Sonrisas y lágrimas (Caledonia 2 – Engrrland 2)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Con este ñoño título se bautizó el famoso musical protagonizado por Julie Andrews, pero es que nos viene al pelo, no sólo porque su canción principal, ‘Doh a deer‘, la adoptó la siempre genial Tartan Army para su interminable repertorio, sino también porque resume perfectamente lo vivido el sábado en Hampden Park entre escoceses e ingleses, con un final de infarto en el que se pasó por todas las etapas que puede experimentar un hincha en un campo de fútbol, desde la alegría desbordante hasta la tristeza más miserable.

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De todas formas, este final de película no debería taparnos los ojos, que el partido fue, por lo general, bastante pobre. No es algo que que ya nos pille por sorpresa teniendo en cuenta el estado futbolístico de ambas selecciones, pero es que es cierto que ante un partido con tanta historia, rivalidad y morbo, uno tiene las expectativas bien altas. Una vez más, ni Escocia, ni Inglaterra estuvieron a la altura de las circunstancias. Y ya no es una cuestión de mentalidad, de estrategia o de estado de forma, simplemente ambos equipos tienen el nivel que tienen en la actualidad y, claro, luego pasa lo que pasa, como que una selección como Islandia mande a casa a los ingleses de manera sonrojante el año pasado en Francia o que Caledonia no esté presente en los grandes torneos futboleros desde 1998 (sí, eso es el siglo pasado).

Los prolegómenos, como siempre, de lo más intenso, con un monumental abucheo al ‘God save the Queen’ por parte local (quizás los ingleses debieran plantearse tener un himno propio para su selección, en vez de usar el rancio himno británico) y un impresionante ‘Flower of Scotland’ cantado a pleno pulmón, acompañado por una solitaria y solemne gaita. Pelos como escarpias.

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El partido da comienzo de manera intensa por ambos equipos, lo que se traduce en un ritmo alto pero con muchas imprecisiones y alguna entrada a destiempo (para el minuto 3, Scott Brown vio la primera amarilla del encuentro). Los locales son los primeros en avisar con un manso disparo de Griffiths a las manos de Hart. Pero a partir de ahí, Inglaterra consigue sacudirse este dominio inicial local, aunque no se viera reflejado en el número de ocasiones. Cierto es que lo más destacable llegara por parte inglesa, primero con un no-remate de Kane que a puerta vacía no fue capaz de empujar a la red de manera incomprensible y luego con un lejano disparo de Livermore que sacó un defensa local bajo palos tras un mal despeje de Gordon, el portero del Celtic que se “consagraría” en la segunda parte, como ya veremos en un rato…

Con el empate inicial se llegaba al descanso. Poco fútbol pero con la ligera sensación de que Inglaterra era superior. La segunda parte comenzó con la misma premisa, aunque el cotarro se fue animando poco a poco. Tras un par de avisos, por fin los sassenachs se adelantan en el marcador con un gol de Oxlade-Chamberlain -¡caramba, qué apellido más rimbombante!- en el minuto 70 tras error garrafal de Gordon, que en vez de despejar el disparo como Dios manda, pareció como si se estuviera quitando una mosca de la cara con la manopla. 0-1 para Engrrland y parecía que el partido estaba decidido, viendo la respuesta local, con mucho corazón pero pocas ideas. Si Escocia quería cambiar la situación, sería en alguna jugada aislada, un golpe de azar, un balón parado… como así ocurriría finalmente. Cuando los hinchas ingleses -qué majos ellos- cantaban que “no habrá Tartan Army en Moscú” en alusión al mundial del año que viene, llegó la primera genialidad de la tarde de Leigh Griffiths cuando la derrota parecía ya inevitable. Corría el minuto 88 cuando el delantero del Celtic se cascó una magistral falta que pasó por encima de la barrera inglesa y se coló por el palo no cubierto por Hart, lo que hizo inútil su estirada.

A partir de aquí, la locura se desató en Hampden. Y en medio de este caos, los ingleses cometieron el error de conceder otra falta a Escocia cerca del área, como si no hubieran aprendido nada sólo dos minutos antes. Esta vez, el balón estaba a la misma distancia pero más escorado a la izquierda. Griffiths se prepara para lanzar y, de nuevo, el balón supera la barrera con lo que Hart tampoco puede llegar al balón. Faltaban segundos para llegar al 90 y Escocia había obrado el milagro en dos minutos. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en el césped de Hampden. Un equipo herido de muerte había conseguido dar la vuelta a la tortilla, con más fe que buen juego y, por supuesto, gracias al sutil toque de Griffiths. Pero claro, estamos hablando de Escocia, con lo que no se puede dar nada por sentado hasta que el árbitro pite el final. Así, cuando se cumplía el tercero de los cuatro minutos de descuento, Gordon la volvió a liar. Un desesperado centro a la olla fue rematado por Kane al fondo de la red, ante la inoperancia del portero escocés que se quedó en una de esas medias salidas tan irritantes, con lo que ni blocó el centro, ni detuvo el remate del capitán inglés. Vamos, que no hizo nada.

Empate a dos final que no sabemos ni como tomarlo, teniendo en cuenta la locura de los últimos minutos. ¿Escocia lo hubiera firmado a cinco minutos del final? Probablemente, sí. ¿Que lo hubiera firmado en el minuto 92? Probablemente, no. Así que cada uno saque sus propias conclusiones, pero a nosotros nos queda la sensación de que con un portero más seguro, Caledonia podría haberse llevado 3 puntos vitales, que quedan 4 partidos para terminar la fase de grupos y se necesita sumar como el comer, si es que la Tartan Army quiere estar presente el año que viene en Rusia y, ya de paso, desdecir a sus queridos vecinos del sur.

Así queda la clasificación del grupo F tras la jornada 6:

1 Inglaterra 14 puntos

2 Eslovaquia 12

3 Eslovenia 11

4 Escocia 8

5 Lituania 5

6 Malta 0

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Denis Law tenía razón (Engrrrrland – Caledonia) [Rocky Road to Russia]

Hay una gracieta muy extendida en Escocia atribuida al héroe local Denis Law cuando dijo que su plantilla ganaría a la actual del Manchester United sólo por un 1-0 porque ya está bien entrado en sus 70. Efectivamente, Law –ex mancuniano y máximo goleador histórico de la selección escocesa junto con Kenny Dalglish- cuenta hoy con 76 primaveras. Pues bien, este jocoso comentario puede aplicarse perfectamente a la actual selección de Escocia.

Y es que llevan metidos demasiado tiempo en un pozo sin fondo, concretamente desde 1998 cuando jugaron su última gran cita internacional en Francia. A saber, antes de los móviles, antes de internet, antes de Gran Hermano y antes de que el fútbol apestara…

Su enésimo intento de poner fin a esta travesía por el desierto pasaba por sacar algo en casa del ‘Auld Enemy’, o sea, Inglaterra. Pero una Inglaterra que tampoco está en absoluto como para tirar cohetes, tras ir coleccionando un fiasco tras otro, tocando fondo en la última Eurocopa contra esa superpotencia futbolística de nombre Islandia, para desgracia de ingleses y despiporre del resto de las islas.

Los antecedentes sólo alimentaban la incertidumbre. Escocia empezó más o menos bien la fase de clasificación de Rusia 2018, para ir desinflándose irremediablemente cual globo pinchado, hasta el punto de que hay ya voces que piden la cabeza de Gordon Strachan tras el anterior despropósito frente a esa otra superpotencia balompédica como lo es Eslovaquia (3-0).

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¿Y de los Sassenachs qué podemos decir? Pues que tras el histórico -aunque ya habitual- ridículo frente a Islandia el verano pasado, todavía se las ingeniaron para caer un poquito más bajo tras el fugaz paso de Sam Allardyce por el banquillo inglés: un solo partido con pírrica victoria en Eslovaquia (0-1 en el descuento y gracias), 67 días en el puesto y vuelta para casa tras verse envuelto en un escándalo relacionado con comisiones y demás chanchullos en la pocilga en la que se ha convertido el mundillo del mercado de jugadores, práctica que ya forma parte del ADN del fútbol actual.

Para enredar un poco más en el ambiente, en los días previos surgió la polémica del ‘poppy’ -esa amapola que conmemora a los caídos del ejército británico en los tropecientos mil berenjenales en los que se ha metido- cuando (con especial ahínco en Inglaterra) se pidió permiso a la FIFA para que ambos conjuntos pudieran llevar estampada la dichosa florecilla en las camisetas y los mandamases del balompie mundial se negaran escudándose en ese otro mantra del fútbol moderno del “no me mezcle usted fútbol con política”, tan manido entre los ciudadanos del mundo mundial y el club de fans de ‘Los mundos de Yupi’. Caramba, como si no fuera ya suficiente con el referéndum en Escocia de hace dos años o el todavía reciente Brexit, que ha ahondado aún más en las diferencias entre las dos naciones. Sea como fuere, el caso es que al final los dos equipos saltaron al campo con las camisetas inmaculadas, pero también con unos brazaletes negros mostrando un poppy, quedando así en tablas el particular duelo con la FIFA. Fue el único momento de cierta confraternización entre las dos aficiones, ya que la tónica de la noche fue el abucheo continuo al rival cuando éste entonaba su himno nacional, tanto en los prolegómenos como durante el partido (estimado amigo rugbier, que no cunda el pánico, que ni esto es Twickenham ni es el VI Naciones).

Con todo esto, el balón se puso a rodar en un Wembley que se acercó al lleno, con la presencia de casi 14.000 aficionados venidos desde Escocia y que fueron, una vez más, el mayor activo que tiene este equipo. Como cualquier partido de máxima rivalidad, pique y hasta odio, el miedo a no perder hizo que el juego fuera de lo más atascado sin un dominador, al margen de que ambos equipos cuenten con las plantillas más flojas y carentes de ideas que uno pueda recordar. No sé, quizás la Premier necesite más materia prima y menos petrodólares. En fin, ellos verán.

El reloj corría y el fútbol que no aparecía. Los continuos errores defensivos no eran aprovechados por los delanteros en lo que parece una apuesta para ver quién lo hace peor. Más que un “Quiero y no puedo”, esto parece un “No puedo porque no sé”. Y así, hasta que mediada la primera parte llega el primer gol local tras un buen remate de cabeza de Sturridge a un centro-chut-pedrada desde banda derecha. Se podría pensar que el gol sacaría al partido de la mediocridad, pero no. El tedio sigue campando a sus anchas por el césped de Wembley con insultante impunidad ante la pasividad de los ‘stewards’. Lo más parecido a una reacción por parte escocesa vino en un corner cuando el central Hanley mandó a la aurora boreal de Aberdeen lo que pareció ser un remate de cabeza tras ver cuatro repeticiones, estando libre de marca el jugador para más inri. Se llegaba así al final de los primeros 45 minutos que parecieron 45 años.

El segundo acto comenzó con otro brío pero el arrebato duró sólo cinco minutos, intervalo en el que a Caledonia le dio por jugar al fútbol, creando dos buenas ocasiones en los minutos 48 y 49, cuando Forrest mandó fuera por poco un disparo y acto seguido, Snodgrass tuviera la mala fortuna de que su remate se estrellara contra un defensa inglés ya que estaba Hart de cancerbero, con lo que hubiera sido gol sí o sí.

Pero como a perro flaco todo son pulgas, en el minuto 50 Inglaterra marcó el segundo de la noche tras una internada por banda izquierda que remata astutamente Lallana al fondo de la red. 2-0 y partido finiquitado, aunque todavía habría tiempo para el tercero diez minutos más tarde cuando Cahill remata de cabeza un corner en el que Craig Gordon sólo pudo acariciar el balón con la punta de los dedos, en uno de esos goles que tanta rabia te da encajar. Grrrrr!!

Casi peor que el resultado era el hecho de que todavía quedaba media hora por delante, así que para buscar algo de entretenimiento, tornamos la mirada a las gradas. En un momento, desde el sector donde se situaba la Tartan Army se lanzó al césped un balón de fútbol y lo que pareció ser una pelota de tenis. Hart recogió ambos en la que fue su única parada de la noche (y una de las pocas de su carrera). A diez minutos del final y en un ataque de orgullo, los bravos caledonios se lanzaron a pleno pulmón con uno de sus cánticos predilectos ,’We’ll be coming’, con el partido más que decidido, demostrando así por qué son la mejor afición a nivel de selecciones. Mientras, por el lado inglés hubo una bochornosa pelea entre dos de sus propios seguidores, acabando uno de ellos con la cara ensangrentada con lo que tuvo que ser desalojado por el personal de seguridad. This is England.

Ante tanto esperpento, llegó la mejor jugada del partido cuando el trencilla tuvo la genialidad de añadir sólo dos minutos de descuento. Fue maravilloso ver cómo el cuarto árbitro levantaba con esa clase y maestría el tablero electrónico con el número 2. Man of the match, sin duda.

Resumiendo, 3-0 para los ingleses, segundo 3-0 que encaja consecutivamente Escocia y quién sabe si para cuando se publique esto, Strachan ya no es entrenador caledonio. Pocas veces se podrá ver a un equipo hacer tan tan tan poco y llevarse un resultado tan holgado. Esto puede explicar los descalabros de ambas selecciones en los últimos tiempos y las palabras de Denis Law, que tenía más razón que un santo.

Clasificación del grupo F tras la jornada 4:

1. Inglaterra 10 puntos

2. Eslovenia 8

3. Eslovaquia 6

4. Lituania 5

5. Escocia 4

6. Malta 0

  • Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Eire – Georgia [Rocky road to Russia]

Inauguramos sección en el blog, Rocky road to Russia, para seguir las andanzas de nuestros dos combinados preferidos, Eire – República de Irlanda, y Caledonia – Escocia. Sí, como hinchas vascos, nos sentimos huérfanos de referentes internacionales a los que seguir la pista. Podríamos haber escogido Alemania o Argentina, pero somos gente sufrida, que gusta de hazañas como pasear por Edimburgo una mañana de invierno con kilt o intentar aprobar el C1 de gaélico.  Empezamos pues con el Eire – Georgia, un partido que no cambiará la historia del fútbol mundial  ni atraerá hordas de aficionados al deporte rey.

Tras el importante empate a dos que se trajeron de Serbia, el largo camino de Eire hacia Rusia 2018 se estrenaba en casa frente a Georgia, en un choque que, visto lo visto en el césped, bien podría haberse tratado de un partido de rugby (no en vano, Georgia suele estar en el Top 20 del World Rugby Ranking, mientras que es de todos conocido el potencial de Irlanda en el mundo oval).

El partido comienza con una de las señas de identidad del fútbol de las islas cuando juegan en casa: presión arriba y un ritmo alto en los primeros minutos, lo cual hace que el rival se amilane y el público se venga arriba. Así, en el minuto 4, tras una internada por banda izquierda llega la jugada polémica de la noche, en forma de posibles manos de un defensa georgiano desde el suelo. Estamos en lo de siempre: ¿Intencionalidad o no? ¿Penalty o no? Como ya parece una lotería, esta vez no tocó el gordo. El juego continua.

El asedio feniano se queda en pólvora mojada. A partir del cuarto de hora, Georgia empieza a estirarse, creando las mejores ocasiones de la primera parte, destacando una donde debió aparecerse el mismísimo San Patricio en el Aviva Stadium, tras dos remates seguidos a los palos, al larguero primero y al poste, después, ante la estatua que hizo Randolph que, emulando a nuestro gran Armando, se limita a observar cómo el balón pasa de un lado a otro. Sólo le faltó santificarse. Tras el monumental susto, llegamos al descanso con una cierta sensación de alivio por parte de una afición local que no logró llenar el campo. Dicen algunos que buena parte de la Green Army sigue todavía en los bares de Francia cantando ‘Fields of Athenry’ durante la última Eurocopa…

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Comienza la segunda parte y toca espabilar. Quizás Roy Keane -segundo de Martin O’Neill- les dijera cuatro cosas a los muchachos, pero el caso es que Irlanda salta con otro brío al terreno de juego, no sólo en cuanto a intensidad, sino también con destellos de clase. El primer aviso llega tras una bonita jugada, con caños y técnicos regates incluido. Increible, oiga. Y en el 56 llega el tan ansiado gol, tras una gran internada por banda derecha del capitán Seamus Coleman que tirando primero de técnica y, después, de casta, consigue literalmente meterse en la portería con el balón en los pies, en un tanto que se pareció una barbaridad a un ensayo en rugby. Pero aquí no acaban las similitudes con este noble y bello deporte: Un jugador georgiano acaba con un aparatoso vendaje en la cabeza -en uno de esos momentos épicos que tanto pone al aficionado- y, poco después, el héroe nacional James McClean manda un chut a su Derry natal, como si fuera un tiro a palos.

Eran los mejores momentos de los locales. El gol les dio la confianza suficiente para no sólo llegar a portería, sino también para anular el ataque georgiano, que acabaron muy justos de gasolina. Así, llegó un gol anulado por fuera de juego al propio McClean (bien anulado, por cierto) y un remate al larguero en los últimos minutos, donde esta vez le tocó hacer la estatua al meta rival, Loria.

Quizás para darle más emoción al asunto, al árbitro decidió aportar su granito de arena, añadiendo siete minutazos de descuento. Cierto es que en la segunda parte hubo un par de interrupciones para atender a jugadores lesionados, pero tanto tiempo nos parece desmedido. O quizás no estemos muy acostumbrados en la -ejem- mejor liga del mundo (unas risas enlatadas, por favor).

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Se llegaba al final con ese 1-0, tan rácano como importante para las aspiraciones fenianas, que el grupo se pone de los más interesante con cuatro selecciones empatadas a cuatro puntos comandando la clasificación. Lo mejor, al margen del resultado, el tanto de Coleman, no sólo por su importancia, sino también porque supuso su primer gol como internacional y, encima, en el partido 40 defendiendo la zamarra verde.

Un partido que no pasará a las anales de la historia pero -qué coño!- a ver si os creéis que Alemania saca el rodillo desde las rondas clasificatorias…

Clasificación del Grupo D, tras dos partidos jugados:

1. Gales 4 puntos (+ 4)

2. Serbia 4 (+ 3)

3. Austria 4 (+ 1)

4. Eire 4 (+ 1)

5. Georgia 0 (- 1)

6. Moldavia 0 (- 3)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Free Derry.

Cánticos cachondos de las islas (the banter)

*Corresponsal de Alabinbonban en Caledonia (Alba gu bràth!!!)

Humor británico, flema inglesa, litros de cerveza y ganas de provocar al eterno rival o simplemente de pasar un buen rato a costa suya, hablamos del famoso “banter”. Si omitimos la cantidad de “fuck” y “fucking” por minuto que puede decir cualquier hincha anglófono en un partido de fútbol, podría decirse que vacilan de una forma más que elegante. Y cómo no, los mejores cánticos están recogidos en youtube.

Algo que se podría aplicar en casa y que, por ejemplo, se ha puesto en práctica en alguna ocasión en la ICHH gracias a Marianico. Con los oídos de Tebas en todas las gradas, más nos vale dejar de lado los “hijoputa” y “cabrón” tradicionales por algo un poco más original. Os dejamos con una selección de lo más de lo más en coña futbolera.

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-Tartan Army: Wem-be-ley, Wem-be-ley!

Se trata de uno de los “banter” (lo que nosotros conocemos como “coña marinera”) más legendarios de Caledonia. Todo surgió a raíz de un inolvidable Inglaterra-Escocia dentro del desaparecido torneo del Home Championship de 1977. Los caledonios ganaron en Wembley por 1-2, pero lo mejor vino tras el pitido final, cuando los miles de escoceses que viajaron hasta Londres, invadieron el campo arrasando con todo. Esta invasión de “Wem-be-ley” (como lo llaman, no sin sorna, en Escocia) inspiró un cántico para la Tartan Army con desternillantes resultados:

“Wem-be-ley, Wem-be-ley!

It was the finest pitch in Europe

‘Til we took it all away”

Vamos, que Wembley era el campo más bonito de Europa, hasta que llegaron las hordas de escoceses en el 77…

-Tartan Army: Diego scores and the English go home (Harry Belafonte – Banana boat song)

Otro banter genuinamente escocés dedicado -cómo no- a sus queridos vecinos del sur, los ingleses. La archiconocida “Mano de Dios” de Maradona frente a Inglaterra en el Mundial del 86 que mandó a los Pross a casa, fue lo suficientemente jugosa como para que en Escocia surgieran todo tipo de vaciles al respecto. Y entre ellos, una adaptación del clásico “Banana boat song” de Harry Belafonte, con una letra tan hilarante como currada, donde retratan todas las perrerías del Pelusa aquel día ante Inglaterra:

Diego
Diego
Diego scores and the English go home
Diego
Diego
Diego scores and the English go home

One with the hand and one with the foot,
Diego scores and the English go home.

Past 1, past 2, past 3, past 4
Diego scores and the English go home

Scores one, scores one, scores one, scores two
Diego scores and the English go home.

Hey Mr Shilton, where did the ball go
Diego scores and the English go home

Up with the hand and intae the net
Diego scores and the English go home

-Tartan Army: Oh Christian Dailly (Gloria Gaynor – I love you baby)

Olvidémonos por un momento del “Auld enemy” para centrarnos en el producto nacional escocés, en este caso, encarnado en el jugador Christian Dailly, quien en los 90 hizo las delicias de la parroquia local, tanto por sus dotes futbolísticas, como por sus tórridos rizos en el pelo. Para semejante homenaje erótico-festivo, qué mejor melodía que “I love you baby” de la musa Gloria Gaynor, para dar como resultado esta delicia:

“Oh Christian Dailly

You are the love of my life

Oh Christian Dailly

I’d let you shag my wife

Oh Christian Dailly

I want curly hair like you”

Tal debió ser la histeria provocada por los rizos de Dailly, que a los hinchas caledonios no les importaría incluso que sus esposas tuvieran un “affaire” con el jugador…

-Celtic: Two Andy Gorams

De las miles y miles de millones de versiones futboleras de “Guantanamera”, sin duda nos quedamos con esta dedicada de la afición del Celtic a Andy Goram, aquel rechoncho portero del Rangers y de la selección escocesa en los años 90. Al parecer, Goram, no sólo tenía problemas de sobrepeso, sino también psicológicos. Cuando salió a la luz que padecía trastorno bipolar, a la hinchada celt no se le ocurrió otra cosa que coger “Guantanamera” y cambiar el típico de las islas “There’s only one _____” (nombre del jugador homenajeado) por… (agárrense):

“TWO Andy Gorams!

There’s only TWO Andy Gorams!”

-Celtic: I’m not a billy, I’m a tim

El “Old Firm” de Glasgow ha sido fuente de innumerables cánticos, desde simpáticos banters, hasta inaceptables canciones sectarias. Como este artículo pretende tener alma jotera, nos centraremos en la parte más cachonda, en este caso, con un cántico de autoafirmación “tim” (Celtic) frente a los “Billy boys” (Rangers) a ritmo de la deliciosa canción infantil “She’ll be coming ‘round a mountain”:

“Singing I’m not a billy, I’m a tim

Singing I’m not a billy, I’m a tim

Singing I’m not a billy, I’m not so fucking silly

I’m not a billy, I’m a tim”

-Liverpool al West Ham: You’ve got Di Canio, we stole your stereo (La donna mobile) 

Por lo visto, la gente de Liverpool no goza de la mejor de las famas en el resto de Inglaterra, lo que se plasma también en los campos de la Premier. En un meritorísimo ejemplo no sólo de aceptar los golpes, sino incluso de dar la vuelta a la tortilla, la afición scouser optó por abrazar ese papel de makarra: Campo del West Ham, época en la que el díscolo Paolo Di Canio jugaba para los Hammers. Quizás por el origen italiano del jugador, los seguidores Reds eligieron “La donna mobile” para recordar al adversario que, mientras “vosotros tenéis a Di Canio”, “nosotros os hemos robado las radios de los coches”:

“You’ve got Di Caniooooo

We stole your stereooooo”

-Liverpool FC: Fuck off Chelsea 

El Chelsea (a.k.a Chel$ki o Chelshit) es una de las víctimas favoritas de los scousers, entre otras cosas, debido al carácter de “nuevo rico” del club londinense. Como resultado de esa fama, surgió la siguiente cancioncilla en el Kop de Anfield, donde ponen a cada uno en su sitio:

“Fuck off Chelsea FC

You ain’t got no history

5 European Cups and 18 leagues

That’s what we call history”

-LFC: Who the fuck are Man Utd (adaptación de “Glory glory Man United”) 

Manchester United, equipo que despierta tantas filias como fobias. En el título hemos puesto que el cántico es del Liverpool, pero bien es cierto que también la usan otros enemigos de los diablos rojos (como ese video de Oasis, acérrimos del City, en el que la cantan durante un concierto). Se trata de una adaptación del clásico “Glory, glory, Man United” para convertirse en “Who the fuck are Man United”, quedando el asunto tal que así:

“The shitty Man United went to Rome to see the Pope

The Shitty Man United went to Rome to see the Pope

The Shitty Man United went to Rome to see the Pope

And this is what he said: ‘Fuck off!’

Who the fuck are Man United

Who the fuck are Man United

Who the fuck are Man United

When the reds go marching on, on, on!”

-‘You’ll never get a job’ dedicada al LFC

Como aquí hay para todos, ahora la ración es para al Liverpool, con esa cruel adaptación de su himno “You’ll never walk alone”, para tornarse en “You’ll never get a job”, donde se juega de nuevo con esa fama de Liverpool como ciudad en declive, concretamente haciendo sangre con su tasa de desempleo. La cosa quedó así:

“Sign on, sign on

With a pen in your hand

And you’ll never get a job

You’ll never get a job”

-Man Utd: Build a bonfire (Oh my darling, Clementine)

Los mancunianos también aprovechan la mínima para acordarse de sus ememigos en sus cánticos. Y si en su solo cántico, te acuerdas de dos de ellos, miel sobre hojuelas. Seguro que a más de un athleticzale le resulta familiar la melodía, ya que se trata de la misma usada para “Ene maite Athletic”. Aquí el asunto va de dar fuego (“bonfire”) llevando al extremo lo de “Al enemigo, ni agua”:

“Build a bonfire, build a bonfire

Put the Arsenal on the top

Put the City/Scouser in the middle

And we’ll burn the fucking lot”

-Man Utd: Carlos Tevez 

¡Qué peligro tiene cuando un jugador besa el escudo y jura amor eterno al club que le acaba de fichar! Os suena, ¿no? Pues bien, el siguiente hit de la lista tiene como protagonistas al Man United y a Carlos Tévez. En su época en Old Trafford, el argentino maravilló al respetable, hasta el punto que le dedicaron una canción llena de alabanzas y buenas palabras… buenas palabras que se volvieron en todo lo contrario cuando fichó por sus vecinos del City. Así, cogieron la misma melodía del cántico que le endiosaba, para bajarle hasta el mismísimo infierno, con epítetos como imbécil (‘twat’) o zorra pesetera (‘money-grabbing whore’). Años más tarde, hicieron lo mismo tras la salida de Di María:

“Who’s that twat from Argentina?

Who’s that money-grabbing whore?

Carlos Tevez is his name

And he doesn’t have a brain

And he won’t be winning trophies anymore”

*  La letra puede variar, aunque siempre con el mismo tono de “cariño”…


-Man Utd: Stretford Enders

Aquí el recadito es para el Arsenal. Se trata de una supuesta conversación entre dos leyendas de ambos equipos, Bertie Mee (Arsenal) y Matt Busby (Man Utd.), donde Mee pregunta a Busby a ver si ha oido hablar del ambiente del fondo norte de Highbury. La respuesta de Busby, para enmarcar…

“Bertie Mee said to Matt Busby:

‘Have you heard of the North Bank Highbury?’

‘No’ said Matt, ‘you cockney twat’

‘But I’ve heard of the Stretford Enders’” (en alusión a la grada Stretford End de Old Trafford)

-FCUM: The Kiddy family (Adams Family)

El FCUM se ha convertido en uno de los adalides del fútbol autogestionado por los propios aficionados, en un ejemplo para muchos, lo que le ha ganado multitud de simpatías… Pero todo tiene también su lado oscuro (voz de ultratumba), en este caso, en forma de cánticos “dedicados” a sus rivales. Un buen ejemplo, es este para el jugador Kiddy, al que no tenemos el gusto de conocer, pero del que no nos gustaría estar en su pellejo cuando una grada hace referencias a prácticas incestuales ciertamente enfermizas… Para más inri, los muy cabritos usan la melodía de la Familia Adams:

“Your sister is your mother

Your father is your brother

You all fuck one another

The Kiddy family”

-FCUM: We paid for your hats (Beach Boys – Sloop John B)

Saquemos el jabón para un buen lavado de cara al FCUM: ¿Puede haber algo mejor que un buen “banter” dedicado a las fuerzas del orden público? Eso es exactamente lo que hicieron durante un partido al ver pasar a su lado a un grupo de bobbies, recordándoles de dónde ha salido el dinero para pagar sus pintorescos cascos, mediante una de las melodías que más lo llevan petando en las islas en los últimos años, ese incunable de los Beach Boys de nombre “Sloop John B”:

“We paid for your hats, we paid for your hats

What a waste of council tax

We paid for your hats”

-Spurs: Mezut Ozil, your eyes are offside

Y el premio a la mejor adaptación de “Sloop John B” va para los Spurs con su versión dedicada a Ozil o, mejor dicho, a sus grotescamente grandes ojos que parecen que van a salir corriendo en cualquier momento. Quizás por ello, los hinchas recuerdan al árbitro que los ojos del jugador se han quedado en fuera de juego (“orsa” para los más veteranos):

“His eyes are offside

His eyes are offside

Mezut Ozil

His eyes are offside”

-Spurs: Let’s pretend we scored a goal

De nuevo, los Spurs como protagonistas. ¿Qué hacer cuando a tu equipo le está cayendo la del pulpo en campo del rival? ¿Callarse? ¿Resignarse a escuchar las mofas y el jolgorio de la afición contraria? Puede ser… pero si se cuenta con la suficiente moral e imaginación, también puedes hacer como si tu equipo hubiera marcado un gol (“Let’s pretend we scored a goal!”) con sus celebraciones y todo para darle más credibilidad al asunto. Chapeau!

-Chelsea: Steve Gerrard

Stevie Gerrard es una institución en Anfield, lo que implica que tenga dedicada más de una canción -algo tan típico en las islas y que tanto echamos de menos en San Mamés-, siendo la adaptación de “Qué será, será…” la más famosa de todas. Pero claro, estas cosas dan pie también a que surjan entre los rivales versiones alternativas, como esta de los del Chel$ki recordando aquel grave error de Gerrard ante Demba en un partido contra el Man City que, a la postre, acabó costando la liga a los Reds. Así quedó el contra-homenaje:

“Steve Gerrard, Gerrard

He slipped on his fucking arse

He gave it to Demba, ba

Steve Gerrard, Gerrard”


-Jason Puncheon, he went for a shit

Jason Puncheon es un tipo sensato que responde siempre a la llamada de la naturaleza sin importar el momento, incluso en medio de un partido… o no, quién sabe. El caso es que la afición contraria lo tenía claro y así se lo recordó a ritmo de “Sloop John B”:

“He went for a shit, he went for a shit!

Jason Puncheon, he went for a shit!”


-Stoke: John Terry, he’s shagging the ref

El bueno de Terry se ha ganado fama en Inglaterra de pichaloca, lo cual ha sido una auténtica mina para sacarle al tema todo tipo de cánticos. Uno de los más hilarantes fue el que le dedicó la afición del Stoke al acusarle incluso de “tirarse al árbitro”, de nuevo echando mano de los Beach Boys:

“He’s shagging the ref, he’s shagging the ref!

John Terry, he’s shagging the ref!”


-Sunderland: We want our dick back!

Parece que los hinchas del Sunderland no estaban disfrutando de lo que estaba aconteciendo en el césped. Así que, a los muy cachondos, no se les ocurrió otra cosa que empezar a hacer un rondito… con una polla hinchable gigante! Ante tal falta de decoro, los stewards les requisaron el juguete, lo que sentó fatal a los seguidores. Inmediatamente, éstos reclamaron encarecidamente que les devolvieran su “dick” a ritmo de la majestuosa “La donna mobile”.


-Sunderland: Roy Keane (Blue moon)

Roy Keane contaba con un cántico en Old Trafford a ritmo de “Blue moon” reclamando que “Keano sólo hay uno”. Pero en un nuevo giro de 180 grados, los hinchas del Newcastle le acusaron de hacerle cositas a su perro:

“Keano, he wanks his dog, Keano

He wanks his dog, Keano

He wanks his dog, Keano!”

Kenny Dalglish y su “Bilbao Connection”

* Corresponsal de Alabinbonban en Caledonia.

“…WHERE ONCE WE WATCHED KING KENNY PLAY”

Cuando hablamos de Kenny Dalglish (Kenneth Mathieson Dalglish. Glasgow, 1951) lo tenemos que hacer puestos solemnemente en pie. Y es que estamos ante, según muchos, el jugador más talentoso que Escocia haya visto nacer. Sus 102 internacionalidades y sus 30 goles con su selección así lo atestiguan (el jugador que más veces ha jugado con Caledonia y máximo goleador hasta la fecha). Por no hablar de su paso por dos de los clubes con más solera de las islas, Celtic y Liverpool. De hecho, su paso contribuyó definitivamente en agrandar la leyenda de los dos equipos…

… Pero quién lo diría viendo dónde se crió el gran Kenny! Y es que con 15 años, su familia se mudó a la zona portuaria de Govan, cerca de Ibrox -hogar del Rangers- con lo que de pequeño fue hincha ‘hun’. De hecho, dice la leyenda que cuando fueron técnicos del Celtic a su casa para hablar con él de su incorporación al club, subió raudo y veloz a su dormitorio para quitar todos los pósters y parafernalia del Rangers que tenía puestos.

Aunque comenzó en esto del fútbol como portero, pronto se dio cuenta que lo suyo era más marcar goles. Así, tras probar sin suerte en el West Ham y Liverpool, en 1967 firma finalmente por el Celtic, con un contrato semi-profesional, aunque en ese primer año fuera cedido al Cumbernauld United, donde marca 37 goles. Fue en 1968 cuando debuta con el primer equipo del Celtic en un partido de la Copa de la Liga. Tendría que esperar a la temporada 1971-72 para asentarse definitivamente en el primer equipo. En esa temporada, fue testigo directo de la primera de las tragedias en un campo de fútbol de las que sería testigo muy a su pesar: durante un Old Firm de enero de 1971 en Ibrox, una avalancha al final del partido provocó la muerte a 66 personas. Dalglish estaba en las gradas aquel fatídico día (también lo estuvo el hermano de otro ilustre, Alex Ferguson, por el que temieron por su vida, aunque afortunadamente llegara a casa más tarde lo habitual).

Su juego y sus goles le llevaron finalmente a la capitanía del Celtic en la temporada 75-76. Y en 1977, el Liverpool anunciaba su fichaje por la cantidad récord de entonces de 440.000 libras. Dalglish dejaba el Celtic tras 320 partidos y 167 goles, ganando 4 Ligas, 4 Copas y una Copa de la Liga. Su traspaso no sentó bien a la hinchada verdiblanca ya que fue abucheado cuando volvió a Parkhead en 1978 en un partido de homenaje a Jock Stein entre Celtic y su nuevo club.

Es en Liverpool donde estalla definitivamente como jugador. Un gol suyo en la final de Copa de Europa de 1978 frente al Brujas, dio a los Reds el máximo entorchado de clubes por segunda vez (luego llegarían tres más).

Formaría tándem atacante con el galés Ian Rush, una de las delanteras más temidas que el club de Anfield haya tenido en toda su historia. Y así, seguirían llegando los títulos, tanto a nivel de club como individuales, siendo nombrado Balón de Oro en 1983, entre otros reconocimientos que recibió (la revista inglesa ‘Four-four-two’ le nombró el mejor delantero británico tras la II Guerra Mundial). Fue entonces cuando la entregada afición Red cayó a sus pies, rebautizándole como ‘King Kenny’. Además, su nombre fue incluido en maravillosos cánticos del Kop como ‘The fields of Anfield Road’ o ‘A liverbird upon my chest’, cánticos que siguen sonando a día de hoy, lo que nos da una pista del profundo poso que ha dejado en la ciudad del Merseyside.

Pero no todo iban a ser alegrías en Anfield. Ya hemos comentado que en el 71 fue testigo directo de la tragedia de Ibrox Park durante un Old Firm. En 1985 fue titular -con su eterno número 7- en la final de Copa de Europa de Heysel frente a la Juventus, final que nunca debió jugarse, todo sea dicho. El desolador balance dejó 39 muertos y un ejemplar castigo a los clubes ingleses de cinco años sin poder jugar competiciones europeas (en el caso del LFC, fueron seis los años de castigo). El final de aquella trágica campaña trajo la dimisión del entrenador Joe Fagan y Dalglish fue nombrado jugador-entrenador, esa figura en peligro de extinción y tan típica de las islas.

En su primer año con doble trabajo, consiguió el doblete (Liga y Copa). Un solitario gol suyo frente al Chelsea trajo la decimosexta Liga a las vitrinas del club. La temporada siguiente no conseguiría títulos, pero sí varios fichajes, como los de John Barnes, Peter Beardsley, Ray Houghton o John Aldridge. Por esta entrada de jóvenes valores, King Kenny comienza a jugar cada vez menos para centrarse más en sus labores de entrenador.

Es en esta época cuando surge una historia que posiblemente pocos athleticzales conozcan. Lo comenta Howard Kendall en una biografía suya publicada recientemente. Como se recordará, Kendall fichó como entrenador del Athletic en la temporada 87-88 tras haber ganado la Recopa de Europa con el Everton. Pero lo que pocos saben es que, en realidad, era Dalglish la primer opción que barajaba la directiva de Pedro Aurtenetxe para el banquillo rojiblanco. Se cuenta en el libro que un enviado de Ibaigane viajó hasta las dependencias del Liverpool para preguntar por la situación de Dalglish. Su homónimo Red, con falsa modestia, le replicó que la verdadera perla del momento en los banquillos, en realidad, era Kendall y no Kenny, con lo que se cambió de opinión en Bilbao y finalmente se optó por el fichaje del inglés. Pero no deja de tener su aquel que el gran Kenny Dalglish a poco estuvo de fichar por el Athletic… Y no hubiera sido algo descabellado ya que, por entonces, los clubes ingleses estaban cumpliendo el destierro europeo por culpa del desastre de Heysel y algunos entrenadores de la liga inglesa -como el propio Kendall- veían con buenos ojos buscar aventuras en clubes de la Europa continental y, así, poder saciar el gusanillo europeo.

En 1989, Dalglish viviría en primera persona su tercera tragedia y la que más le afectó, sin duda. En marzo de aquel año, Liverpool y Forest jugaban la semifinal de la FA Cup en campo neutral (Hillsborough, Sheffield) pero el partido se tuvo que suspender al de siete minutos por las avalanchas que se dieron en el fondo ocupado por los hinchas Reds. El resultado fue de 96 muertos, acompañada de una infame campaña de desprestigio hacia la afición del LFC, dirigida por el gobierno conservador de Thatcher, con el necesario apoyo de medios sensacionalistas como The Sun. Y es que Heysel estaba muy fresco en el recuerdo todavía.

Dalglish acudió a numerosos funerales -llegó a ir a cuatro en un mismo día- y su comportamiento fue descrito por la prensa como “colosal y heroico”. 20 años después, rompió su silencio sobre lo acontecido, lamentándose de que ni la policía, ni la FA consideraran retrasar el comienzo del partido visto lo que estaba ocurriendo, lo que podría haber evitado las 96 muertes.

De todas formas, aquella tragedia le sirvió para quitarse una pequeña espina que tenía clavada desde 1978. En aquel año, como comentábamos más arriba, volvió al campo del Celtic, esta vez defendiendo los colores del LFC, lo que le costó los abucheos de la afición local. Pues bien, tras el desastre de Hillsborough, el Celtic se ofreció para jugar un amistoso en Parkhead con fines recaudatorios para las familias de las víctimas. Fue el primer partido que jugaron los Reds tras la tragedia. Y lo que en el 78 fueron pitos y abucheos, en 1989 se tornaron en cerradísimas ovaciones y aplausos cuando, en la segunda parte, Dalglish se “autosustituyó” para dar entrada a Aldridge. Al final del partido, se pudo ver a un emocionadísimo Kenny Dalglish hablando con la prensa desde el mismo césped que dos décadas antes le había descubierto como el extraordinario jugador que fue.

En 1991 comenzó una nueva andadura en los banquillos, esta vez en el Blackburn Rovers, donde también obró milagros. En su primer año, consiguió el ascenso a primera división (división que no pisaba el club desde 1966). En el 92 consiguió el fichaje de Alan Shearer. Y ya en la temporada 94-95, llegó el sumun al ganar la recientemente creada Premier League, cosa que no se conseguía en Blackburn desde antes de la I Primera Guerra Mundial. Fue el tercer título liguero para los Rovers.

Sus siguientes paradas serían en el banquillo del Newcastle -consiguiendo la clasificación para la Champions-, la dirección deportiva del Celtic y la vuelta a Liverpool, para ocupar un puesto en la formación de jóvenes canteranos, aunque tuvo que hacer de apagafuegos en el primer equipo tras la destitución de Roy Hodgson en 2011, puesto que ocupó hasta 2012.

Kenny Dalglish se despedía del césped con un palmarés envidiable, tanto de jugador (10 Ligas, 5 Copas, 3 Copas de Europa y una Copa Intercontinental), como de entrenador (4 Ligas y 3 Copas) en los distintos equipos que ha defendido. Con la camiseta de Escocia, también batió récords:  102 partidos entre 1971 y 1986, siendo el máximo goleador de la historia (30 goles), marca que comparte con Denis Law, otra leyenda del fútbol escocés.

Por último, cabe destacar también su faceta humanitaria, ya que en 2004 fundó junto con su esposa Marina, “The Marina Dalglish Appeal”, organización que recauda fondos para la lucha contra el cáncer. Y es que en 2003, le diagnosticaron a su mujer un cáncer de pecho que logró superar.

Si para el Kop de Anfield fue ‘King Kenny’, nosotros vamos un paso más allá y le nombramos ‘King Kenny I of Free Caledonia’.

“All ‘round the fields of Anfield Road

Where once we watched King Kenny play (and could he play!)

Steve Heighway on the wing

We had dreams and songs to sing

Of the glory ‘round the fields of Anfield Road”