Que viva el business y se jodan los de la Real

Sí, ya sabemos que las entradas que el Athletic envió a Donosti se vendieron en su totalidad. De ahí que, cosas del directo y las prisas, tengamos que matizar que con precios populares hubiera habido más ambiente y más papel vendido. Poquito más, pero sí, aunque fuera en zona teóricamente local. Porque conviene recordar que San Mamés no se llena y que tenemos unos palcos VIP infrautilizados porque la masa social zurigorri acata el business (aunque finalmente no resulte tal) sin rechistar.

Viene esto a colación de la negativa del Athletic a pactar precios en los derbis, cosa que a mucho aficionado zurigorri le parece estupendo. Excusas, más que razones, hay muchas. Algunas son lamentables, y otras, sencillamente, no nos convencen.

Está quien no puede ver a la Real. Suponemos que son los mismos que en el ardor de la batalla del domingo trataban de insultar al grito de “giputxis”. Los que mezclan la velocidad y el tocino porque “¿cómo vas a pactar precios con los que tienen claúsulas anti-Athletic?”. Vamos, que el vecino no tiene derecho a blindarse, aunque sea de manera burda y populista, ante la chequera del Athletic. Un poco más de victimismo, por favor. Menos mal que Javi Martínez y cía no se fueron a la Real; de haber sido así ya teníamos tercera guerra mundial.

Están los que sacan la calculadora, dividen la cuota anual, sacan el precio de la entrada y concluyen que “a ver qué va a ser eso de que paguen menos que yo”. Es como aquel que habiendo comprado el piso en pleno boom inmobiliario critica el pinchazo del ladrillo o la existencia de VPOs porque devalúan su piso. Eso sí, no le oirás ninguna palabra sobre el desorbitado precio del fútbol, el (des)uso de los VIPs, las ventajas de ser socio frente a no serlo y un largo etc. Es de un egoísmo tal que este tipo de posturas solo beneficia y legitima una política de precios desmesurada y, en fin, clasista.

Y conviene recordar que el Athletic baja precios de entradas cuando le interesa. Hace diez años, con el fantasma del descenso asomando, se bajaron precios para muchos partidos, incluso se financiaron viajes para la afición. Nadie sacó la calculadora, ¿o sí? Ahora, cuando las cosas van bien, “si te he visto no me acuerdo” y el hincha juzgándolo todo bajo criterios economicistas. En Ibaigane se descojonan.

Porque en vez de mirar al futuro con actitud constructiva y pelear por unos precios dignos, nos empeñamos en defender ciertos status y privilegios que no conducen a buen puerto. Pasa con las entradas y pasa con la afición de la Real, a la que no se le pasa ni una (al contrario que a bastantes aficiones fascistas europeas, donde se pone el foco en los malvados radicales locales) y todo vale contra ella porque “en Anoeta y en Atotxa blablabla”. Que sí, que será verdad, pero así no se va a ningún lado y lo único que se hace es retroalimentar aquello que se dice odiar, enquistando el problema eternamente.

He aquí la proverbial afición señorial del Athletic. Y no oses criticarlo o ponerlo en cuestión; automáticamente te conviertes en anti-Athletic. Mayor infantilismo no hay. Porque somos superiores, claro que sí. Pero alguien debería poner mote a nuestros “cebras” locales. Ya saben, ese especimen zurigorri con ojo y medio en Zubieta, los foros realzales y siempre atento a la enésima mierda del Diario Vasco sin reparar en la intoxicación de El Correo, diarios ambos del mismo grupo editorial, el franquista ABC. Eta, orain, amaitzeko abestu dezagun danok: “gu, euskaldunak gara, Euskal Herrikoak”.

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Athletic Club – Real Sociedad SAD: contracrónica [Harmailatik]

Durante la semana habíamos publicado en nuestro muro de Facebook una matización a las palabras de Josetxo Olalde, representante de peñas de la Real, que acusaba al Athletic de no sumarse a la campaña de pactar precios para aficiones visitantes en los derbis vascos, cosa que ya se ha hecho en el Osasuna – Real Sociedad. Esta matización suscitó un debate, en principio sin mayor problema, y que acabó necesitando que tuviera que borrar bastantes comentarios e insultos contra los habitantes de Donostia y Gipuzkoa e hinchas de la Real. En Twitter la cosa anduvo parecida, y gran parte de los hinchas del Athletic defendieron la postura de la junta de Urrutia sin pararse a pensar que la Real pondrá unos precios parecidos a los aficionados rojiblancos que quieran desplazarse a Anoeta en el partido de vuelta. “Que se queden en su casa”, “que se jodan”, “allí nos cobran lo mismo y el campo es peor”, y demás argumentos científicos se leyeron. Tuvimos que acordarnos irremediablemente de la pancarta que nos dedicaron, con total razón y mucha sorna, los ultras del Schalke 04 aquella noche de infausto recuerdo. Estamos como para pedir precios y abonos populares en casa.

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Todo este ambientillo viciado no se reflejó en las calles del Botxo, donde ambas aficiones compartían tragos sin mayor problema en el Casco Viejo, bertsoderbi incluído, y más tarde en Indautxu y San Mamés. Eso sí, echamos de menosa los hipotéticos cientos de realistas que habrían acudido a Bilbao de haberse pactado los precios. Bajando al barro economicista, si los tan cacareados beneficios de una Eurocopa, una final de Copa o una de Europa League son tan pingües, ¿por qué no se aprovecha para hacer caja (en la hostelería, no en el estadio, que ya se hace a conciencia) con los rivales más cercanos? ¿O con ellos no vale? ¿Preferimos recibir cientos de ultras fachas rusos o polacos a pacíficos hinchas de la Real? ¿Alguien más se plantea estas cosas o simplemente nos ajustamos la txapela demasiado fuerte mientras soltamos unga unga?

En cuanto a lo meramente deportivo, una dura Real que no sabemos muy bien a qué quería jugar, especialmente sacando el balón, encajó una justa derrota que pudo ser mayor de haber estado más acertados de cara a portería. Victoria que nos aúpa a posiciones nobles de la tabla y que nos hace lamentarnos de la ocasión perdida en Málaga. Menciones especiales a Yeray y Lekue, asentados totalmente en el primer equipo y con una implicación máxima y muy acertada.

Desgraciadamente, tenemos que hacer un par de reseñas para terminar la crónica. La primera, una agresión a un seguidor de la Real en Tribuna Este Baja y que hizo que la seguridad del estadio montara un circo totalmente prescindible. La agresión en sí (desde el desconocimiento de qué había causado la discusión previa), pues viene a demostrar que todos aquellos que tiran de victimismo y cuentan mil películas de sus viajes a Donostia (que si meadas, que si insultos, que si blablabla) omiten que los hinchas de la Real vienen a sufrir exactamente lo mismo en San Mamés. Tranquilos, conocemos vuestro eterno argumento: “ellos empezaron primero”. La situación terminó con los dos realistas (uno de ellos recibió un guantazo) siendo apartados del sector mientras decenas de hinchas locales que no sabían ni qué había pasado les insultaban de pie y muy airados, lo que indica que estaban con ganas y totalmente predispuestos a ello. Muy señorial. Lo que organizó al término del encuentro el personal de Prosegur con el agresor, en fin…menuda película.

Y para terminar, y con 3-1 en el marcador y el partido encaminado, una cuadrilla de realistas que se encontraban en los asientos Premium de norte celebró el 3-2 golpeando los soportes publicitarios. Terrible delito que les valió la airada reacción de gran parte del público rojiblanco que les dedicó cortes de manga, insultos y demás lindezas. Ante tal avalancha, uno de ellos, con gran sentido del humor, vaciló un rato con una sonrisa en la cara. Nos quitamos el sombrero, ya que retrata perfectamente la mala hostia con la que el personal acude a La Catedral en el derbi contra la Real. Y eso que muchos siguen defendiendo (carcajadas aquí, por favor), que nuestros derbis son contra Madrid y Barcelona y que el partido contra la Real es uno más.

La total ausencia de autocrítica de la que siempre hace gala la afición del Athletic Club vuelve a hacerse evidente. Nadie lo menciona, nadie lo comenta. Es un tabú, uno más que nos hace ser más pequeños y más parecidos al resto de aficiones. Que bonito sería canalizar la mala gaita en forma de cánticos cachondos, con buen humor, y disfrutar de un partido de fútbol sin más. Parece que no hay manera. Una pena…como es una pena que en Donostia y Anoeta pequen exactamente de lo mismo. Qué fácil es enfrentar al pueblo con el fútbol. En España deben estar bailando la conga viendo el percal…

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El Derby: la previa, sin prejuicios

Antes de que tanto al Trolero Español como al Diario Asco (hermanos gemelos) les dé tiempo a enturbiar el ambiente con cualquier minucia (como las declaraciones de Ansotegi) y que sus voceros foreriles den rienda suelta a sus soflamas más casposas, vamos a hacer una crítica sobre las tonterías y cuentos de experiencias horripilantes que se oyen a un lado y otro de la A8 cuando se acerca este partido.

Podemos entender que haya quien tenga manía a la Real como club de fútbol, al igual que es comprensible que sea al revés. Cada uno puede hacer su lista de prejuicios futbolísticos, en Bilbao son muy populares el Betis, el Racing, el Atlético y nuestros queridos amigos salchichófilos de Viena. Razones puede haber mil, es fútbol, y el fútbol es pasión, y cada uno tendrá sus motivos.

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Ahora que, plantear un derby entre los dos clubes como si fuera la batalla de Stalingrado o hubiera que dirimir no sé qué históricas ofensas, es ridículo aparte de ficticio. Más bien parece un campeonato de provincianismo en el que el más tonto sale ganador. En los dos lados hay buenos púgiles en esta competición, ni los nombraremos. Pero sí haremos mención a algunas actitudes por parte del populacho, que es lo que nos interesa.

Por un lado, algunos aficionados de la Real sostienen que el Athletic les roba jugadores. Bueno, aparte de algún caso en categorías inferiores, el resto de los fichajes se han pagado bien, y han aceptado gustosamente el dinero. Pero en Bilbao también se debería ver como natural que pescar en casa del vecino despierte ciertas antipatías, sin ir más allá. El fútbol es negocio, desgraciadamente. Lo que no es sano es querer quemar a Etxebe y aplaudir como gruppies a Xabi Alonso.

Luego está otro tipo de aficionado txuriurdin (normalmente de Donostia) que simplemente tiene prejuicios contra Bizkaia. No le culparemos, son exactamente iguales a los bizkaitarras (normalmente del Gran Bilbao) que tienen prejuicios contra Gipuzkoa. ¿Se puede ser más paleto? Alguien que haya estado en Gipuzkoa mucho tiempo, habrá podido sufrir bromas, vaciles, sin ir más allá. Nada insufrible. Es más, el respeto y el buen humor suelen ser la tónica general, excepto en rarísimas ocasiones. Y viceversa. Llama la atención que los más radicales en este asunto de enfrentamiento provinciano no sean ni siquiera oriundos de la tierra. Se podría rascar un poco más y ver una razón política que los medios unionistas llevan sembrando mucho tiempo, el famoso “divide y vencerás”. Y dividir por fútbol es lo más fácil que hay, usando un axioma la mar de simple para mentes simples:

me han tratado mal en Anoeta → toda la afición de la Real es igual → La Real es de Gipuzkoa → odio Gipuzkoa y a los guipuzcoanos.

Un 10 en matemática discreta.

Por otro lado, desde el lado zurigorri, se escuchan frecuentemente experiencias pavorosas en Anoeta, meadas, cánticos, mecheros, que si es peor que el Calderón, que si el realista se transforma dentro del campo… pero seamos serios. ¿Cuánta gente del total lo ha sufrido y en qué medida? ¿Qué porcentaje de realistas nos tratan así? Mínimo. Quizá habría que ponerse en su lugar y ver qué sienten ellos en La Catedral. ¡Ah no! Que la Catedral es sacrosanta y somos muy señoriales, y no aceptamos ni una crítica. Sólo hay que pasearse estos días por algunos foros y grupos de Facebook para ver lo respetuosa que es nuestra afición.

Luego están esas “pruebas irrefutables“ de asientos rotos en los 2 estadios, meadas en estatuas (que en todo caso protagonizó una sola persona, si es que ocurrió), y mil historias más que se magnifican artificialmente.

En definitiva, nos parece que la gente que tiene manía a uno u otro club busca cualquier excusa para argumentar un odio irracional que no tiene demasiado sentido. El Athletic y la Real tienen muchos aspectos que les unen. No es que tenga que ser un partido de hermanamiento, un orgasmo euskaldun ni nada parecido. Simplemente no se debe plantear en términos de enfrentamiento que únicamente benefician a los que están interesados en separar mediante el fútbol.

Así que esperamos que la racionalidad impere y disfrutemos de un espectáculo digno de un derbi vasco, y sobre todo, esperamos ganarles. Porque mola ganarles, y vacilar. Pero sanamente.

Por cierto, una vez más, AITOR ZABALETA, BETI GOGOAN.