Una vida en rojo y blanco, por Kongobaltza

Cuentan los más viejos del lugar que antes de las gradas existía un lugar en La Catedral donde la afición rugía puesta en pie, con la gabardina puesta y enfrentando sin temor las acometidas meteorológicas que tocaran, ya fuera nieve, granizo o el típico sirimiri local. En los bajos de la tribuna este se alzaba la mítica General, heredera de aquella otra General previa a la tribuna este, nombre que resuena en nuestra cabeza llevándonos a aquel fútbol de barro, de vallas sin publicidad, de goles en blanco y negro y mitos como Iribar defendiendo una portería con postes rectangulares.

Aquellas gradas que parecían los parches improvisados de un estadio que crecía al ritmo de la propia ciudad a golpe de martillo pilón y alto horno y que emanaban un aire auténtico, añejo, como plateas de cemento donde aquellos hinchas de clase obrera tenían que decidir si comprarse gabardina o paraguas, porque no daba para más. Aquellos arquitectos remendones nos regalaron un estadio digno de una ciudad como la nuestra de aquella época, sucia, fea, incómoda, construída sobre la marcha, pero a la vez especial, fuerte, y con un carácter único.

Qué seguidor del Athletic no ha soñado nunca con teletransportarse en el tiempo para vivir in situ un partido en aquella urbe industrial gris, dura y orgullosa; o con montarse en un Delorean con Marty McFly y poner en el panel del tiempo 1970, por elegir una fecha. Mientras esperamos a que Doc invente la máquina del tiempo, nos conformamos con recordar aquellos viejos y buenos tiempos que sólo perviven en la memoria de unos cuantos privilegiados, y para ello nos hemos puesto en contacto con un socio del Athletic Club, que a pesar de la añoranza de aquellos maravillosos años, sigue al pie del cañón, en la tribuna de este nuevo estadio que tan poco recuerda a aquella época. Toda una vida en rojo y blanco, viviendo algunos de los acontecimientos históricos de este club. Una vida contada desde la experiencia y el corazón. Con ustedes, “Kongobaltza”.

Cómo empezó todo:

Vamos por partes, que diría Jack el Destripador. Vuelvo a 1961, cuando yo era un crío y mi tío José, antiguo comandante de gudaris que currelaba en Euskalduna, salía a las 5 del astillero y me pasaba a buscar por el colegio. Un día, sin yo pedir nada, un domingo, a las 15,00 en San Mamés (como decían los carteles) me dijo que nos íbamos a San Mamés. Que había partido. Ha pasado más de medio siglo y no consigo recordar contra quién fue.

 Fuimos a Preferencia de Gol Norte, después se ubicó allí a Herri Norte y mi tío, un sabio, me colocó muy cerca del corner de Tribuna Principal que es por donde salían entonces los jugadores. Recuerdo ahora los momentos en los que alguien, desde dentro del vestuario, lanzaba media docena de balones para el calentamiento y se me está “piantando un lagrimón”, como decía el tango. Medio minuto después de salir los balones, salieron ellos, mi equipo.

1961

Yo no podía ni cerrar la boca del asombro que tenía. La emoción en estado químicamente puro. Carmelo, Orue, Etura, Canito, Mauri, Maguregui, Arteche, Marcaida, Arieta, Merodio y Yosu. Tengo dudas únicamente en Yosu. Gaínza se acababa de retirar y Garay había sido traspasado al Barcelona a cambio de “una tribuna”. Supongo que ganamos y que después mi tío me siguió llevando domingo tras domingo “a las 15,00 en San Mamés” al partido que hubiera. ¿La General?  Ésa es otra historia.

La Catedral:

Interiormente, y siendo un crío, San Mamés imponía. Más aún estando al lado de aquella Tribuna imponente sostenida por un arco inmenso que, a mi juicio, debió estar en el escudo de la Villa por derecho propio, pues siempre fue el referente del Estadio como construcción dedicada al fútbol. En las esquinas norte y sur de la Tribuna Principal, tal vez haciendo de base de ambos extremos del arco había un edificio con una especie de palcos o balcones reservados, supongo, a gente “enchufada”.

La hierba, el césped, siempre impecable, según recuerdo gracias a un tal Birichinaga, un artista del rastrillo y la regadera. En las porterías, el triángulo de hierba “pelada” gracias a las pisadas del portero. Todos los porteros hacían una línea perpendicular a la línea de fondo dirigida al punto de penalty. Supongo que para orientarse en momentos de apuro.

La General, cuando aún no había llegado la muchachada, era una especie de anfiteatro con gradas bajas y anchas escalonadas, con poca altura, que recibían a una hinchada única en el mundo. Sólo he visto, hasta la fecha, algo parecido en el Signal Aduna de Dortmund donde se ubica el famoso Muro Amarillo. Sin miedo a pronunciar una bilbainada, la General GANABA PARTIDOS. No quito ni una letra. El que haya vivido eso, sabe que no exagero. Termino diciendo que en la General había unas barras escalonadas por toda la grada que, muchos años después entendí para qué servían: para evitar avalanchas que hubieran resultado una tragedia.

La afición:

No había grupos organizados. Había algo mucho mejor: un orfeón enorme, inmenso, dirigido por un tal “Rompecascos” (Gabriel creo que era su nombre) que era poseedor de un vozarrón inenarrable. Cuando tocaba “generala” (al ataque, a tumba abierta), Rompecascos lanzaba los tres “Athleeeeeeetic” de rigor, y TODO EL CAMPO, repito,  TODO EL CAMPO, contestaba : Eeeeeeup. Incluso los pocos que comían pipas. No era cuestión de comerse un coscorrón por despistado. Tras el tercer Eeeeeeup sonaba, 45.000 voces  en perfecta armonía el: Ala bí- ala bá, alabim-bom-ba , Athletic, Athletic, Athletic ganará ¡¡¡

Lo del Geuria viene mucho más tarde en el tiempo. No había muchos más grupos de  animación de este calibre, pues hubiera sonado bastante pobre al lado de la marabunta rugiendo. Recuerdo la primera Final a la que me llevó mi tío, Athletic-Valencia (perdimos) en la que se “parió” otro de los himnos eternos del Athletic : el “Iríbar, Iríbar, Iríbar es cojonudo, cómo Iríbar, no hay ninguno”. Y no lo hubo nunca, os lo juro. En esa final, la hinchada parió una serie de adaptaciones de canciones populares de las que elijo una inmensa ” Todos queremos mas”…  con el público balanceándose de babor a estribor. Paro, porque me estoy emocionando demasiado.

rompecascos

Ya pasó. ¿Reivindicaciones políticas? Queridos niños: entonces vivía un tal Franco y su policía infiltrada incluso entre la gente de la General y las Tribunas. Ese capítulo llegaría años más tarde. Un poco de paciencia.

 Las previas:

 El ambiente previo era bastante diferente al de hoy. Pozas existía pero los bares que hacían caja eran los de la Calle Luis Briñas y Felipe Serrate. Café copa y Farias, los más, o un Rossli  (ambos Farias y Rossli, pestilentes), Copa de coñac, el pacharán apenas se bebía y “padentro”. No había problema en meter la bota de vino dentro e incluso a mí, que no levantaba un metro del suelo, me la ofrecían. El bocadillo, de casa siempre, en mi caso, forrado de papel Albal (que le pregunten al portero del Milan) y los más indolentes, su saquito de pipas de girasol (Facundo a poder ser).

 A principios de los setenta empezaron, creo recordar, a aparecer los puestos de caramelos, chucherías y banderas, bufandas, etc junto a las verjas de la Misericordia. En la general, aunque no llevaras bocadillo (me niego a escribir la palabra bocata) siempre había alguien que compartía el suyo contigo. Daba gusto. ¿Que si había partidos flojos? Claro que los había, pero nuestros jugadores eran conocidos, del barrio o del pueblo y pocas, poquísimas veces he visto abroncar a un amigo por parte del público en San Mamés.

 Recuerdo especialmente cuando Iñaki Saez jugaba de defensa derecho (le retrasaron de extremo a defensa), y era no muy rápido. Cuando el Chopo sacaba el balón con la mano (inmejorable su centro) y Sáez veía hueco, se lanzaba a correr la banda. Los gritos de “Hala Jaburu” convertían a Iñaki Sáez en un ciclón, jaleado por toda la General. Eso sí, a veces llegaba l pico del área grande y centraba a la Tribuna Alta. Otra vez será… Jaburu por lo visto fue algún jugador brasileiro al que Iñaki Sáez se parecía bastante.

Los desplazamientos:

Con el Athletic se ha viajado siempre. En los años 60, poco (siempre hablo de mi experiencia). En los setenta ya fue otra cosa. Desplazamientos masivos a las finales del Castellón (en el Calderón) y vuelta al Calderón en el 77 contra el Betis ( disgusto monumental). En ambos casos los desplazamientos fueron masivos. Vuelvo un poco en el tiempo y recordaré siempre las portadas de los diarios de Bilbao a toda plana con este texto: ¡¡¡A LA FINAL!!!

Un empresario con un arranque increíble, el Sr Herreros, había creado desde la nada una agencia de viajes, Viajes Ecuador, que siempre estuvo muy por encima de las otras a la hora de organizar desplazamientos del Athletic. Organizó siempre cientos de autobuses para la forofada Y CON ENTRADA, que tomen nota los directivos de hoy. Buses, trenes y en menor medida, aviones. Debo decir que asistí a la catástrofe contra el Betis con dicha agencia. La vuelta fue muy problemática en el Barrio del Gamonal, en Burgos, con un recibimiento de la extrema derecha acorde a su estilo.

Creo que esa temporada hubo una serie de desplazamientos acompañando al equipo, Ujpest Dozsa (Hungría), Milan (A.C.Milan) Ajax (Amsterdam) Barcelona, Bruselas (Racing White) y Final a doble partido contra la Juve Turinesa. No puedo contaros mucho sobre aquella temporada ya que estaba “invitado” por el ejército español en Ceuta. Llegué a la semifinal, ví el partido de vuelta en San Mamés y también la Final contra la Juve, partido en el que conseguí no llorar como un niño a pesar de tener los ojos llenos de lágrimas. Aguanté la mala leche y me tragué las ganas de asesinar a un árbitro austríaco llamado Linemayer. Como miles de los nuestros.

Pasado el mal trago, los setenta restantes se limitaban a los desplazamientos próximos: Atocha  (sí, con ch), El Sadar y El Sardinero.

Llega Clemente y se arma el gran Cristo. Un entrenador lenguaraz y  un maestro de la psicología ( a la sombra de Piru Gaínza ) consiguió arrastrar a la masa athleticzale a un sinfín de desplazamientos. La jugada Clementina era muy sencilla: incendiaba el ambiente mediante declaraciones de prensa y quitaba toda la presión a los jugadores “pasándonosla” a la muchachada (entre la que yo me encontraba). Hice ocho o nueve desplazamientos con el equipo y ocupé como socio el lugar que se construyó sobre la vieja General. La Tribuna Este. No tengo duda de que fui uno de los que ganamos la Liga. Para celebrarlo (veintisiete años después) salté la valla del Insular y dí la vuelta al campo abrazado a los jugadores.Gabarra. La rehostia. Paro porque tengo la patata desbocada (el triple by-pass resiste). Al año siguiente, otra Liga Clementina, misma estrategia y otra vez campeones, con el añadido de otro Campeonato. De Copa contra el Barça de Maradona y Schuster, en la Final de la tangana. Gabarra otra vez.

El éxito no cae bien en el Athletic y el equipo cae en barrena debido a múltiples factores: Jugadores reventados, conflicto Clemente-Sarabia (pésimamente tratado por Pedro Aurtenetxe, a mi juicio). Abandono de algunos jugadores…

Los desplazamientos masivos decaen, pero la semilla de la costumbre de acompañar al equipo ya se había  apoderado de la muchachada.

Efemérides I:

De todos los colores. Cada uno tenemos las nuestras en primera línea de nuestras mentes. Cuento LA MIA (la explicación de las mayúsculas, a renglón seguido):

Dos de Mayo de 1983. Las Palmas de Gran Canaria. Última jornada de Liga. El título se decide entre Real Madrid y Athletic. El Madrid, si empata en Valencia es campeón. El Athletic sólo gana la Liga si gana al Las Palmas y el Madrid pierde en Valencia. Nadie en su sano juicio echaría mano de la cartera y se compraría el kit viaje-hotel y entrada para ver cómo los merengues recurren a lo de siempre para ganar otra Liga, dado que La Real les había birlado dos ligas consecutivas los dos años anteriores. A mí, con tela en el bolsillo, ni se me pasó por la imaginación dejar solo al equipo en un trance que podía ser o un disgusto importante o LA HOSTIA con mayúsculas.

Y allí nos fuimos los 2.999 y yo, que hacía el 3.000, como cuentan las crónicas. En el avión, tras un buen rato escuchando los lamentos de los pasajeros de detrás, no pude aguantarme y les dije: “sólo un imbécil integral se gasta lo que os habéis gastado para ir a Las Palmas a llevarse un disgusto”  La respuesta fue la más común: ya, pero lo más seguro es que el Madrid gane. Ahí salió el Campeón del Mundo del Optimismo (yo) y les dije que  para eso yo no me gasto ese dineral. Que yo iba a por la Liga y no había más que hablar.

Al llegar a Las Palmas, Piperra, un amigo que vivía en Tenerife, bilbaíno, nos estaba esperando. Se hartó de llamarnos folklóricos, y todo el repertorio de alguien a quien no gustaba el fútbol en absoluto.

Llegó la hora. A las cinco de la tarde, las cuatro en Canarias. Y allí estábamos todos. Pitido inicial. A los pocos minutos un despeje inaudito de Miguel De Andrés se clava en la portería de Zubi. Vaya manera de perder un partido. Pero por una vez el carácter de aquel equipo ganador nos quitó el susto dando la vuelta al marcador en menos de diez minutos. 1-3 al descanso. Y un drama en la grada. Entre un grupo de aproximadamente cien personas NO TENIAMOS NI UN PUTO TRANSISTOR. Bueno, miento, había uno, pero como si no lo hubiese, ya que el monstruo que lo tenía estaba escuchando con auriculares. Y, o era un perfecto monstruo o estaba tan nervioso que ni se le ocurría darnos noticias de lo que pasaba en Valencia. Marcó Tendillo el gol del Valencia y ahí empezó el sueño a coger cuerpo.

Era posible. La Liga estaba allí, a media hora. Increíble. Veintisiete años después. Todos sudábamos, no solo por el calor, también por los nervios.  Los seguidores del Las Palmas, vacilándonos cantando el gol del empate del Madrid. Inexistente, por supuesto. Finalmente el sufrimiento termina y el Athletic gana el partido. 1 a 5. Pero aún faltaba el final de Valencia.

Los jugadores escuchando la radio agrupados en el banquillo del Athletic. Y ahí que el partido termina. El Athletic, txapeldun. LA HOSTIA. Yo pensé: esto no me vuelve a pasar en la vida. Así que toca saltar al campo. Pasé mi bandera a través de la valla y escalé en plan “pista americana”. Al bajar, un canario se había llevado la bandera. Corrí como un poseso al centro del campo donde choqué literalmente con el grupo de jugadores y dí el resto de vuelta olímpica al campo entre los aplausos de la hinchada canaria, a la que mandábamos a segunda, y el delirio de los 3.000. Pero ahí no termina la historia.

Los “3.000 del Insular” , dispersos por el estadio, milagrosamente, sin previo plan, nos juntamos y desfilamos cortando el tráfico, una pequeña manifa rojiblanca, hacia el Hotel del Athletic. Y, curiosamente, sabéis quién iba al frente de la “manifa zurigorri?  Pues él, el gran Piperra, el que se había hartado de llamarnos folklóricos. Como todos, llorando de emoción. El resto, es historia. Nuestra HISTORIA.

Efemérides II:

Los grandes escándalos que se han visto en San Mamés, siempre han sido precedidos de una actuación malintencionada del árbitro de turno. Desde Rigo (del Colegio Balear) al donostiarra ¿lo era? Guruceta Muro , siempre hubo alguno que nos arbitró peor que mal, otros nos expulsaron jugadores justa o injustamente (sería interesante preguntar a los hermanos Rojo) y al final, provocaron lo que eufemísticamente hoy se conoce como “graves alteraciones de orden público”.

Curioso término cuando la sociedad era muchísimo más “brava” que la adormilada masa de hoy en día. Los “escándalos” de entonces consistían en el lanzamiento masivo de almohadillas (desde las gradas de asientos). Las almohadillas eran un cuadrado de foam bastante recio recubierto de plástico con el logo del Athletic y el escudo de la Misericordia. Costaban, creo recordar, un duro y el importe de la recaudación iba directamente a la Misericordia, que por si alguien lo ignora, era y es un asilo para huérfanos y ancianos. Muchos arbitrajes lograron que el césped quedara tapado por las almohadillas.

Para restablecer entonces el juego, los boinarrojas de turno (muchos “acomodaban” desde el césped o la primera fila) tenían la ingrata labor de recoger las susodichas almohadillas y apilarlas de cualquier manera en las bandas, al costado de la valla. Pues bien, viene todo este preámbulo  para recordar a “la madre de todos los escándalos”, utilizando la expresión del killer gringo Norman Schwarzkopf, sí, ése, el que invadió Irak. Con ustedes, queridos lectores athleticzaleak, Raúl García de Loza.

Cualquier espectador mayor de 40 años hoy en día, 2015, no va a tener duda en coincidir conmigo en que éste “menda” (y que me perdonen los “mendas” de donde sean) organizó el mayor cipote – perdonen la expresión los finolis- que se recuerda en la vieja Catedral. Lo más suave que se me viene a la cabeza es la palabra “golfada” que como todos ustedes no ignoran, es la acción propia de un golfo o sinvergüenza.

Los hechos: Semifinal de Copa, partido de vuelta, Athletic- Barça. Con el Athletic volcado al ataque, 2-0 en el marcador, una entrada de un jugador del Athletic en el área culé es cortada en flagrante segada y el tal Raúl no solo no pita nada sino que en la misma jugada, mientras los jugadores rojiblancos cometían el error infantil de reclamar al árbitro en manada, el Barça metía el gol que les daba el pase a la Final.  Comportamiento muy ingenuo de los leones, aunque debo decir que el “modus operandi” del “menda” Raúl fue durante todo el partido una provocación en la que solo cayeron los nuestros en la citada jugada.

En esa jugada, creo, hay dos hinchas que saltan desde la Grada Norte a ajustarle las cuentas al de negro. Entre los txapelgorris y algún jugador se consigue evitar el caneo, pero termina el partido y la ira se desata. Algún avispado y celoso defensor del orden establecido, es decir, lo que vulgarmente se conocía como un “poli” (con mando en plaza) lanza a sus centuriones a demostrar que un centenar de “números” armados con pico y pala (perdón, con pipa y porra) se bastan para hacer callar a 45.000 vascos de m… vociferantes. El clamor era unánime. Se gritaba “hijos de puta” a coro. Ni el Orfeón donostiarra nos hubiera tapado la boca. El lanzamiento de todo tipo de objetos fue impresionante.

Varios hinchas en el césped ya se las tenían tiesas con sólo banderas frente al armamento reglamentario. Uno de ellos, con un chubasquero azul celeste, protagonizó la carrera más emocionante que he presenciado en mi vida. Yo estaba al lado, en la Este y todos lanzábamos de todo lo que había para impedir a la poli que trincaran al del chubasquero. En ese momento, y viendo el sheriff de los uniformados que de todas las gradas del campo había gente saltando las vallas decidió hacer caso a la frase del general Montgomery : “una retirada a tiempo es una victoria”. Y ahí pudimos ver cómo los cien héroes defensores del orden, la centuria policial, perdieron el culo y la vergüenza para refugiarse en el túnel de vestuarios y preparar allí la defensa del fuerte.¿Ah, que esto no es una peli de indios y cow-boys? Perdón, qué cabeza la mía. Me he pasado de un partido de fútbol a una del far-west. Si digo yo…

En You-tube hay un videoclip de Kortatu en el que sale  la retirada de los centuriones: “La familia Iskariote” . De momento es gratis y no está censurado. Pero tranquilidad, todo llegará.

 

Ayer VS hoy:

 

La ciencia ha mejorado al 100% el aspecto del Campo y aunque el espacio entre filas es muy poco mayor al que había en el viejo campo, me hubiera gustado el ancho que había en el viejo Maracaná, estadio que visité hace la friolera de doce años. Pero bueno, por pedir que no quede.

Voy a decir una cosa que no me gusta en absoluto y puede que a alguno que la lea y se sienta reflejado en ella, tampoco le va a gustar.

No soporto a esos (habitualmente son los mismos) que llegan tarde y tardan (valga la redundancia) un huevo en llegar a su localidad, estorbando, haciendo levantar al puntual, tapando la visión de “justo ese instante”, y repartiendo saludos y apretones de manos para certificar que ha llegado a su localidad, que es un socio del Athletic, supuestamente de Bilbao de toda la vida, y que tiene los santos cojones de llegar tarde porque se queda tranquilamente a apurar su trago en el bar que toque. Unos cantamañanas insoportables. Esta noche los he vuelto a ver. Vaya a la localidad que vaya siempre están ahí, llegando tarde y repartiendo sonrisas, guiños de ojos y apretones de manos. Fantasmones de los huevos. Se debería impedir el paso de esta gentuza hasta que se marque un gol. Como en los toros, creo. Donde no dejan entrar (y joder) durante la faena.

Sintiéndolo mucho, no les soporto. Sí. A usted, si es uno de ellos.

Echo en falta una grada de animación. En el viejo estadio llegó a haber dos: Herri Norte, en la Tribuna Gol Norte y Abertzale Sur, en la Tribuna Sur. Hasta que llegó algún iluminado defensor del orden y de las buenas costumbres y decidió que a la chusma, a la purria obrera, había que domarla y/o en su defecto, alejarla de los campos sentándola en butaquitas a precios nada populares. Cada vez que veo el “Muro amarillo” del Borussia Dortmund, sin butacas y con 25.000 personas en el mismo, se me queda la boca abierta. ¿Porqué aquí no se poude hacer algo parecido? Y máxime sabiendo que las entradas cuestan allí del orden de 14 euros, no me extraña que tengan el campo lleno a rebosar siempre. Dicen que son la mejor afición del mundo. Yo lo creo. Cuánto hay que aprender de ellos.

*Nota aclaratoria del autor: lo que he escrito, datos y opiniones, es fruto de MI experiencia personal y de MIS opiniones personales,  Posiblemente haya errores en algún dato, alguna fecha o en la descripción de alguno de los hechos. Pido humildemente perdón y le adjudico la responsabilidad a la debilidad de mis neuronas. Llevo muchos años en este “barco” y no pienso desembarcar hasta que el caso sea de “fuerza mayor”

 

 

Anuncios

Un comentario en “Una vida en rojo y blanco, por Kongobaltza

  1. Pingback: Relatos Zurigorris: Una vida en rojo y blanco, por Kongobaltza | AthleticBilbaoHooligans

Los comentarios están cerrados.