San Mamés-Repsol: Verosímil falsedad

Hará un año que este humilde blog bromeó anunciando que Fujitsu Arena patrocinaría San Mamés, habida cuenta del silencio reinante en las gradas. Un año después recogemos la broma y, en nuestro particular 28 de diciembre, hablamos de renombrar “nuestro” estadio San Mamés-Repsol, al estilo de otros equipos como el Madrid o el Espanyol.

La falsedad, el fake, tenía su punto pero muchos ni contrastaron la información ni leyeron hasta el final, donde aparecía Julio Iglesias explicando que aquello era una trola… de momento. Entre los que no supieron o quisieron leer hasta el final hubo de todo. Por ejemplo, el PNV de Indautxu, que tuiteó la noticia para luego borrarla. Inquietante tuit, por cierto. O existe la noticia en realidad o el jelkide no domina el castellano.

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Leer sólo los titulares es lo que tiene. No es de extrañar, pues, que los mentirosos y creadores de opinión neoliberal como El Correo y Deia colonicen nuestras mentes con propaganda barata. La era de la superficialidad y los 140 caracteres casa bien con rumores, bulos y prejuicios infundados. Así vivimos.

La noticia de marras tenía por objetivo sacudir conciencias y testar opiniones. Aquí, lo verdaderamente preocupante del asunto es la verosimilitud de una noticia falsa. Que algo así parezca real, y realizable por esta junta tan jatorra (ironía para quien no esté familiarizado con el blog), dice mucho de la deriva mercantil del Athletic, algo expresado en un texto que, entre elucubraciones y desvaríos varios, contenía verdades como puños: este club está teledirigido desde el Batzoki, Josu Jon hizo negocios en Ibaigane, Repsol y Petronor son primos hermanos y el nombre del estadio es uno de los pocos espacios que se ha mantenido libre de sponsors. De momento.

Ciertamente, estamos en las antípodas de aquellos que aplauden, incluso ansían y celebran, patrocinios de este calibre, pero hay que reconocerles su coherencia con lo que se ha convertido el club a día de hoy. Son los que pondrían publicidad hasta en el busto de Pichichi, pero no les restaremos legitimidad mientras no nos vendan milongas de que somos diferentes. O setas o Rolex.

¿Dónde está el límite? Valores y señas de identidad se diluyen cuando buena parte de la masa social tiene al dinero como criterio único y principal a la hora de juzgar lo concerniente al Athletic. Si pasado mañana cualquiera, sea un jeque saudí, un chino forrado, un narco kosovar o La Gula del Norte, decide pagar una cantidad malsana por, verbigracia, cambiar los colores de la camiseta por el rojo chillón, el fucsia fosforito o (¡atención, anatema!) el blanquiazul la peña daría palmas con las orejas… salvo si nos pasamos a la estética txuriurdin, así somos de provincianos. Los chistes de algunos a cuenta del Kraft en la camiseta de la Real nos vienen hoy de vuelta.

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Montaje que un lector qué si captó la broma nos hizo llegar vía twitter

Irreductibles quedan pocos. Probablemente haya muchos hinchas que vean mal cambiar el nombre de San Mamés pero acabarían tragando. La camiseta era tan simbólica como el nombre del estadio y hoy pocos se replantean la publicidad, no digamos taparla cuando adquieren una camiseta a precio de oro. El dinero, que todo lo puede O casi.

¿Tan mal debería sentarnos un cambio de nombre? Ojo, reiteramos que el blog está totalmente en contra de algo así, pero de suceder no sería de extrañar, he ahí lo grave. Como mucho, sería la gota que colma el vaso. O la penúltima. Porque, aún a costa de que nos acusen de mezclar churras con merinas, he aquí unos pocos datos:

Tenemos un club que cede espacios pagados con dinero público a palcos VIP para hacer negocio entre empresas (del mismo o similar talante que Repsol, por ejemplo), un estadio donde la selección española, la misma que nos niega la oficialidad y representa al Estado que nos niega el derecho de autodeterminación, va a jugar en 2020 con la justificación de que “va a traer muchos millones de euros a Bilbao y nos va a poner en el mapa”. Todo Dios lleva una camiseta que pone Petronor (propiedad de Repsol) por un puto par de millones, y se ha naturalizado hasta tal punto que cuesta ver camisetas sin publicidad. Cualquier patrocinador (Priva, putas y apuestas) le parece bien a la peña, que no levanta la voz; compramos jugadores por una millonada aunque no entren en la filosofía; damos contratos a dedo para que obreros mal pagados sean explotados en las obras, y nos suben las cuotas unos directivos que siguen ahí sin que hayan sido elegidos por los socios. Unos socios con menos poder en el club que cierto banco y cierto partido.

Y resulta que después de todo eso, cambiar el puñetero nombre al estadio por una millonada y que encima asumieran el coste de cubrirlo para evitar otro derroche de dinero público es una locura. Ajá.

Llegados hasta este punto, ¿qué nos diferencia como masa, como hinchada, del resto? Quizás que seamos más histéricos. Y que luego hemos de aguantar que las sucesivas juntas directivas, pero sobre todo la actual, usen los símbolos del club como arma arrojadiza. Sermones para ocultar que todo está en venta.

Hincha, reflexiona. Quo vadis, Athletic?

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A un paso de San Mamés Repsol Stadium-Zelaia

La carrera por rebautizar San Mamés ha comenzado con sigilo mediático pero a velocidad vertiginosa. Fuentes consultadas por este medio aseguran que es Repsol la empresa mejor situada para añadir su firma en el nombre del nuevo estadio. Desde Ibaigane, fieles a su escueta política comunicativa, prefieren guardar silencio mientras sondean a su vez el mercado empresarial en busca de otros hipotéticos patrocinadores.

Sin embargo, es prácticamente imposible que ninguna empresa supere la suculenta oferta de la petroquímica, que rondaría los 20 millones de euros anuales más variables en función de la trayectoria deportiva del conjunto rojiblanco. La duración del patrocinio, que entraría en vigor en enero de 2016, se estima en cinco campañas, por lo que se prolongaría hasta junio de 2021.

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La tentadora oferta de Repsol cogió a contrapié a la directiva en fechas previas a la asamblea, por lo que ha mantenido un perfil bajo durante la negociación a fin de ganar tiempo y sondear sensibilidades. Una de las puertas que la junta presidida por Urrutia ha llamado sería, siempre según las mismas fuentes, Sabin Etxea, donde dieron vía libre a la operación bajo dos condiciones. Por un lado, instaron al Athletic a informar en todo momento a Iberdrola de sus intenciones y, por otro lado, la nueva designación debe incluir el término “Zelaia” otorgándole así proyección internacional y carácter de país al estadio y a la ciudad.

La energética sita en Bilbao, empero, no ha realizado contraoferta alguna, lo cual ha acelerado el devenir de los acontecimientos. A estas alturas es un secreto a voces la mediación en las negociaciones del jeltzale Josu Jon Imaz, ex-presidente ejecutivo de Petronor y actual consejero delegado de Repsol. De concretarse la operación, sería la segunda vez que Repsol patrocinaría al Athletic, pues estuvo presente en la camiseta del primer equipo por medio de Petronor.

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Y es que San Mamés cotiza al alza. La futura sede de la Eurocopa 2020 ha recibido tanto el galardón que lo acredita como uno de los mejores estadios del mundo como la certificación LEED, el distintivo de edificación sostenible más importante a nivel internacional. Repsol ha entendido que este posicionamiento estratégico reforzará su imagen, uniéndose a todas esas empresas que han querido aprovechar la fuerza de Bilbao, Bizkaia y el Athletic en busca de sinergias que les posibiliten nuevos negocios y nichos de mercado. Algo similar a lo sucedido con el raudo alquiler de los palcos VIPs, si bien las butacas ubicadas en los anillos norte y sur han permanecido desiertas en los dos últimos e intrascendentes partidos.

Tampoco hay que olvidar que el nombre del estadio era uno de los pocos espacios que permanecía inmaculado, debido sobre todo a la gestión de una junta capaz de encontrar, máxime en tiempos de recesión económica, innumerables patrocinadores oficiales, desde pipas a pacharán, sin olvidar la doble publicidad de la elástica del conjunto bilbaíno.

Es por ello que la afición del Athletic, sentimental hasta el paroxismo, podría no ver con buenos ojos el cambio de nombre. Desde Ibaigane entienden que sus seguidores acabarían por entender que el profesionalismo exige modernizarse, del mismo modo que acabaron por asumir la publicidad en la otrora impoluta zamarra, sin que las ventas se resintieran por ello.

Asimismo, la inyección económica supondría poder asumir fichajes de mayor envergadura, caso de Azpilicueta, Monreal o Griezmann, e incluso abordar la construcción de la cubierta retractil que palie las actuales deficiencias de San Mamés.

Una fuente de absoluto rigor a la que ha tenido acceso este medio y que prefiere permanecer en el anonimato cierra filas sobre hipotéticas disensiones dentro de la masa social: “¿Medida impopular? Por el amor de Dios. La gente puede seguir llamándole La Catedral, Sanma o lo que quiera, pero 20 kilos son 20 kilos. ¿Acaso quieren que les subamos las cuotas?” se preguntaba antes de deslizar que la oferta de Repsol podría llegar a incluir la esponsorización del equipo femenino e incluso de las instalaciones de Lezama.

Un pragmatismo que chocará, a buen seguro, con el sentir de los más románticos, que llorarán la desaparición de una seña de identidad del club, quizás la penúltima. De hecho, al cierre de esta edición un grupo de aficionados habían empezado a recoger firmas en contra en las redes sociales.

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(Y aún más información en esta otra entrada del blog).