguno, que pululaba por el campo sin ninguna convicción (y eso que quedaban 20 minutos tras el 2-1). Los miles de escoceses que se trasladaron hasta allí no debían dar crédito de lo que estaban viendo: ¿Dónde estaba su equipo? Por eso fue casi milagroso que lograran el empate a última hora -otra vez- que, aunque no sirviera de nada, evitó el ridículo de perder contra un rival que, repetimos, no se jugaba nada. Si acaso, al menos pudo dar un poco de emoción a los minutos finales, pero parecía que ni los jugadores se lo creían, como si el empate se lo hubieran encontrado, en vez de que lo hubieran buscado.

Escocia ponía punto final a su intento de llegar a Rusia de la peor de las maneras, con una pájara tan inesperada como injustificable, poniendo en duda tanto a la plantilla, como al bueno de Strachan, que algo nos dice que tiene la horas contadas en el banquillo. Siga o no, el horizonte es desolador.

IRLANDA

Eire 2 – Moldavia 0 (6/10/17): Si Escocia se presentaba con la moral reforzada en esta recta final, a Eire le pasaba lo opuesto. Tras realizar una notable liguilla, las cosas se habían torcido en los dos últimos partidos. Pero la gran diferencia radica en que mientras los irlandeses se mentalizaron de verdad, sus hermanos escoceses, no.

El primer escollo pasaba por ganar sí o sí en Dublín el pasado viernes a Moldavia, rival ya deshauciado y luego esperar algún pinchazo de sus rivales, Serbia y Gales. El guión se cumplió por parte feniana y galesa ganando sus partidos, no así Serbia que, contra pronóstico, perdió en Austria a última hora (3-2).

A Eire le salió el partido soñado: Encarrilar pronto el asunto, tener al fin un encuentro sin sobresaltos y reservar fuerzas para el acto final en Cardiff. Antes de cumplirse los dos minutos de partido, Murphy adelantó a los locales. Y a los veinte, el propio Murphy anotó el segundo con un gran cabezazo. A partir de ahí, ver pasar el tiempo y no forzar la máquina más de la cuenta, ya que no se esperaba que Moldavia plantara cara, como así sucedió. En definitiva, un partido que no pasará al libro de oro del fútbol, pero que firmaría cualquiera que estuviera en el pellejo de los irlandeses. Estaba claro que lo gordo vendría tres días después en Gales, cosa que entendieron perfectamente tanto jugadores como los aficionados que acudieron al Aviva. Tocaba guardar energías.

Gales 0 – Eire 1 (9/10/17): Tras la derrota de Serbia en la anterior jornada, Gales se presentaba ante los suyos en un Cardiff City Stadium hasta la bandera, incluidos algunos miles de irlandeses que aportaron, y mucho, a un electrizante ambiente que nos retrotrajo a ese fútbol de antaño que tanto añoramos y que ya se palpó desde los prolegómenos con los himnos entonados a pleno pulmón. Los galeses lo tenían (casi) todo de cara: Jugando en casa, valiéndoles tanto la victoria como el empate, incluso con opciones de quedar primeros de grupo y, siendo honestos, practicando el mejor fútbol que se pueda ver en las islas a nivel de selecciones a día de hoy. A Eire, por contra, sólo le valía la victoria para ir a la repesca. Quizás esta simplificación de opciones hizo que los fenianos salieran con las ideas bien claras. Sea como fuere, el caso es que se marcaron un partido de lo más serio, disciplinado y sufrido, defendiendo como gato panza arriba cuando tocó y maximizando sus pocas ocasiones arriba, como era de esperar ante un partido de tanta trascendencia.

A pesar de la más que sensible baja de Bale por lesión, Gales entró mejor al partido aplicando esa máxima tan atractiva de “la mejor defensa es un buen ataque”. Ciertamente, el secreto galés radica en la posesión como mejor arma para defenderse. Lejos de poner el autobús y dar el balón al rival, llevaron la iniciativa del partido desde el pitido inicial. Lo que pasa es que enfrente se encontraron con unos tipos que vinieron con el cuchillo entre los dientes, pero que tampoco pusieron el autobús bajo la portería de Randolph, muy seguro durante los 90 minutos. No en vano, el empate no les valía. Por tanto, la consigna era doble: seriedad atrás pero había marcar.

Con estos mimbres, el partido se tradujo en constantes idas y venidas, un ritmo frenético, pero no muchas ocasiones. Y claro, estos arrebatos calaron en unas gradas totalmente implicadas en la causa. Si los irlandeses se soltaban con un estruendoso “Fields of Athenry”, la parroquia local respondía con su solemne himno “Land of my fathers”. Maravilloso.

La segunda parte comenzó de manera similar a la primera, con Gales apretando pero, esta vez, llegando con más peligro a portería. Es aquí cuando emergió la figura de Randolph, especialmente cuando mandó a corner un cabezazo a bocajarro en la mejor jugada trenzada por Gales.

Sólo cuatro minutos después, en el 57, llegó el momento no sólo de la noche sino de toda la fase para Eire. Los acontecimientos se desarrollaron tal que así: Hennessey saca en corto de portería hacia el capitán Ashley Williams. Hendrick va como un jabato a presionar provocando que el galés se haga un lío y acabe perdiendo el balón. Cuando éste parece que va a salir por banda, el bravo irlandés consigue meter la punta de su bota lo justo consiguiendo milagrosamente que el balón avance paralelo a la línea de cal de la banda derecha ante la atenta mirada del linier. El esférico sigue en juego pero ahora se acerca a la línea de fondo. Hendrick no se rinde y consigue centrar en un titánico esfuerzo que bien merece una estatua en la plaza de su pueblo. El forzado centro sale más bien raso. Pilla a contrapie a un compañero, luego a otro, pero desde atrás aparece James McClean. A eso de la altura del punto de penalty, no se lo piensa dos veces y suelta de primeras un brutal derechazo, uno de esos disparos que pueden acabar tanto en el Mar Báltico como al fondo de la red. Pero esto no se reduce a una cuestión de mero azar, no. McClean tiene un gran disparo, ya lo había demostrado en anteriores ocasiones y, esta vez, no lo fue menos. El balón entró como una flecha pillando a Hennessey con el pie cambiado. Golazo de fe y los irlandeses desplazados a Cardiff enloquecen. En el plano televisivo de sus celebraciones puede verse una tricolor irlandesa con el texto “Believe” (“Creed”). ¡Cuánta razón!

Quedaba media hora larga de partido y el escenario cambiaba por completo. Ahora Eire estaba en la repesca y Gales en la calle. Y es aquí cuando el partido adquiere una épica que no recordábamos en mucho tiempo. Los galeses se lanzan a tumba abierta a por el empate, pero ahora de manera más desordenada, fruto de las prisas y/o los nervios. Eire ahora sí que se repliega -no queda otra- y empieza a achicar balones por lo civil o por lo criminal, mostrando todos los jugadores una solidaridad digna de mención. De hecho, este orden, esta disciplina, esta solidaridad tiene su efecto, ya que a pesar del asedio, Gales apenas consigue crear ocasiones claras, aunque es evidente que el gol puede llegar en cualquier momento cuando el bombardeo de balones a la olla es ya total. Si no fuera porque no somos espectadores neutrales, no nos importaría que el partido durara más, mucho más, ya que la lucha y la épica que se estaban dando en el césped eran impresionantes.

Al final, y tras cinco minutos de descuento (que encima acabaron siendo seis), el partido-batalla termina ante el jolgorio de unos y enorme tristeza de otros. Si hubiera justicia en esto del fútbol, el lunes debieron clasificarse ambos equipos, pero sólo había sitio para uno. Y ese fue el que mejor supo leer (y sufrir) el partido.

Ah, por cierto, no podemos pasar por alto una polémica surgida hace unos días, cuando la televisión pública irlandesa (RTE) tuvo la desvergüenza de mostrar en televisión un mapa de Irlanda donde habían desaparecido por completo los seis condados del norte, como si se los hubiera tragado el mar. Cierto es que tuvieron que pedir disculpas unos días después. Vale, pero aunque suene ventajista, no está de más recordar a los mandamases de RTE que si su país está en la repesca es gracias a un jugador natural de esa parte del país que desapareció “misteriosamente” del mapa. James McClean es tan jodidamente irlandés como una botella de Jameson. A ver si ahora les queda claro.

De momento, toca esperar rival en un sorteo a celebrarse el 17 de octubre. La batalla de Cardiff tendrá continuidad. Al fin y al cabo, esto es “The rocky road to Russia”.

Los ocho clasificados:

– Croacia

– Dinamarca

– Eire

– Grecia

– Italia

– Irlanda del Norte

– Suecia

– Suiza

*NOTA: Finalmente, Eslovaquia tampoco estará en los play-offs, al haber terminado como el peor segundo de los nueve grupos correspondientes a la zona UEFA.

*NOTA II: Por favor, que no se tome esto como un consuelo para los escoceses…

Pitos y exigencias

Tras la debacle de EL y el esperpento malagueño, la pitada en San Mamés fue monumental. Como tantas otras, cabe añadir. Si bien la afición se mostró un tanto histriónica y recordó a otros momentos como aquella pitada a Jabo Irureta, no se le puede echar siempre en cara la actitud, al fin y al cabo el único terreno en el que es soberana a día de hoy es en este asunto.

Conviene recordarlo después de las declaraciones de Laporte y San José. Sí, lo ideal es pitar al equipo al acabar el partido, no durante, que puede ser contraproducente. Pero si estuviéramos en un club ideal y el mundo de la piruleta, los jugadores del Athletic, que no sabemos muy bien si son conscientes de los privilegios que tienen, no se borrarían de partidos asequibles, no se dejarían comer la tostada por dar un partido por ganado, no exigirían sueldos de superestrella con rendimientos mediocres y no se ganarían tarjetas rojas por chiquilladas que cuestan puntos. Y sobre todo, no darían lecciones de comportamiento a una afición que brega con unos precios altísimos, unos horarios indignos y, en el caso de la grada popular, unas condiciones más propias de una cárcel que de un estadio de fútbol.

Quizá, ya que exigen tanto a la afición, deberían dar algo en contrapartida. Un gesto, un compromiso con alguna causa. Y mira que lo tienen fácil. Ya que ellos chantajean al club a la hora de las renovaciones estirando la cuerda hasta límites que rozan la falta de respeto a la afición, se lo ponemos a huevo (como los córners de Beñat) y les damos a elegir entre estas causas:

  • Apoyar la causa de la grada popular.
  • Ya que necesitan tanto apoyo para jugar bien, quizá podrían exigir al club que reinstaure los abonos para la juventud.
  • Exigir acabar con unos horarios que vacían los estadios y derribar la tiranía de las TVs
  • Acabar con los patrocinios de casas de apuestas y compañías de venta de bebidas alcohólicas.
  • Que los VIP devuelvan sus localidades a los socios de tribuna.
  • Que el Athletic deje de ser el brazo futbolístico de la burguesía vizcaína.
  • Etc, etc…

 

Como ven, hay muchas. Tampoco es tanto pedir cuando un socio como yo mismo no pudo acudir ayer al estadio por motivos laborales, aunque bien podrían haber sido personales, o económicos. Y menos mal, porque si llego a acudir y me trago lo que se tragó ayer la afición en un partido de pago, me habría costado mucho no pitar el enésimo balón colgado a ninguna parte.

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Nosotros les damos apoyo incondicional, viajamos a sitios donde a veces nos jugamos el pellejo, en definitiva, nos dejamos la pasta y la garganta a costa de otros planes. Y pagamos religiosamente, de media, una cuota escandalosamente alta que viene a cubrir parte de sus sueldos cada vez más estratosféricos. Qué mínimo que tener algo de prudencia y humildad en las declaraciones. Jugadores como Gurpegi o Iraola fueron despedidos con honores, entre otras cosas, por su compromiso y saber estar. Ganarse el respeto de la afición se hace a diario y desde luego no dando lecciones sentado en un Porsche Panamera que cuesta más que  5 sueldos anuales de cualquier hincha. El Beti Zurekin es con el club, la institución, el equipo, el conjunto, la colectividad, nunca de manera individual como hacen otros con sus Messis y Cristianos y es, en esencia, una de nuestras virtudes. Deberían tenerlo en cuenta…

LOS HINCHAS PRIMERO

La TV, Tebas y Urrutia nos echan de San Mamés

Quién nos iba a decir a las 16 de la tarde de ayer que durante un partido de liga contra el Girona acabaríamos abandonando el estadio como lo hicimos. Ya al entrar, pudimos comprobar que se había instalado una plataforma de TV justo en la zona donde se cuelgan las pancartas de las peñas de la ICHH, en el vomitorio del 110. No presagiaba nada bueno, la verdad, y era la primera noticia que teníamos los ahí presentes de esta situación.

Tras 20 aburridos minutos de fútbol, el movimiento de pinganillos confirmó los peores presagios. A que se lía otra vez. Pues dicho y hecho. La seguridad de San Mamés, por orden de la directiva y con unas maneras que dejan mucho que desear, ordenaba dejar de ondear ipso facto las banderas que la misma directiva permite (y exige) ondear (según sus normas de seguridad que parecen las pruebas de acceso a Princeton). El motivo, que tapaban la cámara. La decisión de la grada, quitar las pancartas y las banderas y abandonar sus localidades. Lógicamente. La secuencia pormenorizada de los hechos está bien descrita en esta cuenta de Twitter: https://twitter.com/laugaren

Y es que uno se queda atónito ante este nuevo ataque. No contentos con desterrarnos a una esquina ridícula después de robarnos nuestras localidades de siempre para venderlas al mejor postor y tratarnos como si fuéramos cabezas de ganado, las condiciones para mantenernos en la grada son cada vez más asfixiantes y draconianas. Desde el cacheo-violación a la policía del cántico. Y ahora una cámara de TV puede imponer lo que deben hacer 800 socios en su localidad sin comunicación previa. Lo siguiente no sabemos qué será, pero vista la escalada, miedo nos da. Es el enésimo atropello que esta directiva efectúa contra todos nosotros. y la lista es larga. Pero merece la pena recordar algunos de ellos que se asemejan y contradicen el comunicado de la web oficial, a saber: intento de robo de pancarta legal en partido europeo, amenazas contra portadores de imágenes de Iñigo Cabacas y retirada, multas a aficionados por camisetas que no gustaban a la Ertzaintza, prohibición de pancarta con el lema BILBO, etc…

Es decir, lo de ayer no es nuevo y viene precedido de una auténtica campaña para echar a lo que queda de las gradas de pie de San Mamés. Por puro prejuicio económico y político, cabe añadir. Así de crudo y de claro. Pasito a pasito lo están consiguiendo y lo de ayer puede constituir el definitivo punto de inflexión. Porque la cosa no quedó ahí. Hubo que aguantar cómo un despliegue de dos filas de seguratas amenazaban con multas, para luego comprobar que en la puerta 13 se empezaban a concentrar ertzainas por si tenían que abrir alguna cabeza (más). Y eso que no hubo ni medio incidente más allá de algunos cánticos contra Urrutia.

CamaraFan

Si algo tan básico como ondear una bandera implica una respuesta tan desproporcionada, ¿qué podemos esperar en un futuro? Pues lo que ya tenemos. Un estadio muerto lleno de zombies que consumen en los ambigús y compran en la tienda oficial y que parecen ignorar o prefieren olvidar lo que San Mamés y el Athletic representaron en su día, hace no tanto tiempo, y que se suman a la cohorte de colaboracionistas de régimen que se despachan a gusto en redes sociales y foros haciendo de hasbará de la directiva con mentiras. Eso sí, en el 124 unas pocas decenas de animosos hinchas siguen rodeados de varios cientos de jetas. Ante eso, ni mú, lo que evidencia que estamos en la diana por razones extrafutbolísticas. Los hinchas de grada somos una especie en extinción en Bilbao, una voz extemporánea que molesta a los de arriba y que quieren aplastar a toda costa para dar paso a su visión unificadora, rentable y televisada de club como producto y espectador como consumidor. Solo hay que comparar el San Mamés combativo de la semifinal de Copa del 86 con el aséptico escenario del 2017.

Por muchos fantasiosos comunicados que saquéis en la web del club, la realidad es la que es y vendéis a vuestra hinchada por 30 monedas de plata. Y nos tendréis delante.

¡DIRECTIVA! ¡GRADICIDA!