Fin del trayecto (Eire – Dinamarca)

*Ronald MacDonald, corresponsal de Alabinbonban en Temple Bar

Ya conoceréis la frase de “Eres pobre hasta para soñar”. Lo cierto es que cuando eres seguidor de una selección humilde, peleona pero con muchas limitaciones, esta frase se convierte en una verdad casi empírica. Y es que en una fría noche de un martes de noviembre terminó el sueño mundialista irlandés… cuando queda más de medio año para el comienzo de Rusia 2018. Se podrán buscar consuelos (tampoco estarán Italia, Holanda, Chile…), excusas (aquella derrota en casa frente a Serbia, aquel rácano empate en Georgia…) y lo que se quiera, pero el caso es que anoche Dinamarca fue insultantemente superior en un Aviva Stadium de Dublín que se ha había vestido con sus mejores galas para una noche que prometía ser mágica y acabó siendo un suplicio.

El sorteo para la repesca había sido bastante generoso con los fenianos, evitando los cocos del bombo (Italia o Croacia) y asegurándose la vuelta en casa. Además, este optimismo se había confirmado en el partido de ida el sábado pasado en Copenague, donde los irlandeses consiguieron un meritorio empate (0-0) a base de una férrea disciplina que anuló el ataque danés (apenas gozaron de ocasiones) y que nos recordó bastante a la seriedad que mostraron hace unas semanas en aquel decisivo y épico partido en Cardiff frente a Gales.

Por tanto, contábamos con sólidas razones para creer que Irlanda podría estar en un mundial dieciséis años después tras su paso por Japón y Corea, aquel campeonato en el que uno tenía que darse auténticos madrugones para no perderse la jornada y que se recordará también por la monumental bronca entre Mick MaCarthy y Roy Keane, que acabó afectando a la expedición irlandesa.

Para añadir optimismo a la noche, el partido no pudo empezar de mejor manera: A los cinco minutos, el grandullón Duffy adelantaba a los locales de cabeza tras una cadena de errores de la zaga danesa, desde el defectuoso despeje de un defensor tras el saque de una falta a la olla, pasando por una mala salida a destiempo de Schmeichel (sí, el hijo del legendario ex-portero del Manchester United). Sería el primer y último error de Dinamarca en toda la noche ya que, a partir de ahí, se rehizo de manera admirable y comenzó a desarrollar un fútbol marca de la casa, aquel que maravilló a medio mundo a mediados de los 80 y principios de los 90.

Cumplido el cuarto de hora, los daneses pusieron a prueba a Randolph dos veces en dos minutos, tras dos contras de libro que pillaron a los locales cagando y sin papel, todo un presagio de lo que pasaría después. Para el minuto 25, las estadísticas ya mostraban que el balón tenía un claro dominador (70% a favor de Dinamarca). Pero a pesar de esto, Eire tuvo la ocasión de (casi) cerrar el partido, en una rápida jugada por banda izquierda que acabó con un disparo en el área de McClean que cruzó demasiado. Hubiera sido injusto, visto lo que estaba ocurriendo en el césped. De hecho, a renglón seguido llegó la jugada del empate, donde la defensa local devolvió el favor del 1-0: Corner en corto a Sisto, éste se va hábilmente por linea de fondo, su centro raso al segundo palo llega a las botas de Christensen que chuta un tanto torpemente mandando el balón al poste, el balón sale rechazado pero golpea en el pie de Christie, que andaba por ahí tapando su palo por el corner, y el balón acaba al fondo de la red. Desgraciado pero merecido gol.

Por si fuera poco este jarro de agua fría, sólo tres minutos después llegó el de agua gélida: Nueva pérdida de balón local, Dinamarca monta un letal contraataque que acaba con un gran disparo de Eriksen que Randolph sólo puede acariciar. 1-2 y el asunto se pone realmente feo: Ahora Eire necesitaba dos goles y -por qué no decirlo- un milagro.

O’Neill intenta dar un revulsivo desde el banquillo, sacando tras el descanso a Hoolahan y McGeady. Y más tarde también sacaría a Long. Pero nada de esto tiene resultado, ya que si Dinamarca había estado mejor en la primera parte, en la segunda su dominio fue ya aplastante. Ya antes de la traca final de goles, habían dado varios avisos que obligaron a Randolph a emplearse a fondo. Si el portero -que terminó encajando cinco goles- acaba siendo el mejor de tu equipo, está claro que ayer no fue el día de Irlanda…

Especialmente doliente fue la media hora final. En el 63, Eriksen marca de otro gran disparo el tercero de su equipo y el segundo de su cuenta personal. Once minutos despues, Eriksen logra su hattrick paticular tras el enésimo regalo de una defensa ya rota. Y para acabar de la peor de las maneras, en el 90 McClean hace penalty a Bendtner que el propio delantero danés anota, dejando el marcador en un definitivo y revelador 1-5. No hay excusas: Dinamarca estará en Rusia porque fue mejor que el rival en todas las facetas del juego durante todo el partido.

Por su parte, a Eire no le queda otra que empezar a preparar desde ya el camino para la Eurocopa de 2020. Que el desastre de anoche no tape una más que aceptable fase de clasificación en un igualado y duro grupo y tras haber dejado en la cuneta a selecciones de nivel similar, como lo son Gales y Austria, por muy mal sabor de boca que nos haya dejado esta eliminatoria contra Dinamarca. Las decisiones, como siempre, debieran hacerse en frío. No olvidemos que este equipo no es ni la Naranja Mecánica de Cruyff, ni la Brasil de Pelé, ni el rodillo alemán.

Y precisamente por esto y porque el fútbol sin ‘banter’ sería una sinsorgada -y ahí, los irlandeses son campeones del mundo– hemos querido acompañar esta última entrega de “The rocky road to Russia” con imágenes de memes y coñas (banter) que surgieron al poco de terminar el partido, en vez de hacernos el harakiri recordando lo ocurrido en el césped del Aviva.

Ánimo amigxs, que ya queda menos para… el VI Naciones de rugby de 2018!! Yeerooooo!!!

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Héroes y villanos

*Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban para Russia World Punch 2018

Ya el mismo título deja a las claras por dónde irán los tiros en esta última crónica de la fase de clasificación para el Mundial de Rusia del año que viene. Y al ser la última, vamos a hacer una especie de carrusel con los dos últimos partidos de fenianos y caledonios, con final feliz para los primeros y triste, muy triste, para los segundos.

Como decía aquel viejo chiste, primero os contamos las malas noticias y luego, las buenas.

ESCOCIA

Escocia 1 – Eslovaquia 0 (5/10/17): Las dos últimas victorias habían devuelto la esperanza a la tropa de Gordon Strachan. Pero esa esperanza debía venir acompañada de victorias en los dos partidos restantes, siendo el primero la visita de Eslovaquia a Hampden Park, el principal rival y el que a la postre se llevaría el gato al agua acabando en segundo puesto.

Y parece que Caledonia salió mentalizada desde el principio, ya que se cascaron el que probablemente haya sido su mejor partido de esta fase de grupos. Cierto es que la expulsión del eslovaco Mak en el minuto 23 (hay que ser membrillo para simular un penalty cuando ya tienes una amarilla) ayudó lo suyo, pero sería injusto reducir a esto la superioridad local: Escocia fue mejor jugando contra once y contra diez. Sin embargo, a pesar del dominio y las ocasiones, se llegó sin goles al descanso.

En la segunda mitad este dominio se acentuó aún más, pero la pelotita seguía sin querer entrar: Martin disparó al larguero, poco después Griffiths hizo lo propio, entre estas ocasiones el portero visitante se lució ante otros dos o tres goles cantados, la Tartan Army que se desesperaba y el tiempo apremiaba. Y como a este equipo le van las emociones fuertes y le pasan más cosas que a Rompetechos en una ferretería, hubo que esperar al minuto 89 para, por fin, ver el ansiado y vital gol, aunque tuviera que ser en propia puerta a cargo de Skrtel -viejo conocido en Anfield- tras galopada y posterior centro de Anya, que había salido de refresco en la segunda parte, como suele ser habitual. Visto lo negados que estuvieron los locales de cara al gol, parece que fue la única manera de que el balón entrara… y casi lo vuelve a parar Dubravka, el mejor de los eslovacos sin duda alguna.

Escocia conseguía así una victoria in extremis, una victoria que nunca debió haber costado tanto ya que hizo méritos más que suficientes para ganar holgadamente, pero es que quizás radiquen aquí todos o algunos de sus males: Que pierdas cuando juegas mal o regular y que para ganar tengas que sufrir como un perro, incluso jugando bien al fútbol. En fin, el caso es que la crucial victoria, unida a la derrota de Eslovenia en Wem-be-ley (¿la primera vez que se celebraría una victoria inglesa en Hampden?) dejaba a Escocia en segunda posición, dependiendo sólo de ellos el pase a la repesca. Siguiente y última parada, Eslovenia.

Eslovenia 2 – Escocia 2 (8/10/17): Cuando más se necesitaba la respuesta del equipo, llegó el petardazo final, un partido absolutamente infumable, indigno de un equipo que se jugaba el pase a una repesca que les podría llevar a la primera cita internacional en veinte años. Y para más inri, ante un rival que no se jugaba nada, ya que sólo un milagro -que, por supuesto, no se dio- podría darles el segundo puesto del grupo. Así que, ¿cómo es posible que un equipo que venía de menos a más y que se jugaba lo que se jugaba fuera muy inferior a un equipo cuyos jugadores pensarían más en la playa adonde ir el verano que viene? Pues eso es exactamente lo que pasó. Eslovenia fue siempre superior, en todo menos en el resultado, con un empate a dos final a todas luces injusto viendo los méritos de unos y otros. Cierto es que durante varios minutos Caledonia estuvo clasificada, gracias al gol de Griffiths (de los pocos que se salvan de la quema) mediada la primera parte, pero esto sólo fue un espejismo pues la segunda mitad fue directamente para meter en una caja fuerte y tirar la llave y la propia caja fuerte al más profundo de los océanos, donde el hombre no haya llegado jamás. Ya incluso antes del empate a uno, Gordon había tenido que emplearse a fondo para evitar los goles locales. Si contra Inglaterra en Hampden fue uno de los máximos culpables de que volaran dos puntos sobre la bocina, el domingo se erigió en salvador… pero claro, cuando tu defensa te deja vendido, pues ni con Arconada bajo palos. Así sucedió en los dos goles eslovenos en veinte minutos, los dos a balón parado y los dos pésimamente defendidos, el primero en una falta que al rematador sólo faltó que le hicieran un aurresku de honor, y el segundo, tras un corner en el que Bezjak marcaba por segunda vez en la noche con un hábil disparo sin oposición a la altura casi del área pequeña. Ignominioso.

¿Y qué pasó con Escocia? Lo más triste: Ni un atisbo de reacción, un equipo sin rumbo, ni dirección, ni sentido alguno, que pululaba por el campo sin ninguna convicción (y eso que quedaban 20 minutos tras el 2-1). Los miles de escoceses que se trasladaron hasta allí no debían dar crédito de lo que estaban viendo: ¿Dónde estaba su equipo? Por eso fue casi milagroso que lograran el empate a última hora -otra vez- que, aunque no sirviera de nada, evitó el ridículo de perder contra un rival que, repetimos, no se jugaba nada. Si acaso, al menos pudo dar un poco de emoción a los minutos finales, pero parecía que ni los jugadores se lo creían, como si el empate se lo hubieran encontrado, en vez de que lo hubieran buscado.

Escocia ponía punto final a su intento de llegar a Rusia de la peor de las maneras, con una pájara tan inesperada como injustificable, poniendo en duda tanto a la plantilla, como al bueno de Strachan, que algo nos dice que tiene la horas contadas en el banquillo. Siga o no, el horizonte es desolador.

IRLANDA

Eire 2 – Moldavia 0 (6/10/17): Si Escocia se presentaba con la moral reforzada en esta recta final, a Eire le pasaba lo opuesto. Tras realizar una notable liguilla, las cosas se habían torcido en los dos últimos partidos. Pero la gran diferencia radica en que mientras los irlandeses se mentalizaron de verdad, sus hermanos escoceses, no.

El primer escollo pasaba por ganar sí o sí en Dublín el pasado viernes a Moldavia, rival ya deshauciado y luego esperar algún pinchazo de sus rivales, Serbia y Gales. El guión se cumplió por parte feniana y galesa ganando sus partidos, no así Serbia que, contra pronóstico, perdió en Austria a última hora (3-2).

A Eire le salió el partido soñado: Encarrilar pronto el asunto, tener al fin un encuentro sin sobresaltos y reservar fuerzas para el acto final en Cardiff. Antes de cumplirse los dos minutos de partido, Murphy adelantó a los locales. Y a los veinte, el propio Murphy anotó el segundo con un gran cabezazo. A partir de ahí, ver pasar el tiempo y no forzar la máquina más de la cuenta, ya que no se esperaba que Moldavia plantara cara, como así sucedió. En definitiva, un partido que no pasará al libro de oro del fútbol, pero que firmaría cualquiera que estuviera en el pellejo de los irlandeses. Estaba claro que lo gordo vendría tres días después en Gales, cosa que entendieron perfectamente tanto jugadores como los aficionados que acudieron al Aviva. Tocaba guardar energías.

Gales 0 – Eire 1 (9/10/17): Tras la derrota de Serbia en la anterior jornada, Gales se presentaba ante los suyos en un Cardiff City Stadium hasta la bandera, incluidos algunos miles de irlandeses que aportaron, y mucho, a un electrizante ambiente que nos retrotrajo a ese fútbol de antaño que tanto añoramos y que ya se palpó desde los prolegómenos con los himnos entonados a pleno pulmón. Los galeses lo tenían (casi) todo de cara: Jugando en casa, valiéndoles tanto la victoria como el empate, incluso con opciones de quedar primeros de grupo y, siendo honestos, practicando el mejor fútbol que se pueda ver en las islas a nivel de selecciones a día de hoy. A Eire, por contra, sólo le valía la victoria para ir a la repesca. Quizás esta simplificación de opciones hizo que los fenianos salieran con las ideas bien claras. Sea como fuere, el caso es que se marcaron un partido de lo más serio, disciplinado y sufrido, defendiendo como gato panza arriba cuando tocó y maximizando sus pocas ocasiones arriba, como era de esperar ante un partido de tanta trascendencia.

A pesar de la más que sensible baja de Bale por lesión, Gales entró mejor al partido aplicando esa máxima tan atractiva de “la mejor defensa es un buen ataque”. Ciertamente, el secreto galés radica en la posesión como mejor arma para defenderse. Lejos de poner el autobús y dar el balón al rival, llevaron la iniciativa del partido desde el pitido inicial. Lo que pasa es que enfrente se encontraron con unos tipos que vinieron con el cuchillo entre los dientes, pero que tampoco pusieron el autobús bajo la portería de Randolph, muy seguro durante los 90 minutos. No en vano, el empate no les valía. Por tanto, la consigna era doble: seriedad atrás pero había marcar.

Con estos mimbres, el partido se tradujo en constantes idas y venidas, un ritmo frenético, pero no muchas ocasiones. Y claro, estos arrebatos calaron en unas gradas totalmente implicadas en la causa. Si los irlandeses se soltaban con un estruendoso “Fields of Athenry”, la parroquia local respondía con su solemne himno “Land of my fathers”. Maravilloso.

La segunda parte comenzó de manera similar a la primera, con Gales apretando pero, esta vez, llegando con más peligro a portería. Es aquí cuando emergió la figura de Randolph, especialmente cuando mandó a corner un cabezazo a bocajarro en la mejor jugada trenzada por Gales.

Sólo cuatro minutos después, en el 57, llegó el momento no sólo de la noche sino de toda la fase para Eire. Los acontecimientos se desarrollaron tal que así: Hennessey saca en corto de portería hacia el capitán Ashley Williams. Hendrick va como un jabato a presionar provocando que el galés se haga un lío y acabe perdiendo el balón. Cuando éste parece que va a salir por banda, el bravo irlandés consigue meter la punta de su bota lo justo consiguiendo milagrosamente que el balón avance paralelo a la línea de cal de la banda derecha ante la atenta mirada del linier. El esférico sigue en juego pero ahora se acerca a la línea de fondo. Hendrick no se rinde y consigue centrar en un titánico esfuerzo que bien merece una estatua en la plaza de su pueblo. El forzado centro sale más bien raso. Pilla a contrapie a un compañero, luego a otro, pero desde atrás aparece James McClean. A eso de la altura del punto de penalty, no se lo piensa dos veces y suelta de primeras un brutal derechazo, uno de esos disparos que pueden acabar tanto en el Mar Báltico como al fondo de la red. Pero esto no se reduce a una cuestión de mero azar, no. McClean tiene un gran disparo, ya lo había demostrado en anteriores ocasiones y, esta vez, no lo fue menos. El balón entró como una flecha pillando a Hennessey con el pie cambiado. Golazo de fe y los irlandeses desplazados a Cardiff enloquecen. En el plano televisivo de sus celebraciones puede verse una tricolor irlandesa con el texto “Believe” (“Creed”). ¡Cuánta razón!

Quedaba media hora larga de partido y el escenario cambiaba por completo. Ahora Eire estaba en la repesca y Gales en la calle. Y es aquí cuando el partido adquiere una épica que no recordábamos en mucho tiempo. Los galeses se lanzan a tumba abierta a por el empate, pero ahora de manera más desordenada, fruto de las prisas y/o los nervios. Eire ahora sí que se repliega -no queda otra- y empieza a achicar balones por lo civil o por lo criminal, mostrando todos los jugadores una solidaridad digna de mención. De hecho, este orden, esta disciplina, esta solidaridad tiene su efecto, ya que a pesar del asedio, Gales apenas consigue crear ocasiones claras, aunque es evidente que el gol puede llegar en cualquier momento cuando el bombardeo de balones a la olla es ya total. Si no fuera porque no somos espectadores neutrales, no nos importaría que el partido durara más, mucho más, ya que la lucha y la épica que se estaban dando en el césped eran impresionantes.

Al final, y tras cinco minutos de descuento (que encima acabaron siendo seis), el partido-batalla termina ante el jolgorio de unos y enorme tristeza de otros. Si hubiera justicia en esto del fútbol, el lunes debieron clasificarse ambos equipos, pero sólo había sitio para uno. Y ese fue el que mejor supo leer (y sufrir) el partido.

Ah, por cierto, no podemos pasar por alto una polémica surgida hace unos días, cuando la televisión pública irlandesa (RTE) tuvo la desvergüenza de mostrar en televisión un mapa de Irlanda donde habían desaparecido por completo los seis condados del norte, como si se los hubiera tragado el mar. Cierto es que tuvieron que pedir disculpas unos días después. Vale, pero aunque suene ventajista, no está de más recordar a los mandamases de RTE que si su país está en la repesca es gracias a un jugador natural de esa parte del país que desapareció “misteriosamente” del mapa. James McClean es tan jodidamente irlandés como una botella de Jameson. A ver si ahora les queda claro.

De momento, toca esperar rival en un sorteo a celebrarse el 17 de octubre. La batalla de Cardiff tendrá continuidad. Al fin y al cabo, esto es “The rocky road to Russia”.

Los ocho clasificados:

– Croacia

– Dinamarca

– Eire

– Grecia

– Italia

– Irlanda del Norte

– Suecia

– Suiza

*NOTA: Finalmente, Eslovaquia tampoco estará en los play-offs, al haber terminado como el peor segundo de los nueve grupos correspondientes a la zona UEFA.

*NOTA II: Por favor, que no se tome esto como un consuelo para los escoceses…

La dura vuelta al cole (Eire 0 – Serbia 1)

*Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban en la Isla Esmeralda

Mal, muy mal le ha sentado a los “Boys in Green” la vuelta al tajo tras el verano. Aquellas buenas sensaciones que dejaron antes del parón estival -liderando en solitario su grupo- se las debió llevar la marea, habiéndose complicado bastante el camino hacia Rusia 2018. Si el pasado sábado no pudieron pasar del empate en Georgia (1-1), anoche en el Aviva Stadium sucumbieron ante Serbia, cediéndoles el liderato del grupo e incluso cayendo hasta el tercer puesto, gracias a la victoria de Gales en Moldavia. De horror, vamos.

Lo mejor del partido fue en los prolegómenos -lo cual no deja en muy buen lugar el juego desplegado por los fenianos- cuando tras los himnos, hubo un minuto de aplausos en recuerdo, no de un ex-jugador o un ex-entrenador o un ex-directivo, sino de un fiel seguidor fallecido recientemente apodado como “The Bear”, recordándonos una vez más aquella máxima de Jock Stein de que “el fútbol sin aficionados no es nada”.

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Tras este precioso detalle, el balón se puso a rodar sin un dominador claro, quizás debido al exceso de celo en ambos equipos, conscientes de la importancia del choque, lo que se tradujo en un partido intenso y vivo pero con pocas ocasiones del gol.

El primer aviso serio vino en forma de un gol anulado tras diez minutos jugados, cuando Duffy remató al fondo de la red un cabezazo en un claro fuera de juego. Y es que uno de los inconvenientes de los bien llamados “gilicorners”, como fue el caso, es que en ese irritante juego del tuya-mía-mía-tuya para ver quién centra finalmente, se da tiempo a la defensa contraria a salir de su área, dejando al rematador frecuentemente con el culo al aire, que es exactamente lo que le pasó al grandullón de Duffy. Malditos gilicorners, grrrrr…

De cualquier forma, esta jugada parece que dio confianza a Eire ya que, aunque no de manera clara, sí que se hizo con las riendas del partido, sobre todo por la banda derecha de Christie -el mejor feniano ayer- donde provino casi todo el peligro local, en detrimento de la otra banda, propiedad de un McClean que no tuvo su noche, aunque su implicación fuera, como siempre, extraordinaria.

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Eso sí, en el último tramo de esta primera parte, Serbia se soltó y acabó dando un par de buenos sustos a la parroquia local, a modo de aviso de lo que llegaría en la segunda parte. Efectivamente, en el minuto 55 llegó el gol visitante tras una buena combinación de pases rasos bordeando el área local de derecha a izquierda para que llegara desde atrás Kolarov y fusilara a Randolph. Una bonita jugada que tuvo todo lo que careció Eire anoche: la paciencia y el criterio con el balón en los pies a la hora de atacar.

A pesar de quedar más de media hora de partido, a los locales les entraron las prisas, tirando de épica -eufemismo de “balonazos pa’ arriba”- y olvidándose de entablar un juego mínimamente combinativo (y eso que jugaron con uno más tras la expulsión de Maksimovic en el 68), lo cual facilitó las labores defensivas serbias que sólo tuvieron que estar atentos y ordenados atrás ante las constantes pero previsibles acometidas irlandesas. ¿El resultado? Pues lo esperado: multitud de balones a la olla y varios disparos desde lejos (ninguno entre los tres palos, por cierto). La única ocasión clara vino del enésimo sputnik lanzado desde medio campo que acabó en las botas de Murphy, cuyo disparo seco y raso fue bien despejado por Stojkovic en el minuto 85. De ahí, al final, un poco más de lo mismo…

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Se llegaba al pitido final saliendo victoriosa una Serbia que, sin grandes alardes pero con mucha seriedad y pragmatismo, dio un paso de gigante para estar presente el próximo Mundial. Por su parte, Eire se complica en exceso su existencia, quedando dos partidos para el final de la liguilla y, para más inri, terminar esta fase ante una Gales que ahora ocupa la segunda posición del grupo tras su victoria en Moldavia por 0 a 2.

Echando un vistazo al calendario, vemos el berenjenal en el que se han metido los fenianos ellos solitos tras estas dos últimas jornadas: el 6 de octubre recibe en casa a Moldavia, partido a priori sencillo ante un rival que ya no tiene nada que hacer. Pero el problema, como decíamos, es en esa última jornada con la visita a Cardiff tres días después, frente a un rival que en la penúltima jornada visita Georgia -otro rival que no se juega nada- con lo que la victoria de los del dragón se antoja también bastante factible. A Serbia, por su parte, le quedan pendientes viajar a Austria para acabar la fase de grupos en casa frente a Georgia.

Ese Gales-Eire promete emociones fuertes. Apúntense la fecha: lunes 9 de octubre a las 20:45.

Clasificación del grupo D a falta de dos jornadas:

  1. Serbia 18 puntos
  2. Gales 14
  3. Eire 13
  4. Austria 9
  5. Georgia 5
  6. Moldavia 2

 

Sonrisas y lágrimas (Caledonia 2 – Engrrland 2)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Con este ñoño título se bautizó el famoso musical protagonizado por Julie Andrews, pero es que nos viene al pelo, no sólo porque su canción principal, ‘Doh a deer‘, la adoptó la siempre genial Tartan Army para su interminable repertorio, sino también porque resume perfectamente lo vivido el sábado en Hampden Park entre escoceses e ingleses, con un final de infarto en el que se pasó por todas las etapas que puede experimentar un hincha en un campo de fútbol, desde la alegría desbordante hasta la tristeza más miserable.

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De todas formas, este final de película no debería taparnos los ojos, que el partido fue, por lo general, bastante pobre. No es algo que que ya nos pille por sorpresa teniendo en cuenta el estado futbolístico de ambas selecciones, pero es que es cierto que ante un partido con tanta historia, rivalidad y morbo, uno tiene las expectativas bien altas. Una vez más, ni Escocia, ni Inglaterra estuvieron a la altura de las circunstancias. Y ya no es una cuestión de mentalidad, de estrategia o de estado de forma, simplemente ambos equipos tienen el nivel que tienen en la actualidad y, claro, luego pasa lo que pasa, como que una selección como Islandia mande a casa a los ingleses de manera sonrojante el año pasado en Francia o que Caledonia no esté presente en los grandes torneos futboleros desde 1998 (sí, eso es el siglo pasado).

Los prolegómenos, como siempre, de lo más intenso, con un monumental abucheo al ‘God save the Queen’ por parte local (quizás los ingleses debieran plantearse tener un himno propio para su selección, en vez de usar el rancio himno británico) y un impresionante ‘Flower of Scotland’ cantado a pleno pulmón, acompañado por una solitaria y solemne gaita. Pelos como escarpias.

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El partido da comienzo de manera intensa por ambos equipos, lo que se traduce en un ritmo alto pero con muchas imprecisiones y alguna entrada a destiempo (para el minuto 3, Scott Brown vio la primera amarilla del encuentro). Los locales son los primeros en avisar con un manso disparo de Griffiths a las manos de Hart. Pero a partir de ahí, Inglaterra consigue sacudirse este dominio inicial local, aunque no se viera reflejado en el número de ocasiones. Cierto es que lo más destacable llegara por parte inglesa, primero con un no-remate de Kane que a puerta vacía no fue capaz de empujar a la red de manera incomprensible y luego con un lejano disparo de Livermore que sacó un defensa local bajo palos tras un mal despeje de Gordon, el portero del Celtic que se “consagraría” en la segunda parte, como ya veremos en un rato…

Con el empate inicial se llegaba al descanso. Poco fútbol pero con la ligera sensación de que Inglaterra era superior. La segunda parte comenzó con la misma premisa, aunque el cotarro se fue animando poco a poco. Tras un par de avisos, por fin los sassenachs se adelantan en el marcador con un gol de Oxlade-Chamberlain -¡caramba, qué apellido más rimbombante!- en el minuto 70 tras error garrafal de Gordon, que en vez de despejar el disparo como Dios manda, pareció como si se estuviera quitando una mosca de la cara con la manopla. 0-1 para Engrrland y parecía que el partido estaba decidido, viendo la respuesta local, con mucho corazón pero pocas ideas. Si Escocia quería cambiar la situación, sería en alguna jugada aislada, un golpe de azar, un balón parado… como así ocurriría finalmente. Cuando los hinchas ingleses -qué majos ellos- cantaban que “no habrá Tartan Army en Moscú” en alusión al mundial del año que viene, llegó la primera genialidad de la tarde de Leigh Griffiths cuando la derrota parecía ya inevitable. Corría el minuto 88 cuando el delantero del Celtic se cascó una magistral falta que pasó por encima de la barrera inglesa y se coló por el palo no cubierto por Hart, lo que hizo inútil su estirada.

A partir de aquí, la locura se desató en Hampden. Y en medio de este caos, los ingleses cometieron el error de conceder otra falta a Escocia cerca del área, como si no hubieran aprendido nada sólo dos minutos antes. Esta vez, el balón estaba a la misma distancia pero más escorado a la izquierda. Griffiths se prepara para lanzar y, de nuevo, el balón supera la barrera con lo que Hart tampoco puede llegar al balón. Faltaban segundos para llegar al 90 y Escocia había obrado el milagro en dos minutos. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en el césped de Hampden. Un equipo herido de muerte había conseguido dar la vuelta a la tortilla, con más fe que buen juego y, por supuesto, gracias al sutil toque de Griffiths. Pero claro, estamos hablando de Escocia, con lo que no se puede dar nada por sentado hasta que el árbitro pite el final. Así, cuando se cumplía el tercero de los cuatro minutos de descuento, Gordon la volvió a liar. Un desesperado centro a la olla fue rematado por Kane al fondo de la red, ante la inoperancia del portero escocés que se quedó en una de esas medias salidas tan irritantes, con lo que ni blocó el centro, ni detuvo el remate del capitán inglés. Vamos, que no hizo nada.

Empate a dos final que no sabemos ni como tomarlo, teniendo en cuenta la locura de los últimos minutos. ¿Escocia lo hubiera firmado a cinco minutos del final? Probablemente, sí. ¿Que lo hubiera firmado en el minuto 92? Probablemente, no. Así que cada uno saque sus propias conclusiones, pero a nosotros nos queda la sensación de que con un portero más seguro, Caledonia podría haberse llevado 3 puntos vitales, que quedan 4 partidos para terminar la fase de grupos y se necesita sumar como el comer, si es que la Tartan Army quiere estar presente el año que viene en Rusia y, ya de paso, desdecir a sus queridos vecinos del sur.

Así queda la clasificación del grupo F tras la jornada 6:

1 Inglaterra 14 puntos

2 Eslovaquia 12

3 Eslovenia 11

4 Escocia 8

5 Lituania 5

6 Malta 0

I wish I was back home in Derry (EIRE 0 – GALES 0)

* Ronald McDonald, enviado especial de Alabinbonban en Free Derry

Volvía al Aviva Stadium de Dublín el fútbol internacional con la bella y siempre combativa Derry en la mente de todos. Y es que tristemente esta pequeña ciudad amurallada al norte de Irlanda, escenario de mil y una batallas, ha sido por unos días la capital irlandesa en lo mediático. De todos es ya conocido el fallecimiento del dirigente republicano Martin McGuinness en su Bogside natal rodeado siempre de los suyos. Pero es que también, pocos días antes, moría repentinamente el capitán del Derry City FC, Ryan McBride. Demasiado palo como para que pasara desapercibido, y más aún, en un país muy acostumbrado a la pérdida y el luto fruto de su agitada historia. Estaba claro, por tanto, quién iba a protagonizar los prolegómenos del partido, con dos detalles a destacar sobre el resto. El primero vino de la mano de James McClean, el rápido lateral también de Derry, que para la ocasión cambió su habitual dorsal 11 por el 5, que era el que vistió McBride. Y por parte galesa, el capitán Ashley Williams tuvo el precioso detalle de mostrar una camiseta de su selección con el nombre y el dorsal del fallecido jugador del Derry City.

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Con estas, se presentaban Irlanda y Gales en un Aviva a rebosar, ante un partido tan clave como atractivo para ambas selecciones. Los fenianos venían en mejor situación, liderando en solitario su grupo tras su anterior victoria en Austria (0-1), mientras que Gales encaraba el partido con más dudas, a cuatro puntos de Eire y habiendo perdido parte del ‘duende’ que les hizo practicar un fútbol de lo más atractivo en la anterior Eurocopa cuando cayeron en semifinales frente a Portugal. Esto podría explicar que Gales estuviera casi siempre mejor asentada y más cómoda que el rival. Mientras los del dragón practicaban una presión arriba que provocó multitud de pérdidas de balón por parte irlandesa, los locales esperaban al rival en su campo. Sin embargo, este dominio no se tradujo en ocasiones durante la primera parte. Gales llevaba el peso del partido pero no acababa de llegar a la portería rival, mientras que Eire ya tenía suficiente con sacudirse la presión galesa. Por tanto, un 0-0 de libro al descanso.

La segunda parte comenzó con la misma tónica, pero esta vez el dominio galés vino acompañado de una mayor determinación, lo que se tradujo en las primeras ocasiones reseñables del partido -eso sí, ya en la segunda parte, ¿eh?- siempre con Gareth Bale como protagonista. Primero, en una falta que fue a las manos de Randolph (al menos, quedará para las estadísticas como el primer disparo del partido entre los tres palos) y luego, con otro disparo cruzado y fuerte desde fuera del área tras una jugada personal en la que él solito se lo guisó y se lo comió. Definitivamente, Bale es media Gales.

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Fueron los mejores minutos visitantes. El 0-1 parecía cercano, aunque de nuevo, la rústica pero férrea defensa feniana se las arregló como pudo para achicar balones. La afición galesa, que ocuparon todo el pequeño fondo destinado a la hinchada visitante (y que me recuerda un poco al antiguo y entrañable minúsculo fondo de Goodison Park en los 80), se vino arriba. Pero todo cambió en el minuto 69, cuando una criminal entrada de Taylor a Coleman, acabó con el primero expulsado (buen puro le puede caer al galés) y el segundo con la pierna rota, abandonando el campo en camilla y asistido con una mascarilla de oxígeno (¡cosa que un servidor no había visto en la vida!). Para que el lector se haga una idea del hostión que se llevó el capitán irlandés, en la retransmisión tuvieron el detalle de no dar ni una sola repetición, suponemos que por aquello de no herir sensibilidades. Por sacar algo positivo, la bestial entrada no derivó en las típicas y bochornosas tanganas entre jugadores o fútiles y airadas protestas al árbitro. Hay esperanza.

Como decíamos, la desgraciada jugada cambió por completo el partido. Con un jugador menos, ahora Gales se puso el mono de trabajo y comenzó a defender el empate como durante los 70 minutos anteriores lo había hecho Eire. Tocaba zafarrancho de combate y los fenianos se lanzaron sin tapujos al ataque, con más tesón que brillantez, todo sea dicho, pero es que esto es Irlanda, caballeros. De todas formas, Gales todavía tuvo ocasión de dar un último susto a la parroquia local, cuando Bale -el omnipresente Bale- sacó de la nada otro lejano disparo que salió lamiendo la escuadra.

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Finalmente, tras cuatro minutos de descuento -escasos, teniendo en cuenta el tiempo perdido en evitar que Coleman se quedara sin pierna-, el trencilla italiano señalaba el final del partido en pleno asedio local, con la sensación de que el empate le vale más a Irlanda que a Gales, ya que se mantiene la diferencia de 4 puntos entre ambos, aunque hay un partido de vuelta pendiente en Cardiff, ojo. Por contra, Eire pierde el liderato en solitario para compartirlo ahora con Serbia que ganó su partido en Georgia.

Y con Derry en el corazón, el reconocimiento de ‘Man of the match‘ fue para James McClean, en un partido muy especial para él tras la semana tan complicada que ha pasado, en la que ha perdido a un amigo y compañero de profesión y a un héroe de la comunidad en la que nació y se crió.

Clasificación del Grupo D, tras 5 partidos jugados:

  1. Serbia 11 (+ 6)
  2. Irlanda 11 (+ 4)
  3. Gales 7 (+ 4)
  4. Austria 7 (+ 1)
  5. Georgia 2 (- 4)
  6. Moldavia 1 (- 11)

 

Denis Law tenía razón (Engrrrrland – Caledonia) [Rocky Road to Russia]

Hay una gracieta muy extendida en Escocia atribuida al héroe local Denis Law cuando dijo que su plantilla ganaría a la actual del Manchester United sólo por un 1-0 porque ya está bien entrado en sus 70. Efectivamente, Law –ex mancuniano y máximo goleador histórico de la selección escocesa junto con Kenny Dalglish- cuenta hoy con 76 primaveras. Pues bien, este jocoso comentario puede aplicarse perfectamente a la actual selección de Escocia.

Y es que llevan metidos demasiado tiempo en un pozo sin fondo, concretamente desde 1998 cuando jugaron su última gran cita internacional en Francia. A saber, antes de los móviles, antes de internet, antes de Gran Hermano y antes de que el fútbol apestara…

Su enésimo intento de poner fin a esta travesía por el desierto pasaba por sacar algo en casa del ‘Auld Enemy’, o sea, Inglaterra. Pero una Inglaterra que tampoco está en absoluto como para tirar cohetes, tras ir coleccionando un fiasco tras otro, tocando fondo en la última Eurocopa contra esa superpotencia futbolística de nombre Islandia, para desgracia de ingleses y despiporre del resto de las islas.

Los antecedentes sólo alimentaban la incertidumbre. Escocia empezó más o menos bien la fase de clasificación de Rusia 2018, para ir desinflándose irremediablemente cual globo pinchado, hasta el punto de que hay ya voces que piden la cabeza de Gordon Strachan tras el anterior despropósito frente a esa otra superpotencia balompédica como lo es Eslovaquia (3-0).

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¿Y de los Sassenachs qué podemos decir? Pues que tras el histórico -aunque ya habitual- ridículo frente a Islandia el verano pasado, todavía se las ingeniaron para caer un poquito más bajo tras el fugaz paso de Sam Allardyce por el banquillo inglés: un solo partido con pírrica victoria en Eslovaquia (0-1 en el descuento y gracias), 67 días en el puesto y vuelta para casa tras verse envuelto en un escándalo relacionado con comisiones y demás chanchullos en la pocilga en la que se ha convertido el mundillo del mercado de jugadores, práctica que ya forma parte del ADN del fútbol actual.

Para enredar un poco más en el ambiente, en los días previos surgió la polémica del ‘poppy’ -esa amapola que conmemora a los caídos del ejército británico en los tropecientos mil berenjenales en los que se ha metido- cuando (con especial ahínco en Inglaterra) se pidió permiso a la FIFA para que ambos conjuntos pudieran llevar estampada la dichosa florecilla en las camisetas y los mandamases del balompie mundial se negaran escudándose en ese otro mantra del fútbol moderno del “no me mezcle usted fútbol con política”, tan manido entre los ciudadanos del mundo mundial y el club de fans de ‘Los mundos de Yupi’. Caramba, como si no fuera ya suficiente con el referéndum en Escocia de hace dos años o el todavía reciente Brexit, que ha ahondado aún más en las diferencias entre las dos naciones. Sea como fuere, el caso es que al final los dos equipos saltaron al campo con las camisetas inmaculadas, pero también con unos brazaletes negros mostrando un poppy, quedando así en tablas el particular duelo con la FIFA. Fue el único momento de cierta confraternización entre las dos aficiones, ya que la tónica de la noche fue el abucheo continuo al rival cuando éste entonaba su himno nacional, tanto en los prolegómenos como durante el partido (estimado amigo rugbier, que no cunda el pánico, que ni esto es Twickenham ni es el VI Naciones).

Con todo esto, el balón se puso a rodar en un Wembley que se acercó al lleno, con la presencia de casi 14.000 aficionados venidos desde Escocia y que fueron, una vez más, el mayor activo que tiene este equipo. Como cualquier partido de máxima rivalidad, pique y hasta odio, el miedo a no perder hizo que el juego fuera de lo más atascado sin un dominador, al margen de que ambos equipos cuenten con las plantillas más flojas y carentes de ideas que uno pueda recordar. No sé, quizás la Premier necesite más materia prima y menos petrodólares. En fin, ellos verán.

El reloj corría y el fútbol que no aparecía. Los continuos errores defensivos no eran aprovechados por los delanteros en lo que parece una apuesta para ver quién lo hace peor. Más que un “Quiero y no puedo”, esto parece un “No puedo porque no sé”. Y así, hasta que mediada la primera parte llega el primer gol local tras un buen remate de cabeza de Sturridge a un centro-chut-pedrada desde banda derecha. Se podría pensar que el gol sacaría al partido de la mediocridad, pero no. El tedio sigue campando a sus anchas por el césped de Wembley con insultante impunidad ante la pasividad de los ‘stewards’. Lo más parecido a una reacción por parte escocesa vino en un corner cuando el central Hanley mandó a la aurora boreal de Aberdeen lo que pareció ser un remate de cabeza tras ver cuatro repeticiones, estando libre de marca el jugador para más inri. Se llegaba así al final de los primeros 45 minutos que parecieron 45 años.

El segundo acto comenzó con otro brío pero el arrebato duró sólo cinco minutos, intervalo en el que a Caledonia le dio por jugar al fútbol, creando dos buenas ocasiones en los minutos 48 y 49, cuando Forrest mandó fuera por poco un disparo y acto seguido, Snodgrass tuviera la mala fortuna de que su remate se estrellara contra un defensa inglés ya que estaba Hart de cancerbero, con lo que hubiera sido gol sí o sí.

Pero como a perro flaco todo son pulgas, en el minuto 50 Inglaterra marcó el segundo de la noche tras una internada por banda izquierda que remata astutamente Lallana al fondo de la red. 2-0 y partido finiquitado, aunque todavía habría tiempo para el tercero diez minutos más tarde cuando Cahill remata de cabeza un corner en el que Craig Gordon sólo pudo acariciar el balón con la punta de los dedos, en uno de esos goles que tanta rabia te da encajar. Grrrrr!!

Casi peor que el resultado era el hecho de que todavía quedaba media hora por delante, así que para buscar algo de entretenimiento, tornamos la mirada a las gradas. En un momento, desde el sector donde se situaba la Tartan Army se lanzó al césped un balón de fútbol y lo que pareció ser una pelota de tenis. Hart recogió ambos en la que fue su única parada de la noche (y una de las pocas de su carrera). A diez minutos del final y en un ataque de orgullo, los bravos caledonios se lanzaron a pleno pulmón con uno de sus cánticos predilectos ,’We’ll be coming’, con el partido más que decidido, demostrando así por qué son la mejor afición a nivel de selecciones. Mientras, por el lado inglés hubo una bochornosa pelea entre dos de sus propios seguidores, acabando uno de ellos con la cara ensangrentada con lo que tuvo que ser desalojado por el personal de seguridad. This is England.

Ante tanto esperpento, llegó la mejor jugada del partido cuando el trencilla tuvo la genialidad de añadir sólo dos minutos de descuento. Fue maravilloso ver cómo el cuarto árbitro levantaba con esa clase y maestría el tablero electrónico con el número 2. Man of the match, sin duda.

Resumiendo, 3-0 para los ingleses, segundo 3-0 que encaja consecutivamente Escocia y quién sabe si para cuando se publique esto, Strachan ya no es entrenador caledonio. Pocas veces se podrá ver a un equipo hacer tan tan tan poco y llevarse un resultado tan holgado. Esto puede explicar los descalabros de ambas selecciones en los últimos tiempos y las palabras de Denis Law, que tenía más razón que un santo.

Clasificación del grupo F tras la jornada 4:

1. Inglaterra 10 puntos

2. Eslovenia 8

3. Eslovaquia 6

4. Lituania 5

5. Escocia 4

6. Malta 0

  • Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Eire – Georgia [Rocky road to Russia]

Inauguramos sección en el blog, Rocky road to Russia, para seguir las andanzas de nuestros dos combinados preferidos, Eire – República de Irlanda, y Caledonia – Escocia. Sí, como hinchas vascos, nos sentimos huérfanos de referentes internacionales a los que seguir la pista. Podríamos haber escogido Alemania o Argentina, pero somos gente sufrida, que gusta de hazañas como pasear por Edimburgo una mañana de invierno con kilt o intentar aprobar el C1 de gaélico.  Empezamos pues con el Eire – Georgia, un partido que no cambiará la historia del fútbol mundial  ni atraerá hordas de aficionados al deporte rey.

Tras el importante empate a dos que se trajeron de Serbia, el largo camino de Eire hacia Rusia 2018 se estrenaba en casa frente a Georgia, en un choque que, visto lo visto en el césped, bien podría haberse tratado de un partido de rugby (no en vano, Georgia suele estar en el Top 20 del World Rugby Ranking, mientras que es de todos conocido el potencial de Irlanda en el mundo oval).

El partido comienza con una de las señas de identidad del fútbol de las islas cuando juegan en casa: presión arriba y un ritmo alto en los primeros minutos, lo cual hace que el rival se amilane y el público se venga arriba. Así, en el minuto 4, tras una internada por banda izquierda llega la jugada polémica de la noche, en forma de posibles manos de un defensa georgiano desde el suelo. Estamos en lo de siempre: ¿Intencionalidad o no? ¿Penalty o no? Como ya parece una lotería, esta vez no tocó el gordo. El juego continua.

El asedio feniano se queda en pólvora mojada. A partir del cuarto de hora, Georgia empieza a estirarse, creando las mejores ocasiones de la primera parte, destacando una donde debió aparecerse el mismísimo San Patricio en el Aviva Stadium, tras dos remates seguidos a los palos, al larguero primero y al poste, después, ante la estatua que hizo Randolph que, emulando a nuestro gran Armando, se limita a observar cómo el balón pasa de un lado a otro. Sólo le faltó santificarse. Tras el monumental susto, llegamos al descanso con una cierta sensación de alivio por parte de una afición local que no logró llenar el campo. Dicen algunos que buena parte de la Green Army sigue todavía en los bares de Francia cantando ‘Fields of Athenry’ durante la última Eurocopa…

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Comienza la segunda parte y toca espabilar. Quizás Roy Keane -segundo de Martin O’Neill- les dijera cuatro cosas a los muchachos, pero el caso es que Irlanda salta con otro brío al terreno de juego, no sólo en cuanto a intensidad, sino también con destellos de clase. El primer aviso llega tras una bonita jugada, con caños y técnicos regates incluido. Increible, oiga. Y en el 56 llega el tan ansiado gol, tras una gran internada por banda derecha del capitán Seamus Coleman que tirando primero de técnica y, después, de casta, consigue literalmente meterse en la portería con el balón en los pies, en un tanto que se pareció una barbaridad a un ensayo en rugby. Pero aquí no acaban las similitudes con este noble y bello deporte: Un jugador georgiano acaba con un aparatoso vendaje en la cabeza -en uno de esos momentos épicos que tanto pone al aficionado- y, poco después, el héroe nacional James McClean manda un chut a su Derry natal, como si fuera un tiro a palos.

Eran los mejores momentos de los locales. El gol les dio la confianza suficiente para no sólo llegar a portería, sino también para anular el ataque georgiano, que acabaron muy justos de gasolina. Así, llegó un gol anulado por fuera de juego al propio McClean (bien anulado, por cierto) y un remate al larguero en los últimos minutos, donde esta vez le tocó hacer la estatua al meta rival, Loria.

Quizás para darle más emoción al asunto, al árbitro decidió aportar su granito de arena, añadiendo siete minutazos de descuento. Cierto es que en la segunda parte hubo un par de interrupciones para atender a jugadores lesionados, pero tanto tiempo nos parece desmedido. O quizás no estemos muy acostumbrados en la -ejem- mejor liga del mundo (unas risas enlatadas, por favor).

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Se llegaba al final con ese 1-0, tan rácano como importante para las aspiraciones fenianas, que el grupo se pone de los más interesante con cuatro selecciones empatadas a cuatro puntos comandando la clasificación. Lo mejor, al margen del resultado, el tanto de Coleman, no sólo por su importancia, sino también porque supuso su primer gol como internacional y, encima, en el partido 40 defendiendo la zamarra verde.

Un partido que no pasará a las anales de la historia pero -qué coño!- a ver si os creéis que Alemania saca el rodillo desde las rondas clasificatorias…

Clasificación del Grupo D, tras dos partidos jugados:

1. Gales 4 puntos (+ 4)

2. Serbia 4 (+ 3)

3. Austria 4 (+ 1)

4. Eire 4 (+ 1)

5. Georgia 0 (- 1)

6. Moldavia 0 (- 3)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Free Derry.