Sonrisas y lágrimas (Caledonia 2 – Engrrland 2)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Con este ñoño título se bautizó el famoso musical protagonizado por Julie Andrews, pero es que nos viene al pelo, no sólo porque su canción principal, ‘Doh a deer‘, la adoptó la siempre genial Tartan Army para su interminable repertorio, sino también porque resume perfectamente lo vivido el sábado en Hampden Park entre escoceses e ingleses, con un final de infarto en el que se pasó por todas las etapas que puede experimentar un hincha en un campo de fútbol, desde la alegría desbordante hasta la tristeza más miserable.

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De todas formas, este final de película no debería taparnos los ojos, que el partido fue, por lo general, bastante pobre. No es algo que que ya nos pille por sorpresa teniendo en cuenta el estado futbolístico de ambas selecciones, pero es que es cierto que ante un partido con tanta historia, rivalidad y morbo, uno tiene las expectativas bien altas. Una vez más, ni Escocia, ni Inglaterra estuvieron a la altura de las circunstancias. Y ya no es una cuestión de mentalidad, de estrategia o de estado de forma, simplemente ambos equipos tienen el nivel que tienen en la actualidad y, claro, luego pasa lo que pasa, como que una selección como Islandia mande a casa a los ingleses de manera sonrojante el año pasado en Francia o que Caledonia no esté presente en los grandes torneos futboleros desde 1998 (sí, eso es el siglo pasado).

Los prolegómenos, como siempre, de lo más intenso, con un monumental abucheo al ‘God save the Queen’ por parte local (quizás los ingleses debieran plantearse tener un himno propio para su selección, en vez de usar el rancio himno británico) y un impresionante ‘Flower of Scotland’ cantado a pleno pulmón, acompañado por una solitaria y solemne gaita. Pelos como escarpias.

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El partido da comienzo de manera intensa por ambos equipos, lo que se traduce en un ritmo alto pero con muchas imprecisiones y alguna entrada a destiempo (para el minuto 3, Scott Brown vio la primera amarilla del encuentro). Los locales son los primeros en avisar con un manso disparo de Griffiths a las manos de Hart. Pero a partir de ahí, Inglaterra consigue sacudirse este dominio inicial local, aunque no se viera reflejado en el número de ocasiones. Cierto es que lo más destacable llegara por parte inglesa, primero con un no-remate de Kane que a puerta vacía no fue capaz de empujar a la red de manera incomprensible y luego con un lejano disparo de Livermore que sacó un defensa local bajo palos tras un mal despeje de Gordon, el portero del Celtic que se “consagraría” en la segunda parte, como ya veremos en un rato…

Con el empate inicial se llegaba al descanso. Poco fútbol pero con la ligera sensación de que Inglaterra era superior. La segunda parte comenzó con la misma premisa, aunque el cotarro se fue animando poco a poco. Tras un par de avisos, por fin los sassenachs se adelantan en el marcador con un gol de Oxlade-Chamberlain -¡caramba, qué apellido más rimbombante!- en el minuto 70 tras error garrafal de Gordon, que en vez de despejar el disparo como Dios manda, pareció como si se estuviera quitando una mosca de la cara con la manopla. 0-1 para Engrrland y parecía que el partido estaba decidido, viendo la respuesta local, con mucho corazón pero pocas ideas. Si Escocia quería cambiar la situación, sería en alguna jugada aislada, un golpe de azar, un balón parado… como así ocurriría finalmente. Cuando los hinchas ingleses -qué majos ellos- cantaban que “no habrá Tartan Army en Moscú” en alusión al mundial del año que viene, llegó la primera genialidad de la tarde de Leigh Griffiths cuando la derrota parecía ya inevitable. Corría el minuto 88 cuando el delantero del Celtic se cascó una magistral falta que pasó por encima de la barrera inglesa y se coló por el palo no cubierto por Hart, lo que hizo inútil su estirada.

A partir de aquí, la locura se desató en Hampden. Y en medio de este caos, los ingleses cometieron el error de conceder otra falta a Escocia cerca del área, como si no hubieran aprendido nada sólo dos minutos antes. Esta vez, el balón estaba a la misma distancia pero más escorado a la izquierda. Griffiths se prepara para lanzar y, de nuevo, el balón supera la barrera con lo que Hart tampoco puede llegar al balón. Faltaban segundos para llegar al 90 y Escocia había obrado el milagro en dos minutos. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en el césped de Hampden. Un equipo herido de muerte había conseguido dar la vuelta a la tortilla, con más fe que buen juego y, por supuesto, gracias al sutil toque de Griffiths. Pero claro, estamos hablando de Escocia, con lo que no se puede dar nada por sentado hasta que el árbitro pite el final. Así, cuando se cumplía el tercero de los cuatro minutos de descuento, Gordon la volvió a liar. Un desesperado centro a la olla fue rematado por Kane al fondo de la red, ante la inoperancia del portero escocés que se quedó en una de esas medias salidas tan irritantes, con lo que ni blocó el centro, ni detuvo el remate del capitán inglés. Vamos, que no hizo nada.

Empate a dos final que no sabemos ni como tomarlo, teniendo en cuenta la locura de los últimos minutos. ¿Escocia lo hubiera firmado a cinco minutos del final? Probablemente, sí. ¿Que lo hubiera firmado en el minuto 92? Probablemente, no. Así que cada uno saque sus propias conclusiones, pero a nosotros nos queda la sensación de que con un portero más seguro, Caledonia podría haberse llevado 3 puntos vitales, que quedan 4 partidos para terminar la fase de grupos y se necesita sumar como el comer, si es que la Tartan Army quiere estar presente el año que viene en Rusia y, ya de paso, desdecir a sus queridos vecinos del sur.

Así queda la clasificación del grupo F tras la jornada 6:

1 Inglaterra 14 puntos

2 Eslovaquia 12

3 Eslovenia 11

4 Escocia 8

5 Lituania 5

6 Malta 0

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Mundial: la contracrónica

Euskal Herria no podía competir en el Business Mundial, ya lo lamentábamos en nuestro particular once mundialista (El 11 del Mundial), por lo que la representación nacional se limitaba a oreos jugando para Españistán y el país que implementó el uso de la guillotina. Una representación así no despertó nuestro interés y encontramos al mejor embajador vasco en las gradas, celebrando el golazo de Van Persie que cimentaría el principio del fin para La Cosa.

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El 1-5 dejó tocado al ex-equipo de Fernando Llorente, defenestrado en favor de un Diego Costa semicojo, y el segundo partido certificó todos sus males. El día de su eliminación la programación de Tele5 fue un fiel retrato de Españistán. Primero Sálvame, el colmo de la banalidad, después el burdo intento de legitimar (¿?) un sistema político medieval, es decir, la coronación de Felipe VI, Señor de Bizkaia gracias a la abstención del PNV, y como clímax un España-Chile narrado por hooligans con mal perder como Camacho, el mismo jeta que achacó su salida de Osasuna a la política. Pésimo circo con el fin de embrutecer mentes.

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Para nuestra tranquilidad Francia caería poco más tarde, pero ciñámonos a lo memorable. Saltó a la palestra Luis Suarez por morder a un italiano y el Barça lo fichó apelando al seny y valors que demostró en su disculpa. Zubi lo excusó así pero todos sabemos que buscaban mayor mordiente para la delantera. La selección argentina se solidarizó con las abuelas de la plaza de mayo. También se comenta que Argelia y Bosnia donaron sus primas a la franja de Gaza. Y hablando de fútbol, el día en que mejor jugó Argentina el trofeo acabaría por irse para Alemania. Más allá de la final, será el 1-7 que los germanos endosaron a la canarinha en semifinales lo que pase a los anales del Mundial. Con el pitido final vimos rezar a David Luiz. No pocos pensamos en un castigo divino dirigido a Scolari y al gobierno brasileño.

La burguesía local, con Rouseff como cabeza visible, pretendía vender el Mundial como una fiesta nacional, por lo que cualquier protesta adquiriría tintes antipatrióticos automáticamente. Ilógico, pero ya sabemos cómo se funde la estupidez con los mecanismos del poder. Desde arriba taparon sus vergüenzas conjugando fútbol y nacionalismo hasta el paroxismo. Cuando se consumó la debacle, la venda cayó y la identificación previamente alimentada estalló. Habían sido humillados a todos los niveles y el fútbol ya no podía tapar nada. Algunos provocaron que las calles ardieran y la desazón generalizada tardará en disiparse entre los brasileños.

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Más allá de las protestas y el segundo Maracanazo, la resaca también les deja muertos como los de Belo Horizonte, donde un puente en construcción que debía estar terminado se fue abajo atrapando un autobús. Infraestructura pensada para turistas y estadios sin utilidad a mayor gloria de constructoras son otra de las herencias que el libre mercado lega a los brasileños. Esquilmar arcas públicas parece un deporte internacional. Sólo falta maquillarlo con goles y una dosis de corrección política.

En las vallas publicitarias y entre sponsors oficiales asomaba la patita un mensaje de la FIFA en contra del racismo. Después, cuando enfocaban a las gradas era más fácil encontrar a Wally que a un brasileño negro. Está muy feo discriminar a alguien por el color de su piel pero FIFA y otras instituciones promueven hacerlo en función del dinero. El acceso censitario a los estadios estaba cantado, como acabó evidenciando la apabullante presencia de rostropálidos locales en las gradas.

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La hipocresía de la FIFA es insultante pero aún peor es su silencio cuando se le pregunta por los “daños colaterales” del Mundial. Lo intentaron, en vano, los productores de  “El precio del Mundial“, un documental que nos acerca las favelas, los meninos da rua y los escuadrones de la muerte que por arte de magia aparecieron en áreas donde antes no operaban y que, casualmente, iban a ser sedes del Mundial. Activa los subtítulos en el enlace y también sabrás qué pasa cuando el dinero público se gasta en hormigón y no en obra social.

Desgraciadamente, la FIFA no tiene visos de mejorar y seguirá potenciando el negocio usando el fútbol como excusa. Por eso los próximos macrosaraos en marcha en Rusia o Qatar son espeluznantes. Como las cifras del Mundial.

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