Información, polarización, seguidores e hinchas

**Colaboración de Animazio Harmaila

Septiembre del 97, treintaidosavos de final de la UEFA, comienzos de la temporada del Centenario, Luisfer en el banco y la gente con ganas. Rival de entidad, mucha calidad en su plantilla, con la “brujita” Veron o Klinsmann entre otros, un equipazo, diría que mejor, hombre por hombre, que el compuesto para la agónica final que perdió ante el Barcelona, con el antológico gol de Koeman in extremis.

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Bilbao – Génova, aproximadamente 3000 km. entre ida y vuelta e incontables horas, sobre todo en autobús. Y como única preocupación, cuadrar cuentas con lo ahorrado, poner ojitos de cordero ante aita, amama edo izeko, pedir adelantos de cumpleaños y/o Navidades para sufragar el viaje al país transalpino, buscar una excusa para faltar a clase…

¿Será muy caro el tabaco allí, y la birra? ¿Podremos meter la bota de vino al campo? ¿Frío? ¿Pillaremos cacho? ¿Y cómo se llega allí? ¿Hace falta pasaporte? ¿Y en que polideportivo nos duchamos? Mil y una dudas de un aficionado joven, poca o nula experiencia en viajes mas allá de Pirineos, e inocente, por decirlo de alguna manera, respecto a lo que podría deparar visitar el Luigi Ferraris.

Pero eso si, con ganas de txufla, aventura y Athletic. Ganas de Athletic. Los insulsos finales de los 80 y lo transcurrido de los 90, deportivamente hablando, comenzaban a remontar tras el fogonazo europeo de la mano de Heynckes, y el stepitoso  estrepitoso año con Dragoslav. El doblete, aunque realmente ya en la lejanía, aún parecía, de alguna manera, un objetivo futurible, que todo esto solo era fruto de una mala hornada de Lezama, que pronto volveríamos a luchar por todo…

Y aunque el Athletic no estaba en su mejor momento, y aunque nunca ha sido seguridad de buenas noticias emocionalmente hablando, Athletic y el domingo a las 5 era la parte que completaba el círculo del ocio de la juventud. Sí, OCIO. Ir a San Mamés entretenía, divertía, te relacionaba con la gente, pasabas el rato, era una opción lúdica real, y aunque no regular para la mayoría de bilbaínos, sí que entraba dentro de las posibilidades de divertimento un puñado de veces al año. Y eso que había buena competencia… Aún vibraban las 7 calles, Baraka, Pozas, Portu… ya rulaban las primeras plays chipeadas por el videoclub del barrio, algún pudiente ya disponía de internet en casa, incluso móvil.

Pero el ocio se distribuía, grosso modo y en orden horario, entre futbolines / time crisis en salas de recreativos, hacer unos litros y arrimar cebolleta en algún disco-pub mientras sonaba, con suerte, song-2 de Blur en vez del wannabe de las Spice Girls; compartiendo y haciendo una puesta en común entre los colegas lo sucedido la noche del sábado, ya el domingo, en el fútbol.

Ahora dile a un adolescente que deje los youtuber, el LOL, el porno, whatsapp, facebook, twitter, instagram, Tinder, fifa pro, RETA, ir al local/lonja, por gastarse 50 € en una entrada al campo, donde imperan unas restricciones absurdas, te tratan como ganado o peor, no conoces a nadie a tu alrededor y encima ni siquiera puedes vivir el partido como te gustaría, porque molesta. Difícil concretar en qué momento ir al fútbol pasó de ocio a otra cosa.

Hoy en día, en un imaginario partido VS Sampdoria en fase de grupos, a comienzos de temporada y tras una larga sequía en cuanto a participaciones europeas, todas esas “inocentes” dudas sobre el viaje se resolverían a golpe de Google, y a su vez surgirían otras dudas, percepciones, miedos…provocadas por lo leído en internet. Todo el viaje organizado desde la salida hasta entrar en tu casa a la vuelta, sabiendo cuantos km exactos recorreríamos, cuánto costarían los peajes con la aplicación de maps. Estancia reservada con airbnb o similares, con fotos y situación exacta en el mapa. Conoceríamos de antemano dónde podríamos comer o salir a tomar algo. Conoceríamos la normativa exacta de acceso al campo, o la normativa particular que exigiría la propia Sampdoria o el Athletic para este desplazamiento, precio exacto de la bebida dentro del campo, si sirven alcohol, que asiento nos toca…

Sabríamos ya de antemano si podría haber o no problemas con la hinchada local, si Ultras Tito son de tal palo o del otro, si aun siendo “del rollo” tienen o tuvieron amistades “no toleradas”, qué encontronazos han tenido con otros grupos y por qué, nombres de garitos donde paran, zonas, capos o subgrupos dentro de la gradinata sud di marassi…

Una cantidad ingente de información que nos elimina la gran mayoría del factor sorpresa, aventura. Amén de que en la horquilla de precios en los que nos manejaríamos entre entrada, viaje y estancia mínima, tirando por lo más low-cost posible, eliminaría de un plumazo la posibilidad de viajar al grueso de la chavalería. Así que entre el ya “saberlo todo”, y estos precios, se nos queda una excursión a Italia para la mediana edad con todo incluido, traslado al hotel y visita con guía incluida. Un plan nada atractivo para la juventud. Es difícil adquirir pasión por algo cuando se pierde el placer de descubrirlo por ti mismo.

No malinterpretéis, ni somos tecnófobos, ni estamos en contra de acceder a toda información posible. Pero vemos que hay un desfase entre toda la información a la que podemos acceder y la que podemos asumir. La información es buena, siempre y cuando podamos asimilarla. Un bombardeo continuo de tanta información hace que, de alguna manera, nos posicionemos, e incluso nos atrevamos a sentar cátedra para cualquier tema, para cosas que desconocíamos 5 minutos antes, sin haber tenido tiempo para informarnos bien, y así podernos labrar una opinión fundada, y no un copy-paste de 2 o 3 ideas que creamos correctas al respecto. Esa rapidez e inmediatez en la que vivimos, y exigimos, ha cambiado la forma de relacionarnos.

Una pasión como lo puede llegar a ser el fútbol exige tiempo, paciencia y espera. No puedes apasionarte por la poesía si ya conoces toda la obra de Garcia Lorca o Mahmud Darwish desde el primer momento. Una pasión por algo exige ir descubriéndola poco a poco, asimilando y paladeando cada nueva experiencia.

Esta sobre-información hace que entremos en un juego continuo y perverso de tener que posicionarnos, cada día, en un sinfín de debates que surgen a nuestro alrededor, sin que hayamos pedido participar y para que, de primeras, carecemos de opinión. Y especialmente en el fútbol, que para rellenar horas y horas de tertulias insulsas nos atosigan con supuestos debates, desde Clemente o Sarabia, con opiniones formadas casi exclusivamente a base de leer la prensa local, pasando por el Arrate o Lertxundi de los 90, habiendo ya tertulias radiofónicas varias y programas de TV específicos, a la actual encrucijada sobre la continuidad o no de Cuco o Urrutia y los posibles candidatos a ocupar el banquillo y el palco, con opinadores profesionales que esparcen su discurso cada noche, cuentas de Twitter con contactos y exclusivas, encuestas, grupos de Facebook llevados por gente con ganas de popularidad…

Esta necesidad de inmediatez para saciar los debates en los que nadamos cada día hace que solo podamos ofrecer respuestas fáciles, más fáciles incluso que el propio debate. Se quedan por el camino los análisis profundos y solo sobreviven respuestas simplistas. Y esas simplezas acaban por acapararlo todo, y lo que podría considerarse un debate se convierte en una especie de encuesta de 2 opciones. Todo acaba polarizado a dos únicas posiciones.

  • Bielsa o no Bielsa
  • Llorente o no LLorente
  • Tuchel o L. Enrique
  • Athletic o anti-Athletic
  • Seguidor o Ultra/Fanático/Hintxa

Y a su vez, esta polarización de respuestas estándar, a preguntas o debates que requieren un análisis mas sesudo, construyen una corriente de opinión que acapara seguidores que se basan, la mayoría, en si se siente a gusto en esa conclusión. Así que nos encontramos con gente que realiza un recorrido inverso en cuanto a la formación de una opinión. Primero, se decantan por una conclusión en la que se sienten cómodos, gracias a ideas finales, super resumidas que que sacia su sed de respuesta momentánea del debate de moda. Y después, van buscando, online, ideas que refuten esa conclusión.

Esta facilidad de posicionamiento tiende al radicalismo y al inmovilismo. Gente que defiende “a muerte” su idea, SU idea, sin que haya posibilidad de escala de grises, ni posible debate.

Y esta dinámica, llevada a todos los ámbitos sociales, nos lleva a que mucha gente vuelva a polarizarse, otra vez,  a otras dos opciones. Tomar parte o pasar de todo. Activistas VS padefos. Perdiéndose una importantísima “clase media”, que si bien no eran parte activa, eran parte importante y se contaba con ella para el día a día.

Clientes / Seguidores VS Hintxas / Fanaticos / Ultras, que es lo que nos toca.

Se ha perdido toda esa clase media que acudía al estadio con alegría y ganas de fiesta sin ser parte activa de ningún nombre gordo de los fondos. Se ha perdido toda esa gente que cantaba, agitaba la bufanda y ondeaba la bandera desde su asiento.

La gente que ha decidido ser parte de un club, ya sabe de antemano dónde quiere sentarse y por qué y ya tiene formada su opinión de cómo se vive un partido aquí o allá, qué tipo de gente hay aquí o ahí, y ya sabe que le tiene que ofrecer el equipo a él para sentirse bien. No ha adquirido una pasión, la ha comprado. En un momento de su vida, ha decidido pagar porque le entretengan, cual suscripción a netflix, solo que piensa que por ser un precio anormalmente alto, el entretenimiento debe ser mayor, o de mayor regularidad. Y además, su umbral de satisfacción depende de las conclusiones de debates artificiales que haga suyas en determinado tiempo.

Gente que no ha tenido la suerte de ir creciendo y disfrutando año a año con sus más y sus menos del Athletic. Gente que no ha podido desarrollar una verdadera pasión, o que la que ha desarrollado, está basada en artificios más que en sentimientos, que es lo que verdaderamente cuenta. Y esta falta de gente apasionada tiene que ver, y mucho, en esta nueva clase de espectadores / socios que acuden a San Mamés. El campo ahora se divide entre gente que va a que le entretengan y gente que se entretiene.

Así pues, centrándonos en nuestro San Mames, si por arte de magia nos cayera un pellizquito con el que poder sufragar hacernos socio, entraríamos en esa dinámica de polarización continua: Tribuna Vs Herri Harmaila

Y una vez elegida, nos volverían a poner dos puertas para elegir cruzar cada partido:

  • Pitar a Susaeta VS pitar a San José
  • Gritar contra rivales que me han dicho que son no sé qué VS aplaudirles y homenajearles
  • Pitar cánticos o seguirlos
  • Hacer minuto de silencio o quedarme fuera

Etc…

Nos hemos dejado por el camino, buena parte de esa ilusión, y de las ganas de descubrir que nos depararía el próximo partido. La emoción de descubrir. Ojalá la recuperemos algún día.

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